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Fiesta Nacional el 30 de mayo

Por Sebastián del Pilar Sánchez

El 4 diciembre de 1961, el sobresaliente abogado Eduardo Sánchez Cabral envió una carta pública al presidente del Consejo de Estado, Joaquín Balaguer, solicitándole declarar el 30 de mayo de cada año como “día de fiesta Nacional” por ser aniversario del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo. Esta misiva fue publicada íntegramente en una página del diario El Caribe, en la que su autor  resaltaba que ese acontecimiento tenía “tanta trascendencia política e histórica como la Independencia y la Restauración de la República” por haberle librado “del más largo y ominoso yugo que registra nuestra historia”.

Decía que dar muerte al tirano era la más bella de las acciones que se podía realizar; y apoyó su criterio en una cita de Tomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América y principal autor de su declaración de Independencia, en 1776, que afirmaba que “el árbol de la libertad se riega con la sangre de los tiranos”. El jurista criollo le agregó que «hasta los hijos deben sacrificar la piedad filial a la conveniencia de la patria», luego de entender que dar muerte a un dictador se justifica en el derecho moderno como un estado de necesidad pública eximente de toda responsabilidad social.

Sánchez Cabral explicó que “el tiranicidio no sólo fue siempre justificado en todos los pueblos y en todas las edades”, sino que, igualmente, desde la antigüedad se le consideró como el más grande de los deberes por ser un acto heroico y glorioso que hacía merecedores de honores divinos a las personas que lo ejecutaban. Para él, los hombres que realizaron la hazaña del 30 de mayo, “alcanzaron la categoría de próceres y deben ser glorificados”. En alusión a la realidad del martirio padecido en la hacienda María por Luis Salvador Estrella Sahdalá, Modesto Eugenio Díaz Quezada, Luis Manuel Cáceres Michel (Tunti), Pedro Livio Cedeño Herrera, Huáscar Antonio Tejeda Pimentel y Roberto Rafael Pastoriza Neret, quienes fueron asesinados el 18 de noviembre de 1961 por el hijo mayor del tirano Trujillo y sus colaboradores.

El conocido abogado resaltó la conveniencia de que se declarara festivo cada aniversario de la muerte de Trujillo, observando que el presidente Balaguer reunía méritos para reivindicar la proceridad de los hombres del 30 mayo; sobre todo después de  su comparecencia ante la asamblea general de las Naciones Unidas (ONU), celebrada en Nueva York el 2 de octubre de 1961, donde criticó severamente la tiranía trujillista sumando «a la causa de nuestra liberación la opinión pública de todo el continente”.

Dijo que nadie podría poner en duda que Balaguer prestó un servicio eficaz al país, que asombró a quienes desconocían sus convicciones civilistas, cuando permitió y alentó a solo un mes del 30 de mayo de 1961, la formación en el país de partidos políticos de oposición como el Revolucionario Dominicano, la Unión Cívica Nacional y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, sin excluir al Movimiento Popular Dominicano cuyos líderes abandonaron su exilio en Cuba para combatir a Trujillo dentro de su propia legalidad en 1960.

Sin embargo, el presidente Balaguer no respondió la misiva ponderada y el día 30 de mayo continuó siendo laborable, como nos lo confirmó el investigador José Manuel Vargas. Es decir que, ni entonces ni después, ningún jefe del Estado promulgó una ley declarando festivo el aniversario de la muerte del tirano sancristobalense, lo cual se puede apreciar con una simple revisión del calendario dominicano desde 1962 hasta nuestros días, aun cuando hubo ruidosas celebraciones en mayo de 1962, estando el país dirigido por el Consejo de Estado que presidió el licenciado Rafael Filiberto Bonnelly Fondeur.

Ese año las festividades surgieron de la voluntad y la firmeza  de una gran mayoría de dominicanos deseosa de festejar el primer aniversario de la muerte de Trujillo y convertir el 30 de mayo en “día de la libertad”. No se debe olvidar que durante los 31 años de su régimen imperó en el país un estado de excepción donde se violentaron los derechos humanos y numerosas familias padecieron persecuciones políticas con pérdidas de vidas.

Esa realidad  fue interpretada por el gobierno de Bonnelly que apoyó con entusiasmo el conjunto de actos festivos programados por diversas instituciones públicas y privadas en la ciudad de Santo Domingo, desde el 27 al 31 de mayo de 1962 y estimuló la masiva participación de la ciudadanía. Fueron tres días de algarabía, donde la gente bailó sin cesar, en las calles, callejones y plazas públicas, el nuevo merengue «Mataron al Chivo», interpretado por el conocido cantante Rafael Peguero (Negrito Macabí) y la orquesta de Antonio Morel, con sus contagiosa composición: “Mataron al chivo, en la carretera/mataron al chivo, en la carretera/déjenmelo ver, déjenmelo ver, déjenmelo ver/ Mataron al chivo y no me lo dejaron ver/El pueblo celebra, con mucho entusiasmo/la fiesta del chivo el 30 de mayo/vamos a reír, vamos a bailar, vamos a gozar/el 30 de mayo, día de la libertad.”.

