Fidel y Raúl Castro

Gobierno de Cuba celebra el legado de Raúl Castro tras la imputación de EE. UU.

NUEVA YORK.-Un día después de que Raúl Castro, héroe revolucionario y expresidente del gobierno cubano, fuera imputado en Miami por asesinato, las autoridades y los medios de comunicación estatales cerraron filas y recurrieron a las redes sociales para proyectar la imagen de una nación unida en torno a un anciano estadista venerado.

Una avalancha de mensajes de periódicos estatales y funcionarios de alto rango del gobierno cubano mostraron fotografías de Castro cuando era un joven soldado, saludando a niñosriéndose con su hermano Fidel, ondeando la bandera cubana y reuniéndose al aire libre con adolescentes. Las publicaciones incluían mensajes efusivos sobre su honor e integridad.

“Yo lo siento como un padre”, dijo el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, en un video publicado en X.

Castro, que cumplirá 95 años dentro de dos semanas, fue imputado el miércoles con cuatro cargos de asesinato por el derribo en 1996 de dos aviones civiles que volaban en espacio aéreo internacional al norte de la isla. Los cargos presentados por Estados Unidos representan una importante prueba para el exguerrillero, quien fue ministro de Defensa durante casi 50 años.

Aunque ya no es jefe de Estado ni líder de las fuerzas armadas, Castro sigue siendo una figura clave en Cuba y ejerce un poder considerable.

Aunque es probable que el objetivo de la imputación fuera obligar al gobierno de Cuba a ceder ante la presión del gobierno de Trump, los cargos penales contra Castro también podrían servir como un grito de guerra que haga que las autoridades del país se atrincheren y resistan cualquier presión de Estados Unidos, según dijeron los expertos.

Las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba parecen haber dado pocos frutos hasta ahora, y personas que han conocido y estudiado a Castro dicen que es poco probable que la amenaza de arrastrarlo a Miami esposado haga capitular a sus camaradas.

Ni siquiera el secretario de Estado Marco Rubio se mostró optimista.

“La preferencia del presidente es siempre un acuerdo negociado”, dijo a los periodistas el jueves. “Esa sigue siendo nuestra preferencia con Cuba. Solo estoy siendo honesto con ustedes. La probabilidad de que eso ocurra, debido a lo que estamos tratando en este momento, no es alta”.

Castro nació en Birán, una pequeña comunidad de la provincia de Holguín, en el oriente de Cuba. Su padre, Ángel Castro, era un inmigrante gallego que llegó a Cuba como furriel de caballería del ejército colonial español, pagado por un hombre rico para ocupar su puesto en el frente. Fundó una gran finca rural y se dedicó a diversos negocios que lo hicieron rico.

Su segundo matrimonio fue con la madre de Castro, Lina, una criada varias décadas menor que él. La pareja tuvo siete hijos. Fidel Castro fue su tercer hijo y, cinco años más tarde, nació Raúl.

En una entrevista con su biógrafo, Fidel Castro describió a su hermano pequeño como un niño rebelde, al que introdujo en el marxismo. Raúl era miembro de grupos juveniles socialistas, y ambos hermanos se convirtieron en rebeldes que lideraron una revolución para derrocar al dictador cubano Fulgencio Batista, alineado con Estados Unidos.

Fidel Castro describió a su hermano como un hábil y serio “formador de hombres”. Lo nombró ministro de Defensa en 1959, cargo que mantuvo hasta que Fidel abandonó la presidencia por enfermedad en 2008.

El hermano menor de los Castro carecía del carisma de su hermano, pero era temido y respetado como un hombre que se ganó sus galones en el campo de batalla. Se le atribuía el mérito de haber convertido las fuerzas armadas en una fuerza preparada para la batalla que luchó en Angola y rechazó a los invasores estadounidenses durante la invasión de Bahía de Cochinos en 1961.

Los fiscales federales de Estados Unidos afirman que, en 1996, Castro ordenó a aviones de combate MiG que derribaran dos avionetas Cessna pertenecientes al grupo de activistas exiliados Hermanos al Rescate, lo que resultó en la muerte de cuatro hombres.

En 2006, el periódico El Nuevo Herald de Miami informó que Castro se había jactado en una reunión de haber ordenado el ataque.

La organización Hermanos al Rescate llevaba años enemistándose con el gobierno cubano sobrevolando Cuba y lanzando panfletos políticos y medallones religiosos. Luego de decenas de quejas a Washington, Raúl Castro se hartó.

“Yo decía que traten de tumbarlos arriba del territorio, pero ellos entraban en La Habana y se iban…”, dijo en una grabación de 11 minutos supuestamente grabada en una reunión del partido comunista. “Claro, con un cohetazo de esos, avión-avión, lo que viene para abajo es una bola de fuego y que va a caer arriba de la ciudad”.

La conversación fue grabada por una emisora de radio gubernamental cubana y filtrada a periodistas en Miami, dijo el Nuevo Herald.

