Narcisismo y Obstrucción: El Silencio como Herramienta Política

Por Jaime Bruno

En el terreno de la política, el liderazgo no se mide solamente por la elocuencia de los discursos o la fuerza de las promesas, sino también por la capacidad de escuchar, dialogar y asumir responsabilidades frente a los demás. Sin embargo, existe una práctica recurrente, sutil y corrosiva que mina los procesos democráticos: el narcisismo de obstrucción, o lo que en términos psicológicos se conoce como stonewalling.

Este fenómeno se presenta cuando un líder, incapaz de tolerar la crítica o el disenso, recurre a la estrategia del silencio selectivo, la evasión o el bloqueo de la comunicación. No se trata de un simple retiro momentáneo para calmar tensiones, sino de un arma política: una forma de imponer control, castigar a quienes le cuestionan y evitar rendir cuentas. En lugar de dar respuestas o construir consensos, el líder erige un muro invisible de indiferencia.

En la historia política de la República Dominicana, el doctor Joaquín Balaguer ofrece un ejemplo paradigmático de este estilo. Durante sus extensos mandatos, su manera de esquivar preguntas incómodas o de dejar temas cruciales en la penumbra no fue un descuido, sino una estrategia de poder. Balaguer utilizaba silencios prolongados, respuestas enigmáticas y maniobras evasivas para mantener a adversarios y ciudadanos en un estado de incertidumbre.

Ese recurso, que le permitió sostenerse en medio de presiones sociales y acusaciones de represión, ilustra cómo el narcisismo de obstrucción puede ser tan eficaz como el discurso más ardiente. Lo irónico es que mientras la democracia necesita transparencia, Balaguer construía su fortaleza política en la penumbra del silencio.

La paradoja reside en que quien se proclama líder del pueblo, al practicar la obstrucción, termina desconectándose del mismo pueblo que dice representar. El muro que levanta para proteger su imagen lo aísla de la realidad que debería atender. Cuanto más bloquea el diálogo, más profundo se hace el vacío de confianza; cuanto más se niega a responder, más evidente se vuelve su inseguridad.

Un líder que recurre sistemáticamente al stonewalling no es fuerte, sino frágil. Necesita el silencio como disfraz de su incapacidad para sostener un debate abierto. La paradoja, en términos políticos, es devastadora: mientras busca proyectar autoridad, en realidad siembra la semilla de la desconfianza que, tarde o temprano, erosiona su legitimidad.

El liderazgo auténtico requiere valentía para hablar y humildad para escuchar. El narcisista de obstrucción, en cambio, confunde autoridad con omisión, creyendo que el silencio es sinónimo de poder. Pero la historia enseña que los muros del silencio, aunque resistan por un tiempo, siempre terminan derrumbándose ante la fuerza de la verdad y la exigencia de transparencia.

El Motín