QUORA
Parece que las cosas se le ponen color de hormiga al presidente de la administración de Washington. Desde la mala gestión del evento más esperado por el mundo del deporte, la crisis económica de su país, el cierre de miles de puestos de trabajo, la pérdida gradual de la libertad de expresión, el tema de la salud, la inseguridad, el claro fortalecimiento del supremacismo blanco, el racismo y fobia a los latinos su fuerza laboral. Hasta el pleito con sus aliados, su amistad y dependencia de Israel, su fracaso militar contra Irán; la pérdida de las bases militares de Oriente Medio, el inminente retiro de sus miles de tropas y para colmo la desicion de los Emiratos Árabes Unidos, de terminar la relación.
El nuevo Medio Oriente ya no está dirigido desde Washington, sino en Teherán. Arabia Saudita, el aliado histórico de EE.UU. en el Golfo, ha enviado a su viceministro de Exteriores al funeral de Jamenei, en un gesto que la Casa Blanca no supo leer. Los Emiratos Árabes Unidos han abandonado la coalición marítima liderada por EE.UU. Arabia Saudita, Catar y Kuwait ahora apoyan negociaciones directas con Irán. Riad planea una cumbre regional para reparar relaciones con Teherán, excluyendo a Washington.
La protección estadounidense ha sido evaluada y encontrada insuficiente. Cuando los misiles iraníes golpearon refinerías sauditas, EE.UU. no pudo detenerlos. La confianza en el “paraguas protector” se ha desmoronado. Los países del Golfo han entendido que el imperio ya no protege, solo arrastra a sus aliados a guerras sin salida.
El mundo unipolar ha muerto. Medio Oriente ha renacido, e Irán está en el centro del tablero. Teherán no solo ha sobrevivido a la guerra, sino que ha emergido como el líder indiscutible de la región. El sheriff ha sido despedido, y nadie en la región lo va a extrañar.
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