Credenciales

Por Fernando A. De León

 Entre nuestros adalides;  políticos, mártires varios, y periodistas que han sido sacrificados por nuestra imperfecta democracia, hubo y hay sentidos profesionales que no completaron sus estudios universitarios; pero su verticalidad y arrojo, supera cualquier investidura académica.

En otras palabras, para defender y luchar por los nuestros, no es necesario tener un título universitario. Y nos consta que, el tener esa  licencia académica en nuestro país y otras latitudes del hemisferio, no garantiza observar decencia, guardar normas éticas y, en muchos casos, ser exactamente un experimentado profesional.

Abordamos este tema que, desde hace un tiempo quisimos exponer, porque hay sectores que se empeñan en cuestionar a los periodistas que no poseemos títulos universitarios. En otras palabras, un ariete pretendiendo significar que no tenemos capacidad para oponernos a cuasi dictatoriales restricciones emprendidas por legisladores y el gobierno de turno. O sea, que ni discernimos ni somos pensantes.

Es una ruindad, mezquindad, ridículo, y falto de argumentos esa descalificación. Esto, toda vez que se trata de una tarea liberal; en nuestro caso, con décadas como reporteros y conciencia laboral. Por circunstancias adversas, como otros tantos, nos vimos obligados a abandonar las aulas universitarias y matricularnos como idepeyanos. No seguimos preparándonos, porque marchamos hacia Estados Unidos.

Por cierto, en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP), en tres años, nos graduamos muy aventajadamente en Relaciones Públicas y  periodismo con un pensum similar al de la UASD. Tuvimos el privilegio de recibir docencia de profesores que, a su vez, también eran periodistas. Trabajamos en medios radiales, escritos y televisados, a partir de los finales del 1979.

Queda establecido que, con nuestro singular estilo, tenemos derecho a disentir de medidas asumidas por el funcionariado y los gobiernos. Además, como periodistas y ciudadanos dominicanos, nos asiste el derecho de cuestionar las tendencias que tratan de limitar nuestro ejercicio profesional. Ahora, elaboramos artículos cortos, llanos, sin ambages; pero sin despotricar.

Contamos con todo eso y nuestra formación como libres pensadores. Esto, margen de lo docente. Fuimos pulidos por correctores empíricos que nunca estudiaron periodismo, pero nuestros conocimientos se los pasaban por donde no les daba el sol.

Con esa baza, en nuestra categoría, nos consideramos periodistas competentes. Aunque hemos obrado limpiamente; sin “padrinos”, también establecemos que no somos clientelas de gobierno alguno y, consecuentemente, tenemos derecho al disenso.

   *El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

El Motín

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