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Periodista Oscar López Reyes.

¿No publicar noticias del Palacio Nacional?

Por Oscar López Reyes  

Impuesta por la entropía administrativa, en el síndrome de la convencionalista captación sin miramiento ontológico, el alto ejecutivo de un diario nos confidenció que no publicaban informaciones de una reconocida empresa comercial porque no le colocaba publicidad. Luego, directores de digitales discutían no colgar declaraciones de los que no se anunciaban; les razonamos ese mal proceder, y esa intención se desmoronó.  Y, en estos días, la Asociación de Medios Digitales Incorporados (AMDI) participa que dejará de difundir noticias del Palacio Nacional, por falta de apoyo del Estado dominicano. ¡Grave!, ¡Funesto!, ¡Utópico…!

Esta crematística de la publicidad contra la función socio-comunitaria del ethos informativo, propio del intrusismo de un codificador desconocedor de la teoría de la Casa de Cristal, se entroniza antológicamente (¡pucha!) como la contraparte desmesurada de los que ven en cada pauta divulgativa paraestatal un intervencionismo discordante de los mass media, con más asombro en el infraespacio democrático post-industrial.

A partir de 1649, los avisos (libros, remedios medicinales, caballos y otros objetos robados o perdidos) han ocupado una holgura preponderante en los Newbooks de Inglaterra (hojas de noticias precursoras de la prensa escrita), y garantizados la supervivencia de los periódicos, término acuñado en 1670.  Desde ese siglo (XVII), que abarca las edades Media -476-1492- (pregoneros o publicidad oral), Moderna (1492-1789) y Contemporánea (1789-actualidad), las gacetas y otras publicaciones han lidiado a la cañona -utilizando hasta arenales chantajistas- por su inclusión en el pastel publicitario oficial y privado.

Planetariamente, detrás de las inserciones para la viabilidad y sostenibilidad, los instrumentos de masas de las primeras décadas del siglo XXI han cedido ante las pretensiones de los anunciantes, como tapar las informaciones relevantes de primera plana con pliegos de mensajes comerciales. Y han sido focos de súplicas y reclamos por privilegios y discriminaciones, disgustos y lamentos, discordias y roces, y restregones y censuras, en los periquetes de las tensiones más dispares.

En el discurrir de esas tres épocas históricas (media, moderna y contemporánea), exceptuando obviamente la prehistórica y la antigua), la dialéctica informativa de la publicidad (texto, estructura y difusión) ha parido lo que vamos a denominar el ensarte (ideológico, comercial y educativo) de la novena triangular:

1.- MEDIOS: impresos (periódicos y revistas), audiovisuales (radio y televisión) y digitales (redes sociales, blog, página web, etc.)

2.- RECURSOS: humanos, técnicos y financieros.

3.- ESTADO: suministro publicitario, otorgamiento de subsidios y facilidades tributarias.

4.- METODO: concepto teórico/filosófico, contenido simbólico y modus operandi.

5.- PEDESTALES: informativo, publicitario y propaganda.

6.- DESAFIOS: innovaciones tecnológicas, censura y autocensura, y sostenibilidad financiera.

7.- ACCIONAR: libertad, mercado y ética.

8.- PROFESIONES: periodismo, publicidad y mercadeo.

9.- INTERACCION: academia, empresa y gremio.

Para acogerse a los antes citados preceptos de la novena triangular, insólitamente la Asociación de Medios Digitales Incorporados (AMDI) arenga la vulneración del derecho a la información, por cuanto decide que sus miembros no divulguen los boletines provenientes de la Presidencia de la República, la principal fuente noticiosa del país. Esas tematizaciones las clasificamos en tres atrios:

1.- Decretos: nombramientos en la administración pública, promulgación de leyes, disposiciones para construir obras, reuniones del mandatario con miembros del gabinete y del cuerpo diplomático, reportes de prensa, declaratorias de emergencia y toque de queda, buenas y malas obras, etc.

2.- Movimientos del presidente de la República: agenda de trabajo en la sede mandataria, inauguraciones y otras actividades fuera de ese recinto.

3.- Visitas a la casa de gobierno y audiencias con personalidades y representativos de entidades de la sociedad: clero, empresarios, partidos políticos, grupos comunitarios y gremios; reconocimientos, eventos, etc.