En su momento, la fiscalía estadounidense de Miami investigó el papel de Castro en el episodio, pero solo había solicitado cargos penales contra los pilotos de los MiG, así como contra varios espías cubanos que se habían infiltrado en Hermanos al Rescate.

El episodio fue desastroso para las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, pero Raúl Castro siguió ejerciendo como ministro de Defensa y luego como presidente.

Dirigió el país durante 10 años, un periodo que parecía encaminado hacia una etapa de reestructuración económica. Castro se apresuró a criticar la ineficiencia de la burocracia estatal. Poco después de asumir el cargo, una vez describió lo absurdo de los muchos kilómetros que tenía que recorrer un galón de leche, atravesando el campo, para ser pasteurizado y llevado a los hogares cubanos.

Pero como mandatario, también fue criticado por no promulgar el tipo de reformas económicas que había sugerido que se avecinaban. Su prioridad, según los expertos, siempre fue salvaguardar el poder del régimen. Si una apertura económica representaba una amenaza, los funcionarios cubanos la reprimían.

El exsecretario de Estado John Kerry dijo que recordaba un momento durante la histórica visita del presidente Barack Obama a La Habana en 2016, cuando quedó claro hasta qué punto Castro no solo prefería permanecer entre bastidores, sino que estaba visiblemente incómodo con “el genio que temía estar dejando salir de la botella”.

“Se podía ver su incomodidad al abordar las preguntas de un medio de comunicación libre”, dijo en una respuesta por correo electrónico a The New York Times. “Era una expresión de ‘¿en qué me acabo de meter?’”.

Obama trató de convencer al gobierno para que abriera oportunidades de negocio.

“Le costaba confiar. Era más reacio a invertir en la idea de que una relación diferente con Estados Unidos podría beneficiar a Cuba”, dijo Kerry. “Creía que podían supervisar minuciosamente el ritmo del cambio económico y que tenía latitud para ir despacio a la hora de probar los límites de la relación bilateral, y no veía en el horizonte un gobierno estadounidense de línea más dura”.

“Necesitábamos más tiempo para fijar pruebas de concepto y se nos acabó el tiempo”.

El gobierno cubano frenó los cambios económicos prometidos durante los años de Obama, y luego Trump desmanteló lo que quedaba del acuerdo durante su primer mandato.

Tras la salida de Raúl Castro de la presidencia en 2018, la economía cubana empezó a desmoronarse. Su industria turística nunca se recuperó por completo de la pandemia de COVID-19, y las sanciones del gobierno de Trump privaron a la nación de dinero en efectivo y turistas.

Los subsidios petroleros venezolanos comenzaron a disminuir justo cuando la red petrolera comenzó a colapsar. Luego, este año, Trump, en su segundo mandato, cortó por completo los envíos de petróleo, lo que sumió a Cuba en una desesperada caída libre económica marcada por prolongados cortes de electricidad.

Las negociaciones entre el gobierno cubano y el gobierno de Trump para resolver la crisis están en marcha, pero la lista de exigencias de Washington es larga, y hasta ahora los cubanos se han negado a ceder.

Washington ha exigido la dimisión de Díaz-Canel, que se indemnice a los estadounidenses por los bienes confiscados por el gobierno cubano y que se cierren las estaciones de espionaje rusas y chinas.

El nieto y guardaespaldas de Castro, Raúl G. Rodríguez Castro, ha sido una figura clave en las conversaciones, aunque los expertos dicen que seguramente se le consultan cosas a su abuelo.

Un acto de celebración realizado en Miami para anunciar la imputación, lleno de cientos de jubilosos activistas del exilio y políticos republicanos, envió el mensaje equivocado, dijo Ricardo Zúñiga, exfuncionario del gobierno de Obama que ayudó a dirigir las conversaciones secretas que condujeron al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países.

“Si estuvieras sentado en La Habana y vieras lo que pasó en Miami, ¿por qué negociarías?”, dijo Zúñiga.

“Lo que te han dicho es: ‘Vamos por ti’”.

Los diplomáticos cubanos encargados de atender las consultas de los medios de comunicación no respondieron a una solicitud de comentarios.

El gobierno cubano emitió una declaración denunciando la imputación, en la que argumenta que Estados Unidos carece de jurisdicción y autoridad moral para presentar esos cargos.

“El pueblo de Cuba está con Raúl”, escribió Manuel Marrero Cruz, primer ministro cubano.

Arturo Lopez-Levy, exanalista político de la agencia de inteligencia cubana, quien ahora es investigador asociado en la Universidad de Denver, dijo que la imputación encajaba perfectamente en el argumento favorito del gobierno cubano.

“La acusación encaja bien en la narrativa de alguien que nunca dejó de luchar”, dijo refiriéndose a Castro. “Lo convertirán en un mártir. Cuantas más cosas como esta sucedan, más le darán forma a la narrativa revolucionaria de alguien que lucha y muere con las botas puestas”.

 

El Motín

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