Siguiendo esa onda popular, la sala capitular del Ayuntamiento del Distrito Nacional, orientada por el síndico, ingeniero Salvador Sturla hijo, resolvió declarar el 30 de mayo “Día de meditación y júbilo”, para rendir homenaje a los hombres que liquidaron  el régimen de 31 años de terror e ignominia en la República Dominicana. Esa medida coincidió con la resolución que tomó a unanimidad  el Congreso de Venezuela, que declaró el 30 de mayo como “día de júbilo americano”, reiterando así su repudio al fracasado intento de asesinato del presidente de esa nación, don Rómulo Betancourt, ordenado por Trujillo el 24 de junio de 1960.

Se debe saber que los actos festivos se iniciaron con la puesta en circulación de sellos conmemorativos del primer aniversario de la muerte de Trujillo y la colocación de una tarja en el lugar donde fue ultimado, con la inscripción: “Gloria a la Gesta Libertadora del 30 de Mayo”. Esta fue inaugurada por el síndico Sturla hijo en un acto público al que asistieron cientos de capitaleños.

En la ocasión, el jefe de la Policía Belisario Peguero Guerrero departió con los presentes, a quienes obsequió dinero en efectivo para que participaran en una gran caravana de vehículos que recorría en ese momento el malecón rumbo al parque Eugenio María de Hostos, donde ese día se llevaba a cabo un espectáculo artístico-cultural amenizado por varias orquestas de merengues y  conjuntos típicos, que incluía el desfile de una carroza que mostraba en su frente una careta con el rostro de Trujillo y sus chifles de macho cabrío.

En ese espectáculo hubo rifas de efectos del hogar, lanzaron al aire fuegos artificiales, distribuyeron bebidas alcohólicas y devoraron 32 chivos, además de tener como nota simpática la exhibición de un chivo montado encima de una simulada silla eléctrica que hacía recordar la que se utilizó en la tristemente célebre cárcel de La 40 para torturar a los enemigos del régimen de Trujillo.

Esa misma tarde hubo fiestas de la oficialidad de la Marina de Guerra y la Aviación en los clubes de oficiales de las Fuerzas Armadas y la Fuerza Aérea Dominicana; siendo notoria la presencia en el club de la base aérea de San Isidro, de militares estadounidenses encabezados por el teniente coronel Frank Holmes, quien tenía varios días en el país. En ambas fiestas los presentes pudieron disfrutar de numerosas piezas de merengues, sin que pudiera faltar “Mataron al Chivo”. En estas verbenas, como en otras que se efectuaron en el club deportivo de Santo Domingo, el Centro Social Obrero, el Centro Sirio-Palestino, el teatro Agua-Luz, la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC) y el propio Palacio Nacional, donde los presentes pudieron disfrutar de numerosas piezas de merengues y, en especial, de “Mataron al Chivo”.

En la casa de Gobierno se llevó a cabo una fiesta en la terraza con todo el personal de la Secretaría de Estado de la Presidencia, que se inició desde las once de la mañana del 30 de mayo contando con la presencia del presidente Bonnelly y sus hijos Rafael Francisco y Juan Sully Bonnelly Batlle, además de los consejeros Donald Joseph Reid Cabral, Antonio Imbert Barrera, el secretario de Estado doctor Ramón Tapia Espinal y el subsecretario Fabio Herrera Cabral junto a los integrantes de la oficina de Prensa, los comunicadores Luis Augusto Caminero, Mario Bobea Billini, Tomás Reyes Cerda y Eduardo Comarazamy.

El presidente Bonnelly se paseó por todas las mesas y conversó con una buena parte de los empleados, además de que bailó varias piezas con las damas presentes.

Reconocimiento a sobrevivientes del 30 de Mayo

Aunque el Consejo de Estado no declaró oficialmente festivo el 30 de mayo de 1962, ese ha sido quizás el día más festejado de nuestra historia, además de que en una de esos actos surgió la propuesta de reconocer a los sobrevivientes de esa gesta libertaria, Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera, otorgándole a ambos el rango militar de general, con aptitud de pasar al servicio activo tan pronto dejaran de ser miembros del Consejo de Estado.

