Limitaciones y mentiras

Por Fernando A. De León

 Tal vez el problema de los dominicanos, en lo político, es que contrario a lo que postulaba el filósofo René Descartes, existimos y luego pensamos. Por ello somos una sociedad reactiva; infestada de improvisaciones y negligencias.

Pero lo peor de esto es, que estamos atiborrados de petulantes y engreídos, entronizados en un mundillo de derecha que no están conscientes de cuáles son sus limitaciones. No pocos actúan como si fuéramos de origen nórdico; pero combinan, a la carrera, este absurdo, con medidas un tanto dictatoriales.

Además conforman claques, que antes tenían un discurso y ahora enarbolan otro. Todo para justificar desgobiernos, ahora con la modalidad de un neo-derechismo consciente o inconscientemente, acorde con sus pares en el hemisferio.

Nuestros gobiernos y, específicamente los que anuncian supuestos cambios y bienestar social, recurren a la mentira. ¿En que deviene todo esto? Parece ignorarse que las plataformas noticiosas y denuncias han crecido, en un pueblo no bien educado. Por ello surgen obscenidades y difamaciones; y cabe decir que estas últimas son las menos. Esto no significa que estemos de acuerdo con difamar.

Con falsía, se hiperbolizan las tareas en la cosa pública. Ante la corrupción, quimeras, mentiras, desconocimientos y las consabidas incapacidades, en las redes y entramados mediáticos se desborda lo contestatario. Por fanatismo y clientelismo, hay ciertos sectores que no asimilan esa situación.

En la actual etapa picaresca hay intentos de mordazas de las que no están exentos los periodistas que más que simpatía político-partidarias entienden que su deber es cuestionar desacertadas acciones del oficialismo.

Pero, hay que ver qué perjudica más al pueblo; si las promesas incumplidas que engañan, o las difamaciones, y gobiernos que solo derraman desesperanzas sobre los desposeídos.

Los gobiernos ineptos, igual que las dictaduras, al margen de difamadores, tratan de acallar a los que denuncian los actos de corruptelas y las falencias de ejecuciones en lo socio político y económico.

*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

El Motín

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