Por Fernando A. De León
Aunque tenemos ascendencias provenientes de provincias y otras regiones de República Dominicana, somos contados los periodistas capitaleños de los años 70 u 80, que somos dados a artilugios o malas artes en el quehacer profesional.
A través de las redes, el periodista de Santiago de los caballeros, Jaime Tomás, dijo recientemente que no tiene “madera” para involucrarse en su ejercicio, en Santo Domingo. Entre otros aspectos, ante una pregunta, dijo que ningún periodista llega a ser empresario en esta disciplina, con el pago de publicidad o anuncios.
Claro, Tomás, no señaló a que los periodistas “magos de las bonanzas” eran todos capitalinos, pero sí se refirió al “tigueraje” comunicacional en nuestra demarcación. Es posible que, hasta cierto punto, coincidamos con su criterio; pero debemos aclararle que la mayoría de periodistas “avezados y aventajados”, son minorías en la metrópoli donde nacimos. En Santo Domingo está “todo el mundo”.
Está al margen, el insinuar que los netamente nativos de la capital seamos todos deficientes profesionalmente. Pero sucede que, sobre todo la mayoría de los que fuimos afines a ideas izquierdistas y otras inquietudes, hasta cierto punto, crecimos aferrados a verticales principios.
Con todo lo expuesto, no queremos desdeñar la labor profesional de muchos profesionales oriundos de nuestras provincias, no. Conocemos del ejercicio de muchos de estos, que son buenos profesionales, y apegados a la ética y normas deontológicas.
Nuestro propósito en este artículo no es el maniqueísmo entre provincianos y capitaleños. Tampoco se trata de cuestionar ninguna calidad profesional.
Solo queremos despojar de un posible estigma, como corruptos, al grueso de periodistas de Santo Domingo; una buena parte de nuestros barrios marginados.
Muchos que fuimos reporteros y sacrificados redactores- creemos que todavía los hay-, al contrario de lo que piensen algunos, no hemos sido bien valorados.
*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.
Agregar comentario