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Durante la Guerra de Corea, un falso médico extrajo una bala alojada a pocos milímetros del corazón de un soldado.
El paciente sobrevivió.
Nadie descubrió el engaño hasta que la madre del verdadero doctor abrió el periódico.
El supuesto cirujano se hacía llamar Joseph C. Cyr y prestaba servicio en el destructor canadiense HMCS Cayuga. En realidad, era Ferdinand Waldo Demara, un estadounidense de 29 años sin título de Medicina.
Demara había conocido al verdadero Joseph Cyr durante su paso por una comunidad religiosa. Consiguió copias de sus documentos profesionales y, en marzo de 1951, se presentó ante la Marina Real Canadiense utilizando su identidad.
Canadá combatía en Corea y necesitaba médicos con urgencia. El proceso de incorporación, que normalmente habría tardado meses, se completó en pocos días sin una comprobación adecuada de sus antecedentes.
Demara fue nombrado teniente cirujano.
Después de trabajar en un hospital naval de Halifax, fue enviado al HMCS Cayuga para acompañarlo durante una misión en aguas coreanas.
A bordo realizó curaciones, pequeñas intervenciones y hasta atendió el diente infectado del comandante del buque. Antes de cada procedimiento estudiaba los manuales disponibles y se apoyaba en el asistente sanitario del barco.
Entonces llegó la verdadera prueba.
Después de una operación militar frente a la costa coreana, varios combatientes surcoreanos heridos fueron trasladados al destructor. Tres se encontraban en estado grave y necesitaban intervención inmediata.
Uno tenía una bala alojada muy cerca del corazón. Otro presentaba una herida que había atravesado el pulmón. Un tercero necesitaba la amputación de un pie.
No había otro cirujano a bordo.
Demara consultó los libros de Medicina, preparó la enfermería y comenzó a operar. Utilizó anestesia, antibióticos y la ayuda del personal sanitario.
Los tres pacientes sobrevivieron.
Sus compañeros quedaron impresionados por la serenidad y aparente destreza del médico. Incluso consideraron recomendarlo para una condecoración.
Esa atención terminó destruyendo su mentira.
La historia de sus operaciones apareció en los periódicos canadienses. La madre del verdadero Joseph Cyr leyó uno de aquellos artículos y quedó desconcertada: su hijo ejercía en Nuevo Brunswick y nunca había viajado a Corea.
Cuando le mostró la noticia, Cyr reconoció inmediatamente lo ocurrido.
La Marina envió un mensaje confidencial al capitán del Cayuga advirtiendo que el médico podía ser un impostor. Al ser confrontado, Demara terminó admitiendo su verdadera identidad.
Fue apartado del servicio y trasladado de regreso a Norteamérica.
Aquel episodio lo convirtió en el personaje más célebre de una larga carrera de suplantaciones. A lo largo de su vida se presentó como religioso, psicólogo, profesor universitario, funcionario penitenciario y especialista en otras profesiones para las que nunca había obtenido las credenciales necesarias.
Su historia inspiró el libro y la película El gran impostor.
Demara poseía una memoria extraordinaria y una capacidad sorprendente para aprender con rapidez. Pero su éxito no cambia el enorme riesgo que asumió con vidas ajenas.
Lo desconcertante de su historia no es únicamente que un hombre sin título lograra realizar aquellas operaciones.
Es que tuvo que salvar a varios pacientes para que el mundo descubriera que nunca había sido médico.
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