Donald Trump

Los abucheos a Donald Trump en Nueva York

NUEVA YORK.-Los neoyorquinos no han esperado para hacer sentir su molestia con la visita de Donald Trump en una de las noches deportivas más importantes de las últimas décadas en la ciudad. En un Madison Square Garden a rebosar, mientras sonaba el himno nacional antes del comienzo del primer partido de las Finales de la NBA en Nueva York en 27 años, los aficionados estallaron en abucheos cuando el presidente de Estados Unidos —el primero en funciones en asistir a un juego de final de la liga nacional de baloncesto— apareció en su palco, rodeado de cristales antibalas, y proyectado en la pantalla gigante. El republicano esbozó una sonrisa burlona de vuelta para dar inicio al encuentro entre los Knicks y los San Antonio Spurs en una serie que lideran los neoyorquinos 2-1 pese a caer ante los texanos este martes.

La primera final de la NBA en el Madison Square Garden desde 1999 se disputa apenas un día después de que seis personas resultaran heridas en un apuñalamiento ocurrido en la estación Penn, situada justo debajo del estadio. La visita de Trump provocó el cierre de la zona que rodea el estadio, en pleno centro de Manhattan, que acabó cerrado por una alta valla de seguridad similar a las que se utilizan en las convenciones políticas nacionales o en las cumbres. El despliegue masivo de seguridad, coordinado por el Servicio Secreto en conjunto con las autoridades estatales y locales, también incluyó equipos técnicos, drones y miles de agentes de las fuerzas del orden.

El lockdown comenzó cuatro horas antes de que empezara el partido con la clausura de cinco manzanas alrededor del estadio a casi todo tránsito peatonal y vehicular. Los aficionados que lograron hacerse con una entrada para el partido —la más económica superaba los 4.000 dólares el día del propio juego— ingresaron al perímetro restringido a través de cinco puntos de acceso, donde fueron sometidos a controles similares a los utilizados en los aeropuertos. Y para ello, debían llegar al estadio al menos dos horas antes del salto inicial. No podían portar ningún tipo de bolsa, alcohol ni selfie sticks, entre otros artículos prohibidos por motivos de seguridad.

El lunes supuso una especie de regreso a casa para Trump, neoyorquino de nacimiento. Una de las últimas veces que el presidente estuvo en el Madison Square Garden fue durante su polémico mitin en el estadio, semanas antes de ganar las elecciones presidenciales de 2024. En los años noventa, décadas antes de ser presidente, cuando todavía era solo un magnate inmobiliario, solía asistir a partidos de los Knicks. Este lunes, fue invitado por el propietario del equipo de la Gran Manzana. Pasó el partido en un palco rodeado de cristales antibalas construido expresamente para su visita.

Al partido también se presentó el alcalde de Nueva York, el socialista nacido en Uganda y de fe musulmana Zohran Mamdani. A diferencia de Trump, el regidor progresista compró una entrada de pie para el encuentro. Según contó a los periodistas el lunes por la mañana, pagó alrededor de mil dólares por su boleto.

Antes del partido, Mamdani —quien, sorprendentemente, mantiene una relación cordial con el presidente desde que asumió el cargo de alcalde en enero pasado— recordó que los neoyorquinos seguían pudiendo ejercer su derecho a protestar durante la visita del presidente Trump a pesar del cierre de las inmediaciones de Madison Square Garden. “El derecho a la protesta es inherente no solo al espíritu de nuestra ciudad, sino también a las leyes de nuestro país, y las medidas que se están tomando hoy respetan ese derecho”, dijo durante una rueda de prensa.

Fiestas multitudinarias para los Knicks

Debido a la visita de Trump, la mítica watch party celebrada a las afueras del Madison Square Garden fue cancelada. La fiesta multitudinaria reunió a miles de personas durante los primeros dos partidos de la final —que se disputaron en la ciudad texana de San Antonio— en una celebración masiva por las victorias del equipo neoyorquino, pero el ambiente pronto se desbordó. Solo el viernes pasado, más de una docena de personas fueron detenidas durante el evento.

En su lugar, se organizaron tres fiestas oficiales gratuitas para ver el partido en Bryant Park, en Midtown Manhattan; en la pista Wollman del Central Park; y en el Brooklyn Bowl, en Williamsburg (Brooklyn). La inscripción para el evento de Bryant Park, con capacidad para hasta 5.000 personas, se abrió al mediodía y cerró, a capacidad, pocas horas después.

Al iniciar el partido, la alegría en Manhattan era contagiosa: en el metro, en las tiendas, en las bodegas… Todo el mundo habla de los Knicks y vestían los colores del equipo: un mar azul y naranja. En Bryant Park, Haven Marcano, de 22 años, recién graduado de la universidad y fan de los Knicks desde que nació, dice que si ganan el anillo, será el día más feliz de su vida. Sobre la presencia de Trump, asegura que no entiende qué hace aquí: “Es un capullo. Ni siquiera le gusta el baloncesto. Por supuesto que lo abucheé cuando lo vi”.

El Motín

Agregar comentario