Por Fernando A. De León
A partir de agosto, ya con nosotros, por virtud del nuevo Código Penal cuasi inquisidor, entraremos en un periodismo a “discreción” o mongo, donde el fuste en lo que se dice y escribe se ausentará; la denuncia, y tal vez los términos: supuestamente, presuntamente, y quizás hasta el según se dijo.
Y todo esto será sancionado por los que antes utilizaron a sus anchas la plena libertad de expresión, solo para proteger al nuevo funcionariado que va rumbo a los seis años en el poder. Sí, los mismos que hasta llegaron a convocar poderes extranjeros para impedir que se perpetuaran pasados gobiernos. Y por cierto, fuimos de los que participamos en la denominada Marcha verde. ¡Qué barbaridad!
Estas nuevas normas que, aun con leves modificaciones, tiene como norte el limitar la libertad de expresión; intentan frenar el despotricar difamatorio. Aunque no parece estar claro fama de qué tiene el tradicional funcionariado corrupto. Esto, contando con que el tener fama no necesariamente es tener éxito. El éxito. en este caso. solo lo da el poder.
El nuevo Código Penal no revisado desde 1884, no solo tratará de domeñar a los periodistas, también a los comunicadores de redes sociales y otras plataformas que se entiende desacreditan a diversas personas, y sobre todo a funcionarios. Aunque solo se les puede restar crédito al que lo tiene, el que nunca lo ha tenido, hace tiempo lo perdió.
Lo cierto es que hay la intención de dejar pasar posibles actos de corrupción y los escollos al margen institucional, provocados por la impericia de ciertos personeros del Estado. En fin, los que en su momento nunca fueron decentes y mataban posibles reputaciones pasadas, hoy, de golpe y porrazo, pretenden dizque adecentar lo político social.
Pero, donde existe el populismo, las clientelas políticas y los caprichos presidenciales que devienen en inequidad hasta para con profesionales honestos y coherentes, no hay decencia ni honestidad.
En esta coyuntura histórica pareciera que se nos viene encima atisbos dictatoriales o, por lo menos, rasgos de regímenes de fuerzas con ribetes fascistas en el que se fortalecerán los monopolios empresariales y oligarcas.
*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.