Por Fernando A. De León
En República Dominicana, los hombres, no persiguen a las mujeres para asesinarlas por machismo y misoginia. Esa deplorable actitud, que sepamos, no se registra en ninguna parte de nuestro país. En cambio, si hay conyugicidio; es decir, cuando un cónyuge asesina al otro.
Estos, pueden ser por celos u otros factores que generen violencia. Entendemos que si está tipificado penalmente, lo que llaman feminicidio, en lo jurídico, no es correcto. En República Dominicana no hay una matanza de mujeres por odio o aversión.
Pero si hablamos de menosprecio o maltrato a la mujer, se colige que hasta en los fundamentos religiosos, tanto en Oriente como en Occidente; en nuestra cristiandad teísta, hay rechazo hacia la mujer. La Biblia, en sus escritos, está plagada de ofensas y discriminaciones contra las mujeres.
De ahí que, en menor grado en los países nórdicos, conjurar el abuso contra la mujer es un asunto complejo. Tendríamos que defenestrar la cultura de nuestros albores, desde el machismo per sé hasta nuestros preceptos religiosos.
Muy a pesar de la marginación de las féminas, en las últimas décadas, estas, en porcentaje, han rebasado al hombre en lo profesional. Pero sucede que, como dijo alguien, los hombres no han sabido “compartir el poder”. Pero, hay mujeres profesionales y educadas, que abusan de su cónyuge. En una jornada de saneamiento intrafamiliar también hay que educar a la mujer dominicana.
En la violencia de género, en muchos casos, ellas tienen aberraciones y apetitos similares a los de los hombres. Esto, al margen de la preparación académica. También las profesionales tienen las debilidades del común de sus pares. Claro, esto no justifica asesinarlas.
Con todo y eso, no han sabido administrar con prudencia, sus conocimientos. Conforman parte del problema de un todo. En ocasiones, al igual que el hombre, ellas también son dadas a infidelidades, violencia económica, sicológica, y todo tipo de humillaciones en perjuicio de su pareja o cónyuge.
En muchos casos, no obedece a lo afectivo o al enamoramiento, sino en busca de un presunto mejor futuro. Ya las hay que se han relacionado sentimentalmente con “resortes” de los gobiernos, en lal persecución de bonanzas, notoriedad, y otros pingües beneficios.
*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.
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