Es una pena. Una pena grande

POR ALBERTO QUEZADA
En República Dominicana tenemos dos poderes fácticos que históricamente marcaron el rumbo del país: el empresariado y las iglesias.
Hoy, frente al deterioro del debate público, decidieron hacerse los chivos locos.
Mire usted. El debate nacional ya no lo dan los centros de pensamiento, ni las universidades, ni los líderes sociales.
Lo dan figuras sin trayectoria, sin formación académica, y en varios casos con un pasado que antes avergonzaba.
Hoy tienen micrófono, seguidores y dictan qué es “éxito”.
¿Y dónde están los que deben orientar?.
El empresariado, reunido en el CONEP y la AIRD, solo habla cuando tocan el bolsillo. Reforma fiscal, energía, cesantía. Para eso sí hay comunicado, estudio y reunión en Palacio. Pero cuando el país se llena de apología al dinero fácil, de vulgaridad como forma de “decir la verdad” y de modelos que premian el atajo, se hacen los locos. Miran para otro lado.
Es entendible el cálculo comercial: ese público consume, compra y da pauta. Pero un país no se sostiene solo vendiendo. También se sostiene con valores. Y en eso están ausentes.
Las iglesias no están mejor. Las que antes paralizaban el país por un tema moral, hoy miden cada palabra.
La Católica se refugió en documentos. Un sector Evangélico se subió a la ola del espectáculo: tarima para el “testimonio” de turno, foto, abrazo y bendición express. Le tienen miedo a perder jóvenes, a perder likes. Entonces prefieren no confrontar. Prefieren aplaudir antes que corregir.
Y el vacío lo llenan otros. Programas de radio, TV y redes le dan voz a quien más ruido hace. Sin mérito, sin aporte social, sin nada que enseñar.
Es una pena porque estos dos sectores tienen influencia, recursos y púlpito.
 Podrían marcar límites. Podrían educar. Podrían decir: “eso no”. Pero eligieron el silencio cómodo.
Señores del CONEP: una economía estable no sirve si la próxima generación cree que el mérito es aparentar.
Señores de las iglesias: templos llenos no sirven si afuera se perdió la brújula.
Hacerse los chivos locos hoy, es pagar las consecuencias mañana. Y esa factura nos toca a todos.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com

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