La semana pasada, el mariscal de campo Asim Munir fue recibido con calidez por el ministro de Asuntos Exteriores y principal negociador de Irán, Abás Araghchi, a su llegada a Teherán. Vestido con uniforme militar, el poderoso jefe del Ejército paquistaní proyectaba una imagen inusual como símbolo de paz. Sin embargo, ese era el papel que pretendía desempeñar durante su visita.
Munir se había apresurado a viajar a Teherán en lo que muchos consideraron un último intento por reactivar los esfuerzos de Pakistán para llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra entre Estados Unidos e Irán. Cuatro días antes de ese viaje, el vicepresidente estadounidense, JD Vance, había abandonado Islamabad tras más de 21 horas de conversaciones entre su país e Irán sin alcanzar un acuerdo.
Incluso cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, reaccionó con vehemencia al fracaso de esa primera ronda de negociaciones, imponiendo un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz que amenazaba con intensificar la guerra, elogiaba al mismo tiempo los “fantásticos” esfuerzos de Munir para continuar los contactos entre ambas partes. El pasado miércoles por la noche, el jefe del Ejército llegaba a Teherán con una nueva propuesta de Washington que establece un marco para una nueva ronda de conversaciones en Islamabad, cuya fecha aún no ha sido fijada.
Pakistán se ha erigido como un inesperado mediador diplomático entre Irán y Estados Unidos y Munir es ampliamente considerado una figura clave. El jefe del Ejército fue uno de los pocos que pudo comunicarse telefónicamente con los líderes estadounidenses e iraníes, transmitiendo mensajes como intermediario de confianza para ambas partes. Es ampliamente reconocido que las negociaciones se han coordinado desde Rawalpindi, sede del Ejército, en lugar que de Islamabad, sede del Parlamento.
“La fuerza impulsora”
“El mariscal de campo Munir es la fuerza impulsora. Sin él, esto no funcionaría”, afirma Maleeha Lodhi, exembajadora de Pakistán ante la ONU, Estados Unidos y Reino Unido. “El Ministerio de Relaciones Exteriores es solo un socio menor. Países como Irán y Estados Unidos confían plenamente en Asim Munir. Nuestros ministros del Gobierno son, en realidad, un complemento”.
Fueron las llamadas telefónicas de Munir las que impulsaron los frenéticos esfuerzos internacionales que culminaron en un acuerdo de alto el fuego de última hora el martes 7 de abril, tras la amenaza de Trump de que la civilización iraní “moriría” si no se alcanzaba un acuerdo. Se dice que Trump presionó directamente a Munir para que utilizara su influencia y conocimiento de los iraníes para facilitar la solución del conflicto. Y cuando las delegaciones de Estados Unidos e Irán se reunieron en Islamabad, Munir era el tercer interlocutor.
La semana pasada, Munir viajó a Irán como mensajero y negociador clave, mientras que el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, realizó una visita diplomática a los países árabes del golfo Pérsico para consolidar el apoyo regional a los esfuerzos de paz.
Los analistas han destacado que no es inusual que el jefe del Ejército paquistaní —un cargo no electo, pero de inmenso poder— moldee la política exterior del país y sea la figura principal en las relaciones internacionales, incluso cuando se supone que mandan los gobiernos civiles. Los presidentes estadounidenses han preferido durante mucho tiempo tratar con los líderes militares paquistaníes en lugar de con sus representantes elegidos democráticamente.
Sin embargo, según los expertos, Munir no siempre fue un claro estadista internacional. Tras su nombramiento en 2022, se centró principalmente en asuntos internos, incluyendo la represión de la oposición política del país y la orquestación de una concentración de poder sin precedentes dentro de Pakistán.
No obstante, durante el último año y medio, se ha consolidado como embajador global, cultivando sólidas relaciones en Washington, Riad y Teherán. A finales de 2025, había visitado la Casa Blanca dos veces, supervisado acuerdos entre Estados Unidos y Pakistán sobre criptomonedas y minerales y firmado un pacto de defensa con Arabia Saudí.
“Ha sido muy hábil para forjar relaciones con líderes y países mediante visitas y comunicación frecuentes”, señala Lodhi. “No es una persona pasiva. No es de los que esperan una llamada. Como hemos visto en su activismo diplomático, él mismo toma la iniciativa”.
Un factor crucial para la influencia actual de Munir como intermediario de confianza fue su papel en la reconstrucción de las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán desde el regreso de Trump al poder, a través de una combinación de logros estratégicos, halagos, acuerdos y presión.
Le brindó a Trump una victoria temprana al entregarle a varios terroristas de alto perfil que fueron extraditados a Estados Unidos. Luego, cuando Estados Unidos intervino en las crecientes hostilidades entre India y Pakistán en mayo de 2025, el segundo país agradeció efusivamente a Trump e incluso lo nominó para el Premio Nobel de la Paz. Munir logró la victoria en ese conflicto, lo que elevó aún más su posición a nivel nacional e internacional.
Dos meses después y tras haber gastado Pakistán más de 5 millones de dólares en hacer lobby en Washington, Munir fue invitado a la Casa Blanca para un almuerzo privado. Pareció cautivar al presidente estadounidense con una combinación de halagos y lucrativas oportunidades de inversión en Pakistán, desde petróleo y minerales hasta criptomonedas. Trump quedó tan impresionado con Munir que lo invitó formalmente de nuevo al Despacho Oval a los pocos meses. El presidente lo colmó de elogios, calificándolo de “hombre excepcional”, un “gran luchador” y su “mariscal de campo favorito”.
Una fuente de seguridad de Pakistán ha afirmado este lunes a Reuters que Munir ha estado hablando con Trump y le ha dicho que el bloqueo estadounidense de puertos iraníes es un obstáculo para la nueva ronda de negociaciones en Islamabad, que aún está en el aire.
Munir también tiene amplia experiencia en la comunicación con la Guardia Revolucionaria iraní. Si bien las relaciones entre Islamabad y Teherán se vieron afectadas tras los choques armados entre ambos de enero de 2024, gran parte de la buena voluntad se recuperó el año pasado, después de la condena inequívoca de Pakistán a Israel, primero por el genocidio en Gaza y luego por el ataque contra Irán en junio de 2025. La opinión pública en Pakistán sigue siendo abrumadoramente proiraní, incluso entre los musulmanes suníes.