Esa propuesta fue planteada el 27 de mayo por los señores Germán Emilio Ornes Coiscou, director del periódico El caribe; el general Miguel Ángel Ramírez Alcántara, Augusto Chotin y Rafael Augusto Sánchez, como medida de protección de la vida de ambos sobrevivientes y fue motivada por el temor a la venganza de la familia Trujillo, que mantenía su influencia en los cuarteles, pese a estar sus miembros  exiliados en Europa, Miami y Puerto Rico, y podían utilizar sicarios para atacar a ambos ciudadanos.

También fue motivada por las críticas que contra  el Consejo de Estado había hecho el comunicador Ramón Alberto Ferreras, el chino, un antiguo dirigente catorcista y director del periódico semanario “Claridad”, que consideraba como un privilegio las erogaciones de fondos públicos en favor de familiares de los hombres del 30 de mayo; pues llegó a cuestionar acremente el apoyo material que le ofreciera a  las señoras María Atenas Alemán y Olga Despradel Brache, viudas de Roberto Rafael Pastoriza Neret y Pedro Livio Cedeño Herrera, quienes sufrieron saqueos en sus viviendas durante los días en que estuvieron en prisión tras la muerte de Trujillo. A ambas se les garantizó una pensión vitalicia y una ayuda a sus hijos huérfanos, con la garantía de cobertura a sus estudios hasta el nivel universitario.

La crítica del Chino Ferreras motivó la reacción de la viuda Cedeño, quien le recordó los “privilegios” que ella había disfrutado durante seis meses de prisión, estando embarazada, mientras su esposo estaba en manos de Ramfis Trujillo. También evocó que mientras estuvo confinada en La Victoria, se produjo el prematuro  alumbramiento de su niña, que fue necesario mantenerla en una cámara de oxígeno, porque nació muy enferma y no se sabía si viviría.

Las pensiones e indemnizaciones para las viudas de los hombres del 30 de Mayo, fueron defendidas por los presidentes de la Unión Cívica Nacional y el Partido Revolucionario Social Cristiano, doctores Viriato Alberto Fiallo Rodríguez y Alfonso Moreno Martínez, quienes rechazaron la forma ligera que utilizó el director del referido semanario para atacar el plan de ayuda del gobierno en favor de ellas y sus hijos.

Así fue que el lunes 14 de mayo de 1962 Fiallo Rodríguez expresó que “hiere la conciencia nacional el que se intente rebajar los méritos adquiridos por los patriotas que murieron en la gesta del 30 de mayo de 1961”. Mientras Moreno Martínez diría más adelante que el pueblo debe agradecer el ajusticiamiento del sátrapa no sólo con palabras y fiestas, sino con el servicio a la ley para que más temprano que tarde se aplique justicia penal a aquellos servidores del régimen que incurrieron en atropellos, abusos e inmoralidades durante el oprobioso régimen trujillista

Para el líder socialcristiano la gesta del 30 de Mayo debía celebrarse no tanto como día de la libertad, sino como “día de la justicia”, “porque en esa fecha fue castigado el criminal mayor de la historia dominicana”. Este dirigente francomacorisano de ascendencia española, había perdido a su hermano Juan Antonio Moreno, cobardemente asesinado el 7 de diciembre de 1958 a la entrada de Nagua; además de que toda su familia fue también perseguida por la tiranía de Trujillo, viéndose él obligado a asilarse el 22 de enero siguiente en la embajada de Venezuela junto a sus hermanos Luis y José.

Por último, se debe decir que mediante decreto ley No. 6088, del 1 de noviembre de 1962, el Consejo de Estado presidido por Bonnelly Fondeur otorgó a Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera el grado de generales del  Ejército, y también que los amigos del Museo Memorial que dirige la señora Luisa De Peña celebra desde hace un año la “Fiesta de la Libertad», con la idea de que el 30 de mayo sea en el futuro un día no laborable, donde se honre de veras a los hombres que con su acción militar lograron concretar lo que decenas de héroes y mártires de nuestro pueblo no lograron hacer a lo largo de tres décadas de resistencia y desafío a la dictadura de Trujillo; entre ellos Desiderio Arias, Ciprián Bencosme, los titanes de Cayo Confites, los mártires y del 14 Junio, las heroínas hermanas Mirabal y los integrantes del movimiento clandestino que tuvo de líder a Manuel Aurelio Tavárez Justo.

Para los amigos del Museo Memorial, el 30 de Mayo debe ser evocado como “¡Día de la Libertad!” y celebrado con mucho entusiasmo, porque produjo la caída de un régimen de fuerza y la apertura de un sistema democrático  que debería solucionar los problemas vitales de la familia dominicana.

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