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Wesley Snipes en la actualidad.

Wesley Snipes, la gran estrella de acción que no pudo ser

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El cine de acción vivió una época dorada en los años 90s con figuras icónicas para el género como Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Sylvester Stallone o Jean-Claude Van Damme (sus mejores años sin dudas). Cómo olvidar a esos tipos fuertes que jugaban a ser héroes duros de matar, pero con corazoncito. Fueron figuras que mantuvieron el ideal del héroe de acción machote de los 80s pero mostrando las primeras tendencias de darles una faceta más cómica, romántica o humana. Y así, como quien no quiere la cosa, entre ellos se coló otro nombre. Uno que tenía todas las papeletas para repetir los mismos pasos.

Hablamos de Wesley Snipes, un actor que tuvo el camino abierto para coronarse como otro de los reyes del género. Una promesa que duró poco tiempo hasta ser olvidada con el paso del tiempo. Sus problemas con la justicia y años en prisión lo llevaron a perder la silla que había conseguido en el selecto club de las estrellas. Y jamás pudo volver a sentarse en ella.

Pocos lo saben, pero Wesley es un apasionado del arte dramático. Un tipo creativo que se ve a sí mismo como artista ante todo y de los pocos actores que alcanzaron la cima de Hollywood con un título de la escuela de teatro de la Universidad de Nueva York. Su pasión nació desde pequeño, tomando clases de baile y artes marciales desde los 12 años, aprendiendo una disciplina de vida que le ayudó a ser estricto con sus estudios mientras crecía en el difícil barrio del Bronx pero, sobre todo, a “sobrevivir la desafortunada experiencia” que vivió en prisión y “a seguir adelante” tras ser liberado.

Wesley nació un 31 de julio de 1962 en Orlando, Florida, comenzando un camino hacia el estrellato lento pero seguro tras descubierto por un agente a los 23 años. Hizo su debut un año después junto a Goldie Hawn en Gatos salvajes, la misma película que serviría de trampolín a Woody Harrelson, forjando una amistad que los llevó a rodar juntos la comedia Los blancos no la saben meter (1992) -cuyo título tuvo polémica en España, evidentemente-.

Su rostro comenzó a ser reconocido rapidísimo, y no por la comedia con Goldie sino porque poco después interpretó al villano que se enfrentaba a Michael Jackson en el videoclip (o más bien cortometraje musical) de Bad que dirigió Martin Scorsese. Cómo olvidarlo… corría el año 1987, en pleno bombazo de los videoclips musicales cuando el Rey del Pop fue de los pilares de aquel fenómeno. Gracias a este vídeo llamó la atención de diferentes estudios y cineastas, como Spike Lee, continuando con todo tipo de géneros, interpretando a héroes románticos (Fiebre salvaje), acompañando a Denzel Washington en drama (Mo’ Better Blues), dando vida a mafiosos (El rey de Nueva York) y narcotraficantes (New Jack City). En resumen, su ascenso era imparable.

Ser experto en artes marciales lo hacían un candidato ideal para el cine de acción y a comienzos de los 90s fue compañero del gran Sean Connery en la dudosa adaptación de Sol naciente (1993) de Michael Crichton y fue el rival futurista de Stallone en Demolition Man (1994). Hasta dio vida a un drag queen en la comedia A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar junto a Patrick Swayze y, algo que pocos recuerdan, ganó el premio a mejor actor por Después de una noche en el Festival de Venecia en 1997.

Si bien pocos reconocieron su valía como artista, sobre todo la crítica, Wesley logró arrancar 1998 consagrado como estrella de blockbusteres. Después de una década probando géneros y acompañando a grandes figuras, él era la atracción principal de Blade, la adaptación del cazavampiros de Marvel. Todavía recuerdo el día que la vi en cines. Estaba en cartelera junto a Más allá de los sueños, el lacrimógeno drama de Robin Williams. Y como quería ver las dos, tiramos la moneda con mi mejor amigo para que el azar nos dijera cuál ver esa semana. Y ganó Blade (la de Robin la vimos la semana siguiente).

Recuerdo que a pocos minutos de comenzar el metraje, ya me quedaba a cuadros porque no tenía idea de que estaba a punto de ver una película de un superhéroe mitad vampiro, con una trama más oscura que las Batman vistas en aquellos años y altas dosis de sangre. Y no, no me lo esperaba a pesar de tratarse de vampiros. El daño que me hizo Anne Rice romantizándome a los chupasangres con Entrevista con el vampiro todavía lo estoy pagando. Blade fue un éxito comercial, el mayor en la carrera de Wesley Snipes, y logró concederle algo que ahora es habitual cuando un proyecto tiene éxito: una trilogía. Las dos continuaciones también salieron airosas en la taquilla, aunque no tanto del ataque de los especialistas, mientras que sin saberlo estaba creando cátedra sobre el futuro del género de superhéroes que décadas más tarde se atrevió con tonos más oscuros y adultos, como fue la trilogía de Batman de Christopher Nolan, Deadpool Joker. Fue una saga que estuvo adelantada a su tiempo y pocos le han reconocido la originalidad que englobó su intento.

A pesar del mal trago, Wesley logró transformar su experiencia en aprendizaje cambiando el recuerdo de su paso por prisión en algo positivo. «La gente que está dentro sabe que está en prisión. No hay ninguna ilusión” dijo al salir a ABC News. “Por eso modelan sus vidas basándose en el valor del tiempo que han aprendido, el valor de las consecuencias de tus acciones. La mayoría de las personas fuera no hace eso. Malgastan su tiempo. Creen que pueden moverse por la vida sin consecuencias«. Y a mí, al menos, me dejó pensando.

Desde entonces su presencia en pantalla ha sido mínima. Es más, actualmente su fortuna está estimada en $10 millones, una cifra estratosférica para nosotros, pero mínima para una exestrella de Hollywood (CelebrityNetWorth). Su regreso triunfal se quedó en aquella saga y sus siguientes proyectos fueron, de nuevo, películas directas al vídeo o proyectos que han pasado desapercibidos. Fue recién en 2019 que comenzó una andadura diferente. Hasta tuvo una aparición en la aclamada serie de FX, Lo que hacemos en las sombras. Sin embargo, tiene otro aliado que no deja de darle un hueco en sus proyectos y que podría darle el empujoncito que necesita: Eddie Murphy. El actor lo convocó en el año pasado para que lo acompañara en su aclamada comedia biográfica para Netflix, Yo soy Dolemite, y en la secuela de El príncipe de Zamunda que ha tardado más de 30 años en ponerse en marcha. El legendario Akeem volverá a hacer de las suyas en una secuela que, en teoría, verá la luz en diciembre de este año y con Wesley en un papel secundario.

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El Motín

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