Izquierdistas

Por Fernando A. De León

 Un amigo residente en Nueva York, vía telefónica, me dijo que ahora yo soy más izquierdista que antes. Tal vez lo dice porque en aquella época  era más distraído; al margen de mí ideología, estuve involucrado en música y otras actividades recreativas.

Quien tiende a ser de izquierda, es el que combate en todo momento a los derechistas y, en consecuencia, a la clase dominante. No necesariamente tiene que estar organizado en movimientos o agrupación política alguna. Más que afiliarse a un partido, el izquierdismo es una conducta.

Este tema debe ser tratado con llaneza. No quiero caer en puras teorías marxistas-leninistas que confunden. Entiendo que todavía existe la ley de los contrarios. Es decir, si no creo en la partidocracia tradicional ni en el sistema, aunque me desenvuelva en el capitalismo, entonces estoy a la izquierda.

Pero, al margen de todo esto, hay un estilo de vida y comportamiento que nos dice quién no lo es. Si vivo bien; soluciono mis carencias  elementales pero me ufano de mis bonanzas, mi afán de aparentar me delata como un consumista aferrado al modelo capitalista.

Resulta que, en décadas pasadas, ser de izquierda era ser vertical y consecuente con lo que se predicaba, pero ahora observamos de qué forma, solo se obtienen beneficios de las “nostalgias” y pasadas epopeyas revolucionarias.

Sin que trate de tributar a la cultura de la miseria, creo que no se puede confiar en un supuesto izquierdista que raye en lo ambicioso. Si no atravieso por elementales precariedades; tengo un vehículo todo terreno de alta gama, y sin necesidad lo cambio todos los años; entonces no aparento lo que digo ser.

Podría ser un teórico y proclamar que soy de izquierda; pero disimularlo muy bien. En esta época, estamos atiborrados de gentes con una cómoda posición light capaces de, apoyando a los gobiernos de turno, vivir de mamandurria y machacar constantemente que todavía son fieles a los postulados del marxismo-leninismo.

En todo esto, no queremos insinuar que deben ser desharrapados, de ningún modo. Se entiende que todo el mundo tiene derecho a vivir holgadamente, pero eso es una cosa, otra es, la exageración. Un auténtico individuo de izquierda no llega esos extremos.

  *El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

El Motín

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