“Chichilo”

Por Fernando A. De León

Irónicamente, sobrepasados hoy los 60 años de la revuelta de abril, supe en Nueva York, que el sargento Flores estaba con vida, en Puerto Rico. Sin embargo, en Santo Domingo, jamás me enteré sobre qué había sido de “Chichilo” aquel desaparecido combatiente del Ejército Nacional.

Flores, quien merodeaba por nuestro barrio, fue un soldado boricua perteneciente a las fuerzas interventoras estadounidenses durante la revuelta de Abril de 1965. Era afable, y se llevaba muy bien con los circunvecinos, a los cuales obsequiaba con y alimentos y golosinas.

 Aquella fatídica mañana, Andrés y yo hubimos de subir la entonces más escarpada pendiente de la calle Barahona próxima a la calle Manzana de Oro, hoy Yolanda Guzmán. Recuerdo que él llevaba una bolsa contentiva del almuerzo de quien solo conocí por el apodo de “Chichilo”.

Cuando llegamos a la cabecera occidental del Puente Duarte, observamos estupefactos aquella multitud. Había muchos civiles con tubos, y hasta palos. Nos abrimos pasos entre la monumental muchedumbre, y fuimos directamente donde él operaba una metralleta de patas, calibre105. Estaba parapetado en el gran peñasco ubicado en el mismo centro de la hoy plazoleta La Trinitaria.

Recuerdo que yo estaba vestido -si puedo decirlo así-, con aquel pantalón corto cuyo trasero semejaba una telaraña de tanto zurcirlo mi madre, Juana. Además, según creo, tenía aquellas chancletas de gomas marrones. Eran tiempos de una miseria espantosa.

Entre los moradores de alrededor hay quienes hoy tienen brazos amputados. Una jovencita que llamaban, “Azuquita”, falleció. Todos, al ser impactados por el vómito de proyectiles de los aviones P-51.

Luego de terminado ese batalla entre los miembros del CEFA y constitucionalistas, no supimos más de aquel soldado oriundo de Barahona; amigo de la familia Vásquez Félix, de la misma región. ¿Mataron a “Chichilo”? nos preguntábamos. Claro, en el país no se sabía de otros que participaron en ese combate.

Aquí en Nueva York, hace relativamente poco tiempo, un excombatiente que cojeaba de una pierna tras recibir un balazo durante la contienda de abril, me informó que fue abatido durante la batalla del cementerio de la Máximo Gómez, en la zona norte de la capital.

Más temprano, a principios de los 90, un compañero de trabajo puertorriqueño me informó que el sargento Flores estaba vivo, y que vivía en su lar natal, Aguadilla, en Puerto Rico. Ya debe haber fallecido.

*El autor es periodista, miembro del CDP, en Nueva York, donde reside.

El Motín

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