Mamdani ya es alcalde de Nueva York

“¡Eric Adams me ha subido el alquiler!”. Si la vida de Zohran Mamdani fuera una película, este sería más o menos el final del primer acto: en 2022, corriendo la maratón de Nueva York con una camiseta contra el todavía alcalde de Nueva York. Mamdani es, en ese momento, un joven diputado de la Asamblea del Estado de Nueva York, su primer cargo político, tras haber trabajado durante años en las campañas de otros candidatos, todas fallidas, todas muy cercanas a la victoria.

En seis horas, cuatro minutos y 52 segundos, el político desconocido exhibió el lema que años después se convertirá en uno de los ejes de su ruta para ser electo alcalde de Nueva York. En esa carrera están las dos claves de su futura campaña: la disposición a pasearse las calles de la ciudad en la que vive desde que abandonó su Uganda natal con siete años y la preocupación por denunciar temas que afectan a la gente de a pie con mensajes simples, contundentes. “Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes y, desde esta noche, la gobierna un inmigrante”.

La película se escribe sola: Mamdani, musulmán, africano, de ascendencia asiática, es uno más de ese 40% de neoyorquinos nacidos fuera de las fronteras de Estados Unidos. Atraviesa una etapa formativa llena de inseguridades sobre sus raíces ugandesas e indias, se plantea el periodismo como vocación y descubre su verdadera llamada en la política local, guiado por el influjo de un rapero indi. Abraza el minoritarísimo socialismo democrático —de donde han salido figuras como la también neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez, congresista— y en 2024 decide algo imposible: lanzar una campaña para desalojar de la alcaldía a ese Adams que sube alquileres (y que está tan cercado por la corrupción que no podrá ni optar a la reelección).

Lo tiene todo en contra: es inmigrante, es musulmán, es socialista, está alejado de las élites demócratas que manejan el partido, es un completo desconocido para los 8,8 millones de habitantes de la ciudad y, lo más importante, las elecciones son apenas un año después. Es una tarea más allá de lo imposible. Pero el maratoniano (repetirá en 2024, dando uno de sus primeros mítines políticos como candidato kilómetro a kilómetro) camina a un paso infernal por los cinco distritos que componen la ciudad más famosa del mundo (hasta el punto de que los cazadores de selfis tienen que correr o recurrir a patinetes para conseguir una foto con su nuevo ídolo), convenciendo uno por uno a cada grupúsculo de votantes para que voten por él. Promete una ciudad más asequible frente al precio desbocado de la vivienda, la educación infantil o el transporte público (algo especialmente importante en una urbe donde solo un 30% de sus habitantes recurre al coche privado para desplazarse en su día a día, una cifra insólita para una ciudad estadounidense, más cercana a Tokio que a Los Ángeles). Durante la campaña, celebrará su boda con la artista y activista Rama Duwaji, en un viaje en metro desde Brooklyn, donde viven en un piso de alquiler, hasta el Ayuntamiento, en Manhattan.

 

Y Nueva York lo vota, como no se había votado en más de 50 años en la ciudad. A sus 34 años recién cumplidos se convierte en el alcalde más joven que jamás haya tenido la “capital del mundo”. La película se puede cerrar en la noche electoral, con Mamdani jubiloso anunciando que “hemos destronado a una dinastía política”, avisando al presidente “déspota” de que “suba el volumen”, con el estruendo de sus seguidores celebrando su discurso de que Nueva York “seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes, impulsada por inmigrantes y, desde esta noche, liderada por un inmigrante”.

El Motín