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ANÁLISIS: Finlandia unida a la OTAN: Un movimiento Pragmático

Por: Jaime Bruno

Indudablemente en varios frentes la invasión de Ucrania por parte de la Rusia de Vladimir Putin ha fracasado. Son muchas las catastróficas consecuencias, pero la peor de todas para el presidente Vladimir Putin probablemente sea el pragmatismo de Finlandia de unirse a la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN).

La agresión rusa a Ucrania, como efecto dominó ha despertado el interés de otras naciones que pertenecían a la URSS en la época de la guerra fría a la membresía de la OTAN, cumpliendo Finlandia con muchos de los criterios, es indudable que la OTAN invitaría a este país a dialogar sobre la adhesión a la alianza.

Finlandia fue parte de Suecia, hasta que a principio del siglo XIX fue anexionada por el Imperio ruso hasta el día 6 de diciembre del 1917, poco después de la revolución de Bolchevique en Rusia, cuando obtuvo su independencia. Durante la segunda guerra mundial Finlandia combatió en dos ocasiones a la Unión Soviética que buscaba expandirse después de ocupar las repúblicas bálticas. Tratados firmados en 1947 y 1948 con la URSS dieron al traste con algunos compromisos políticos y concesiones territoriales, a pesar de todo esto Finlandia nunca tomo parte de la guerra fría en ninguno de los bandos, más bien jugo un papel neutral durante todo el conflicto hasta la extinción de la URSS y su fragmentación en 15 repúblicas en 1991. Desde el año 1955, Finlandia es miembro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La disolución de la Unión Soviética cambió totalmente la dinámica geopolítica de Finlandia y los compromisos políticos contraídos quedaron sin efecto, de manera que hubo una mayor integración de Finlandia en Europa y de este modo entró en la Unión Europea en el año 1995.

Después que Rusia usó la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política de un Estado (Ucrania), es lógico esperar que la nación nórdica exprese sutilmente algún interés en la membresía de la OTAN, unirse a la alianza seria su prioridad. Este sería un punto vital para la diplomacia finlandesa y bajo las actuales circunstancias es muy probable que la OTAN invite a esta nación a hablar sobre la posible adhesión a la alianza. Es ilógico pensar que algún miembro de la OTAN se oponga.

Si este pragmatismo político diplomático se materializa como se vislumbra, este país de menos de 6 millones de habitantes redefiniría el mapa de seguridad europeo de una manera que antes era imposible concebir y esto pudiera traer tremendas consecuencias para Rusia. Putin ha dejado claro que la OTAN se ha acercado demasiado a Rusia y que debería ser despojada de sus fronteras. En la actualidad Rusia comparte alrededor de 755 millas de frontera terrestre con cinco miembros de la OTAN y una adhesión de Finlandia significaría que una nación con la que Rusia comparte una frontera de 800 millas se alinearía mucho más militar y formalmente con Europa y definitivamente con los Estados Unidos.

La realidad es que este panorama es una mala noticia para el Kremlin, la incorporación de Finlandia sería vital de gran ayuda para la OTAN. Finlandia es una potencia militar y su ejército ha utilizado durante décadas equipos comprados en los Estados Unidos y los mismos son compatibles con los equipos de los aliados de la OTAN, lo que significa que podrían acoplarse relativamente fácil a las misiones de la OTAN.

La crisis de Ucrania ha dado a Finlandia muchas razones para unirse a la alianza, se sabe que la seguridad finlandesa siempre se ha basado en dos conceptos: primero, geografía e historia; segundo, idealismo y realismo. La verdad es que los países fronterizos con Rusia desean cooperar con el Kremlin, pero la historia demuestra que, en materia de seguridad nacional, Rusia es la mayor amenaza y que esta nación está dispuesta a crear caos en la región, de manera que unirse a la OTAN se convierte en la opción pragmática.

A 100 años de su independencia, Finlandia se ha convertido en un país fuerte y soberano con altos estándares de vida, sacrificó tierras para mantener la paz, por lo que es vital para ellos que su forma de vida y su cultura sobreviva, ya sea mediante la diplomacia o adoptando una postura extrema contra cualquier amenaza.

La adhesión de Finlandia en la OTAN sería un duro golpe para Putin. No solo significaría 800 millas de frontera compartida con la alianza, sino que simbólicamente su efecto se iría más allá uniendo coaliciones anti-Putin que han surgido desde la invasión de Ucrania. Es notable que países que alguna vez fueron neutrales ahora proporcionan fondos y armas a Ucrania y el Estado Ruso con menos aliados cada día. Todo esto expandiría la influencia de la OTAN en el norte de Europa hasta el Océano Ártico, área de vital importancia desde el punto de vista geopolítico debido a sus recursos naturales, ubicación estratégica militar y numerosos reclamos territoriales, incluso por parte de Rusia, Finlandia y los EE. UU.

Suecia, que limita con Finlandia al oeste, también está considerando unirse a la alianza, y la adhesión de Finlandia lo haría aún más probable, ya que los dos países han estado en un viaje similar desde el comienzo de la crisis de Ucrania. El efecto dominó se aproxima y Putin lo sabe, el ingreso de Finlandia y otros países en la OTAN probablemente resultaría en una acumulación militar rusa a lo largo de la nueva frontera de la OTAN con Rusia, sin embargo, a largo plazo los beneficios superarían con creces las posibles consecuencias negativas de una huella militar rusa.

Nada está asegurado hasta que Finlandia de el primer paso para definir su intención. Pero con la aprobación pública finlandesa, el apoyo político y Rusia proveyendo razones para que otros países tomen cartas en el asunto, no hay dudas de que la maniobra de Putin para expandirse y disminuir la influencia de la OTAN en Europa ha fracasado estrepitosamente.

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