Por Fernando A. De León

 Desde muy joven, siempre detesté los torrenciales aguaceros. No me permitían abrir trochas ante mis precariedades. Siempre los he entendido como un fenómeno de la naturaleza, enemigo de los necesitados.

Sin embargo, hace poco, sin ser, como saben los que me conocen, devoto y creyente de supercherías; hube de bendecir un molestoso aguacero que lejos de ser inconveniente dejó que Marileidy Paulino, en 400 metros y con el agua lluvia asediándola, rompiera su propio récord y obtuviera, una vez más, otra medalla de oro.

Me sentí feliz y regocijado de que sus esbeltas piernas, evidentemente de estirpe africana, pero muy veloces alcanzaran esa presea dorada. En el campo deportivo, Félix Sánchez. La lluvia, aunque arreciara, no logró vencer las saetas de Marileidy, y mucho menos interfirió en el corrido firme de sus zapatillas deportivas.

En ese escenario, no solo venció la velocista. No, triunfó nuestra raza, su negritud fue exaltada, y si algo tiene de africano, no importa su origen, vi a una multitud enardecida ante el triunfo de la gacela de ébano de Gregorio, Nizao.

Se confirmó que el deporte, en este caso el atletismo, hasta desprejuicia, consciente o inconscientemente a unos cuantos, aunque luego esto pase a ser solo un momento de gloria de la raza negra. Pero al margen de eso, como dice una vieja canción, lo negro es bello, pero no solo eso; es glorioso y concita orgullo en nuestra nación dominicana.

El público dominicano que asistió al precitado estadio en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, tal vez sin algunos proponérselo, porque el atletismo hasta suele defenestrar pruritos y otras discriminaciones, gozó, como quería Marileidy.

Y lo hizo reafirmando que somos un pueblo que tiene un 49% de gente negra de raza africana, que también suele destacarse. El encono de no pocos contra los negros, se fue ¡al carajo!, lo negro triunfó y se alzó con el oro.

Y yo, por mi parte, es la primera vez que no estimé que la lluvia a raudales, entorpece a los desposeídos, pero, esta vez tampoco obstaculizó a una joven velocista llamada Marileidy Paulino de cuya ascendencia familiar conocí a algunos en Villa Francisca.

  *El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.