La economía dominicana en 2026 recobra su dinamismo

Por Francisco Rojas Castillo

Durante su discurso con motivo del 79.º aniversario del Banco Central, el gobernador de la institución, Héctor Valdez Albizu, informó que el PIB real acumuló un crecimiento de 4.6 % en el período enero-septiembre de 2026 y que se proyecta una expansión de alrededor del 4.5 % para el cierre del año.

A pesar del entorno internacional adverso, la economía dominicana ofrece señales alentadoras en 2026. Tras la desaceleración del crecimiento registrada el año pasado, la actividad productiva ha recobrado impulso, como refleja el informe sobre el comportamiento de las principales variables macroeconómicas. Estos resultados permiten mirar hacia adelante con un optimismo prudente, pues ofrecen razones para confiar en la conducción de la política económica y en la capacidad productiva del país.

Los sectores que reflejan el dinamismo de la actividad económica durante los primeros nueve meses de 2026 son: construcción, con un crecimiento de 8.2%; servicios financieros, 7.8%; hoteles, bares y restaurantes, 5.6%; otros servicios, 5.4%; explotación de minas y canteras, 5.2%; manufactura local, 3.4%; y zonas francas, 2.8 %.

La perspectiva del Banco Mundial coincide con ese panorama favorable. En su actualización de octubre, el organismo proyectó un crecimiento de 4.7% para la República Dominicana en 2026, frente al 2.1% registrado en 2025. Aunque se trata de una previsión, supone una recuperación importante y sitúa al país por encima del crecimiento de 2.2% esperado para América Latina y el Caribe.

El Banco Mundial identifica entre los motores de la recuperación la inversión pública y privada, la construcción, el consumo respaldado por las remesas, el turismo, las exportaciones de oro y la inversión extranjera directa. Esta diversidad de fuentes de impulso constituye una fortaleza, aunque algunas dependen de condiciones externas que el país no controla.

La conducción de las políticas públicas también merece atención. La coordinación fiscal y monetaria ha jugado el papel estelar de preservar la estabilidad, reducir la incertidumbre y facilitar las decisiones de inversión. En su evaluación regional, el Banco Mundial reconoce a la República Dominicana entre las economías cuyo crecimiento se ha apoyado en políticas sólidas y sostenibles. Esto ofrece una valoración favorable, sin que esto signifique que todas las decisiones hayan sido acertadas ni que los desafíos estén resueltos.

Los datos cuantitativos no reflejan todas las realidades; algunas solo pueden comprenderse mediante un análisis cualitativo. El crecimiento nacional no se distribuye automáticamente entre todos los sectores, hogares y territorios. Una familia puede escuchar cifras económicas positivas y continuar enfrentando dificultades para comprar alimentos, pagar servicios o encontrar un empleo con ingresos suficientes. Esa experiencia cotidiana debe formar parte de cualquier evaluación objetiva.

La agropecuaria ilustra estas diferencias. El Banco Central informó una caída interanual de 1.4% en agosto, vinculada principalmente a la sequía. Ese resultado mensual no equivale al balance de todo el año, pero recuerda la vulnerabilidad de una actividad esencial para la alimentación, el empleo rural y la economía de una gran parte de la población que su principal actividad es la agropecuaria.

Por ello, la recuperación requiere políticas que atiendan las condiciones particulares de los sectores productivos. En el campo, mejorar la gestión del agua y la capacidad de adaptación climática resulta fundamental. En las pequeñas empresas, facilitar la incorporación de tecnología, la capacitación y el acceso a mercados puede ayudar a ampliar las oportunidades. En los territorios rezagados, la infraestructura y los servicios públicos pueden crear mejores condiciones para producir y atraer inversiones.

El desafío central es aumentar la productividad: lograr que el trabajo, el conocimiento y la inversión generen mayor valor. El Banco Mundial considera que mejorar las capacidades de los trabajadores, promover la competencia y estimular la innovación son tareas necesarias para sostener el crecimiento y crear empleos de calidad.

También corresponde cuidar la sostenibilidad de las finanzas públicas y la calidad del gasto. La inversión del Estado debe responder a necesidades verificables y producir resultados útiles. Una escuela que mejora el aprendizaje, un sistema de agua que funciona o una obra que conecta a productores con sus mercados contribuyen tanto al bienestar presente como a la capacidad futura de la economía.

La esperanza que ofrecen los resultados de 2026 tiene, por tanto, una base concreta, pero necesita continuidad. El país cuenta con actividades productivas que se expanden, capacidad para atraer inversiones y vínculos externos que sostienen la demanda. Aprovechar esas fortalezas requiere instituciones confiables, políticas consistentes y colaboración entre el Estado, las empresas y los trabajadores.

La economía dominicana recobra su dinamismo. Convertir ese impulso en una prosperidad más amplia es la tarea que sigue. Hay motivos para confiar en el futuro si el crecimiento se acompaña de mejores empleos, servicios públicos eficaces y oportunidades para las comunidades que todavía esperan participar plenamente del progreso.

El Motín