Venezuela: a despolitizar el dolor y eliminar las sanciones

Por Miguel Mejía

A partir del pasado 24 de junio ante la ocurrencia del doble terremoto que sacudió a Venezuela con magnitud de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter comenzó una falsa narrativa de la mediática internacional adversa al proceso de ese país, difundiendo una serie de fake news totalmente apartados de la realidad objetiva, con lo cual procuran capitalizar esta desgracia con una visión politiquera.

Lo hemos dicho y lo reiteramos, este terremoto ha creado un estado de distención que obliga al mundo a mirar a Venezuela con una visión humana y solidaria desde la diversidad política e ideológica local e internacional. El momento es de aunar esfuerzos para salvar a este hermano país. Así lo han entendido y asumido los más de treinta países y sus gobiernos que han dicho presente frente a este desastre causado por un fenómeno natural, sin precedentes, impactando la dinámica de vida de millones de seres humanos, ante lo cual las autoridades venezolanas se han entregado en cuerpo, alma y corazón a salvar vidas junto a los rescatistas y voluntarios de otras naciones, en una especie de unión nacional como la mayor fortaleza frente a este desastre.

Al momento de escribir este artículo, tuvimos la información de una serie de medidas económicas anunciadas por la presidenta (E) Delcy Rodríguez, que entrarán en vigor mediante un proceso que han denominado “Venezuela Renace”, con la activación de al menos 10 motores de la economía para la recuperación de Venezuela (infraestructura y vivienda). Informó la creación de un fondo, un fondo con dinero que está bloqueado en el Fondo Monetario Internacional y en otros entes financieros del mundo.

Lo que ocurre hoy, impactante e indescriptible a la vista de todos, representa un giro de más de 360 grados al inverso de lo que proyectaba el debate económico, antes del 24 de junio, de un país que avanzaba en su florecimiento. Ese debate giraba en torno a cuánto crecería el país este año y qué tan rápido se consolidaría la reapertura financiera. Lo descrito cambió por completo esa agenda.

El balance hasta este 6 de julio es 3,535 personas muertos y 16,740 heridas. Además, 6,462 personas han sido rescatadas, una cifra que no ha variado desde el pasado jueves, y 17,854 perdieron su vivienda

Los daños materiales físicos y colaterales (viviendas, infraestructuras viales, escuelas, hospitales, comerciales, instalaciones públicas, telecomunicaciones, servicios, entre otros) tendrán que ser evaluados sobre el terreno, en su momento, aunque algunas entidades especializadas en destrucción causada por sismos, como es la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres, han adelantado cifras estimadas, por ejemplo en viviendas e infraestructuras 37 mil millones de dólares, edificaciones 24 mil millones de dólares, el impacto económico total será mucho mayor, porque implica otras variables más allá de la mera estructura física.

El daño no se mide solo en cifras

Los cálculos compartidos por varias agencias y analistas especializados en escala de desastres naturales, pueden ser un referente. Pero, se quedan en cifras naturalmente, porque éstos no consideran el drama humano, imposible cuantificar. Un edificio colapsado es cuantificable. Miles de familias destrozadas, cientos de niños huérfanos, miles de personas en condiciones de discapacidad, que demandarán rehabilitación durante años, el altísimo riesgo de brote de enfermedades de tipo infeccioso; desplazados con impactos económicos invaluables en el corto, mediano y largo plazo, además del tiempo que requerirán para sobreponerse psicológicamente a tan terribles impactos emocionales como consecuencias de la pérdida de sus familiares; la desesperanza por el tiempo de su reinserción a la actividad productiva y en el caso de los niños y adolescentes, su reincorporación a la educación, los deportes y demás actividades inherentes a su naturaleza.

Es impensable cuantificar el daño humano al solo hecho de haber perdido todo en segundos. Socialmente se concibe que la vida humana no tiene precio, y, hablamos de vida humana, a la vez vimos cómo personas se preocupaban por sacar mascotas debajo de los escombros, lo que nos lleva a hablar solo de la vida. Perder sus familiares, amigos, compañeros de labores, vecinos, sus hogares, sus escuelas, sus centros de trabajo, sus hospitales, y lo que implicará su capacidad de volver a reinsertarse en las mismas y el tiempo que ello conllevará. El humanismo, la solidaridad, la ayuda internacional tiene un peso significativo para estas personas afectadas, para que ese hermano país pueda superar el drama humano y físico descrito.

Es importante destacar una situación que ha sido factor determinante de las limitaciones materiales, económicas, así como de la falta de liquidez financiera en que se encuentra sumido ese país, ahora en medio de la situación post terremoto; es el bloqueo y gradual aniquilamiento económico y financiero a que ha sido sometido por los Estados Unidos.

Desde el año 2015 Venezuela perdió en promedio 44 mil millones de dólares cada año hasta el 2025. En una década Venezuela perdió 440 mil millones de dólares, fenómeno que ha sido causa eficiente de las enormes limitaciones de acción rápida y efectiva para enfrentar con tiempo, eficiencia y capacidad que le caracteriza los impactos de cualquier tipo de desastres. Y eso es conscientemente ignorado por todos los adversarios de ese hermano país.

Los Estados Unidos han aplicado las sanciones donde más daño pueden causar, cerrando todas las fuentes de financiamiento de la economía venezolana, siguiendo un sistemático proceso cuyo primer paso fue dejar al país sin recursos externos, bloqueando de esa manera su deuda soberana con lo cual le impedían acudir a los mercados financieros internacionales y logrando el gran objetivo de aumentar significativamente el riesgo país, medido a través de lo que se conoce en la jerga de las economías como el EMBI, por su sigla en inglés (Emerging Markets Bond Index) que es el principal indicador de riesgo país de las economías emergentes, elaborado por el banco de inversión J.P. Morgan.

Mide la diferencia (spread) entre el rendimiento de los bonos soberanos emitidos por un país en desarrollo y los bonos del Tesoro de Estados Unidos (considerados libres de riesgo). Y en efecto, por esa situación, por muchos años Venezuela tenía el más alto nivel de riesgo económico de la región, con lo cual alejaba a futuros inversionistas a comprar deuda venezolana.

El segundo paso fue tumbar la producción petrolera para cerrar la principal fuente nacional de ingresos de divisas. Ahí la razón fundamental de que los ingresos en dólares a Venezuela cayeran de 56 mil millones de dólares en el 2013 a 743 millones de dolares en el 2020. Visto en perspectivas, en solo 7 años el país perdió 99 de cada 100 dólares que ingresaban al mismo. Sin lugar a dudas, el bloqueo le funcionó. Y ni hablar del lugar que ocupa Venezuela en el ranking mundial de países objetos de sanciones. En ese sentido, solo Rusia e Irán la superan.

Posteriormente, vimos cómo Venezuela fue resurgiendo en la productividad y crecimiento, de manera sorprendente para muchos, hasta los hechos consecuentes del 3 de enero y el presente. Hoy, la mejor ayuda que debemos dar a este pueblo es despolitizar el dolor y eliminar las sanciones.

Las ayudas y solidaridad con Venezuela deben continuar desde todos los rincones del mundo. Pero la principal ayuda radica en los actuales momentos en la eliminacion de las sanciones y el bloqueo económico por parte de Estados Unidos y sus aliados. Y algo más, todos los países que presentan deudas en sus pasivos financieros, incluida la República Dominicana, deben saldarla sin la mayor dilación.

El Motín

Agregar comentario