Esos y otros datos del sujeto acción son de alto interés para el sujeto mediador acreditado, porque inciden formidablemente en la dinámica económica, política y social de la Nación. El enunciador que no se haga eco de ellos, fluctúa sin impulso en el objeto receptor y, consiguientemente, pierde participación de mercado.

El llamado a boicot a los escritos presidenciales, por un despecho, estropea y lesiona la Carta Magna y las normas deontológicas nacionales y supranacionales. Citemos dos legislaciones y cuatro de sus artículos:

Código de Etica del Periodista Dominicano: artículo 2: “Será deber del periodista reconocer y defender el derecho universal de las personas a informar y ser debidamente informado”. Apartado 16: “El periodista estará obligado a enfrentar las decisiones de los poderes del Estado que disminuyan o anulen el ejercicio de la libertad de expresión y el libre acceso a las fuentes y medios públicos de información”. Y el título 47: “Se considerarán actos violatorios a la ética profesional: “el ocultamiento de informaciones de interés colectivo” y “la censura y autocensura”.

Constitución de la República. Artículo 49: “Toda persona tiene derecho a la información. Este derecho comprende buscar, investigar, recibir y difundir información de todo tipo, de carácter público, por cualquier medio, canal o vía, conforme determinan la Constitución y la ley”.  Igualmente, “Todos los medios de información tienen libre acceso a las fuentes noticiosas oficiales y privadas de interés público, de conformidad con la ley”.

La Asociación de Medios Digitales se parece bastante a comentaristas de radio y televisión, que se ufanan en proclamar que saben muchas cosas de interés nacional, pero que no revelan ni siquiera el 10% de ellas. Si han confirmado los hechos o no tienen las pruebas, mejor es no hacer ninguna referencia, o dedicar tiempo a la investigarlo para cumplir con la sagrada misión de informar.

En vez de obstaculizar el flujo informativo, más útil es trabajar, en la colina de la ética antropológica y hermenéutica, por los siguientes puntos:

1.- Proponer e insistir en la realización de auditorías sobre la concesión y el manejo de decenas de miles de millones de pesos de publicidad en los últimos 20 años.

2.- Fomentar la competición estatal, proponiendo la modificación del párrafo del artículo 6 de la Ley 340-06 sobre Compras y Contrataciones, que exceptúa las licitaciones en la contratación de publicidad a través de medios de comunicación social, o sea, que facilita el grado a grado y, por lo tanto, el privilegio y la discriminación.

3.- Promover la elaboración y aprobación de la Ley de publicidad y comunicación estatal.

4.- Profesionalizar académicamente y especializar a los miembros del staff de redactores y técnicos, para la calidad mediática y no obstaculizar el ejercicio de un derecho fundamental e inalienable.

5.- Fortalecer la calidad de la línea informativa y opinativa de los medios, para ganar audiencia.

6.- Diseñar planes de marketing, con la reinvención de ofertas publicitarias, para subir los índices de visitantes/receptores.

7.- No abusar en el uso del lenguaje; saber diferenciar la noticia, la publicidad y la propaganda, y robustecer la crítica social con argumentaciones sólidas y decentes.

8.- Abstenerse de solicitar favores al gobierno, el pago de viajes y conflictos de intereses.

9.- Evitar la denunciología y las informaciones no verificadas ni confirmadas, para fortalecer la credibilidad.

10.- Desechar el sensacionalismo dramatizado, la data del miedo, las escenas desgarradoras y la arrogancia.

Como queda estampado, con su quimérico petitorio de anulación a los reportes del Palacio Nacional, la Asociación de Medios Digitales unísonamente menosprecia el capital informativo de la fuente más rica y activa del país y exhorta a la censura previa, empleada como pieza de presión y coacción, que transgreden la libertad y un principio de la democracia.

La búsqueda de la verdad y la democratización de la información se alistan, desde la antigua prensa artesanal hasta la neologística online, como la filosofía más pura del periodismo, y los gremios como los mecanismos para vigilar las conductas y actuaciones del mediador profesional entre el Estado y la sociedad: el periodista. La declaratoria más lamentable es que la censura velada provenga de un organismo asociativo con la misión de control ético, bajo el condicionamiento de la disensión publicitaria. Este desaguisado reafirma la imperiosa necesidad de eliminar el empirismo y dar preferencia al profesionalismo académico.

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El Motín

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