Lo que debimos ser

Por Fernando A. De León

 Irónicamente, el “infortunio” de algunos, y ya somos pocos, se debe a que nos resistirnos a ser lo que pretendieron hacer de nosotros; como manifestó el filósofo, Jean Paul Sartre. Empero, de ser así se establece que el criterio de Sartre, no es una verdad absoluta.

Y no lo es, porque finalmente no somos todos lo que la sociedad y el sistema han hecho de otros, o una considerable parte. Particularmente, debimos ser músicos, atletas, artesanos, o habernos enrumbado en los estudios de otra disciplina, no por el periodismo, aunque de cualquier manera somos opinantes y contestatarios ante ciertos desaciertos.

¿Debimos no tener resiliencia y, si se quiere, para muchos, no negarnos “tercamente” a ser coquetos con el sistema y su partidocracia?, sucumbiendo así con lo un tanto ineluctable de lo planteado por el también dramaturgo, literato y político francés.

Pero con todo esto, confesamos que practicamos un profesionalismo ingenuo o, de simple obrero miope sobre los intersticios de “artilugios y tejemanejes”. A la distancia, experimentamos el sopor de una metanoia, es decir, sentimos, pensamos y vivimos como si no hubiésemos comprendido en que mundillo estábamos. Admitimos que todavía hay cientos de periodistas que merecen respeto.

¿Somos tarados, anormales, o qué?  O, como se sabe, incursionamos en el periodismo por ser asequible para mitigar urgencias elementales, sin reparar en las incidencias de algunas falencias éticas. El que no apela al tráfico de influencias ni acude a resortes de amigos, allegados o familiares solo es uno más del montón. Sobre todo, en una sociedad donde no hay tributos para la sobriedad y prudencia.

Estamos convencidos de que al ser disidentes y no conciliar con el status quo del país, regularmente, como periodistas, somos un “fiasco”. Eso, aunque contemos con la consideración de algunos.

Tardíamente nos enteramos de que ante cualquier reclamo, somos soslayados y despreciados por grupúsculos siempre postrados al orden de cosas, por comisión y omisión. Y, por entidades que dicen representarnos.

Finalmente, también es preciso señalar nuestra inocentada luego de retirado del ejercicio como reportero-redactor; no estuvimos contestes con lo picaresco, el individualismo, y la no solidaridad, por inconsciencia, y otros factores, de nuestro sector.

*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

El Motín

Agregar comentario