Grave error histórico

POR ALBERTO QUEZADA

Uno de los graves problemas que arrastra la sociedad dominicana desde hace bastante tiempo es la extraordinaria capacidad para olvidar situaciones y acontecimientos que hieren y laceran profundamente su tejido social.

He reflexionado hasta el cansancio mirando a ver como encuentro una respuesta racional a esta patología que ha causado y sigue causando daño a la vida institucional, psíquica y social del pueblo dominicano, pero que va, no la encuentro.

De verdad que no termino de entender como situaciones sensitivas, nocivas, hirientes, humillantes, abusivas y discriminatorias para un gran número ciudadanos, transcurran en este país como el que ve llover y se olviden con una rapidez asombrosa.

Pero algo más grave, queridos lectores, como es posible que una conducta tan recurrente pueda ser transmitida de generación en generación, gobierno a gobierno, partido a partido y todos esos colectivos permanecen indiferentes a una problemática tan letal y despreciable que nos reduce como nación.

No es posible, por ejemplo, que a estas alturas la indiferencia y la rutina se haya impuesto de manera increíble a la búsqueda de una solución a los vulgares abusos que han realizado las empresas distribuidoras de energía en contra de la mayoría de sus clientes.

Además, como se explica que esta sociedad haya olvidado y quizás perdonado actos de corrupción administrativa, asesinatos, robo de patrimonio público y despojo de parte de nuestro territorio durante más de 60 años y todo prosiga igual.

Pero también cómo es posible que los depredadores de esos bienes públicos, violadores de derechos y peones del veneno se les permita respirar el mismo aire que nosotros y transitar libremente por las calles de este hermoso país. No, esto no puede ser. 

Aquí, tarde o temprano, tendrá que levantarse un movimiento reivindicador de las entrañas mismas del pueblo capaz de reclamar dentro del ámbito de la legalidad y las leyes todo lo dañado y despojado miserablemente a este pedazo de isla caribeña.

Lo que hemos vivido es una amnesia absurda, irritante y peligrosa, que las autoridades actuales no deben seguir tomando con ligereza, ya que en la actual coyuntura cabalgamos a ritmo de una consigna de transparencia y rendición de cuentas que exige y reclama a cada momento que ya basta de tanto abuso.  

El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo. Quezada.alberto218@gmail.com

El Motín

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