
Por: Jose Fernández y Jaime Bruno
En la historia de los pueblos hay momentos de quiebre, puntos donde la fatiga de la ciudadanía se encuentra con la oportunidad de redención. República Dominicana atraviesa uno de esos umbrales. Tras dos periodos presidenciales del PRM y del presidente Luis Abinader, los dominicanos no solo sienten el desgaste de la gestión actual, sino que comienzan a mirar hacia atrás no con nostalgia, sino con expectativa. Esa mirada se posa, inevitablemente, sobre la figura de Leonel Fernández y su proyecto político: la Fuerza del Pueblo.
Como en la parábola de la brújula extraviada, donde una caravana cruza el desierto confiada en la dirección de una brújula defectuosa, los viajeros, aunque tarde, entienden que el rumbo debe corregirse. Ya no basta avanzar, hay que orientarse. Esa brújula que devuelve el norte en medio del extravío tiene nombre: liderazgo con experiencia. Y eso, hoy por hoy, lo encarna Leonel Fernández.
El desgaste disfrazado de eficiencia
En apariencia, el gobierno del PRM ha navegado aguas tranquilas. Pero basta rasgar la superficie para ver las grietas. La inflación sostenida ha hecho de la canasta básica un privilegio; el transporte público es un caos sin dirección ni modernización; los hospitales están saturados y desprovistos de insumos; la educación pública, lejos de transformarse, se hunde en el formalismo improductivo. Y mientras tanto, el fenómeno migratorio, principalmente desde Haití, ha sido manejado con torpeza, generando angustia ciudadana y desconfianza en las políticas de seguridad.
El segundo mandato de Abinader se ha caracterizado más por la imagen que por la acción, más por el espectáculo comunicacional que por la transformación estructural. Como dijera una vez el historiador británico Tony Judt: “los gobiernos mediocres usan la propaganda para disfrazar su incapacidad de gobernar”. Esa frase resuena con fuerza en la cotidianidad dominicana.
La Fuerza del Pueblo: un partido con raíces y visión
Frente a este panorama, la Fuerza del Pueblo se perfila como la única oposición viable, con estructura orgánica, presencia territorial y un liderazgo sólido. Nacida de la ruptura ética con un PLD corrupto y divorciado del ideario de Juan Bosch, la FP ha sabido consolidarse como alternativa real. Su crecimiento no es solo cuantitativo, sino cualitativo: suma jóvenes, profesionales, militantes históricos y ciudadanos desencantados que ven en ella una esperanza, no un simple instrumento electoral.
Y al frente está Leonel: tres veces presidente, respetado internacionalmente, conocedor del Estado, defensor de la institucionalidad. Pero hoy no es el mismo de antes. Es un líder que ha evolucionado, que ha incorporado la crítica, que ha aprendido del error, y que ha logrado articular un discurso que une la experiencia con la innovación. Su liderazgo no es mesiánico, sino pragmático; no es paternalista, sino articulador.
El retorno del orden en medio del caos
La República necesita restaurar el orden, el respeto, la disciplina social. Esos valores, ausentes en la gestión actual, no se recuperan con discursos moralistas ni con medidas punitivas, sino con ejemplo, con políticas públicas coherentes y con liderazgo ético. La Fuerza del Pueblo, al rescatar el legado de Bosch, propone un nuevo pacto social sustentado en la educación, la equidad, el civismo y la institucionalidad.
Leonel no solo recuerda cómo gobernar, sino que proyecta cómo hacerlo mejor. Su programa no se ancla en promesas vacías, sino en líneas de acción viables: industrialización nacional, impulso a la economía naranja, fortalecimiento del sistema de salud, políticas de primera infancia, educación digital, y una política exterior respetada en la región.

Una oportunidad histórica: evolución, no repetición
La República Dominicana no necesita repetir su historia, pero sí aprender de ella. Leonel representa eso: una evolución política, no una simple repetición del pasado. Su liderazgo actual no está marcado por el poder, sino por la responsabilidad. No busca regresar para reinar, sino para redimir. En 2028, no se trata de volver al ayer, sino de refundar el mañana con experiencia, sensatez y coraje.
El pueblo comienza a despertar. Y en ese despertar, resuena un rugido que no es estruendo vacío, sino promesa firme de transformación. Un rugido que se levanta por encima del cansancio, del precio del arroz, del desorden urbano, del silencio institucional. Ese rugido, ese llamado a la sensatez, tiene nombre y apellido: Leonel Fernández, líder de la Fuerza del Pueblo.
Y esta vez, el rugido no es de advertencia.
Es de regreso.