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¿Cumbre de cuál América?

Por Nelson Encarnación

El Gobierno de los Estados Unidos enfrenta un posible boicot a la próxima Cumbre de las Américas convocada para el mes de julio en la ciudad de Los Ángeles, California, debido al carácter sectario que la Administración Biden pretende imprimir al evento hemisférico.

El caso es que la intención de Washington de excluir de la convocatoria a Cuba, Nicaragua y Venezuela ha desatado la reacción de México, cuyo presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha advertido que no asistirá, e igual Bolivia y Argentina que han protestado por esa segregación antidemocrática, y que marca una tremenda incoherencia, pues su discriminación se basa en una supuesta defensa de la democracia.

Ahora, la reacción que marcaría el punto de quiebre la ha tenido la Comunidad de Estados del Caribe, al adelantar que sus gobernantes no acudirían a la dichosa Cumbre si Washington persiste en su determinación de no invitar las tres naciones que resultarían afectadas.

Los integrantes de Caricom—Antigua y Barbuda, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago—le han hecho saber al presidente Biden que su postura radical generará otra más radical aún de esa comunidad de naciones insulares.

Pero algo más: tampoco asistirán si Estados Unidos pretendiese invitar al encuentro a Juan Guaidó, un payaso y delincuente a quien la Casa Blanca reconoce como «presidente encargado» de Venezuela, a sabiendas de que este sujeto no preside ni su propia casa.

Los caribeños han fijado su firme posición ante el Gobierno de Biden en el sentido de que la Cumbre de las Américas es un cónclave hemisférico y no una propiedad de Estados Unidos, cuyo papel—como ha correspondido a otros países—es de simple organizador, en este caso de la IX versión, por lo cual carece de facultad de decidir quién participa y quién no.

La inasistencia de los miembros del Caricom representaría una derrota para la postura estadounidense, aunque la Administración pudiese desdeñarla señalando que son pequeños territorios que carecen de significación frente a la gran potencia del Norte.

Sin embargo, son países con el mismo derecho y el mismo peso de su voto, tanto en la Organización de las Naciones Unidas como en la declinante entelequia llamada Organización de los Estados Americanos (OEA).

La posible ausencia de México, Bolivia y los miembros del Caricom, más las exclusiones que pretende Washington, reduciría la Cumbre a la mitad de la comunidad hemisférica, un eventual desastre para la política exterior estadounidense, derivado de su proverbial arrogancia.

El continente somos todos y nadie tiene derecho a discriminar bajo el manido pretexto de defender la democracia.

Una “defensa de la democracia” que se expresa de manera muy selectiva, acomodaticia y conveniente, pues cuando las conspiraciones antidemocráticas se producen en detrimento de Gobiernos que Estados Unidos considera “desafectos”, su reacción es de silencio, cuando no de apoyo.

Tenemos dos muestras claras y recientes: el golpe de Estado contra el presidente Manuel Zelaya, en Honduras, en junio de 2009, y la sangrienta asonada contra el presidente Evo Morales, en Bolivia, hace apenas dos años.

Ambos no eran de su agrado y, por consiguiente, su derrocamiento no era un atentado contra la democracia, sino más bien una acción dirigida al rescate de ésta que había sido menguada por esos dos “dictadores”.

Puro descaro…

Nelsonencar10@gmail.com

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