2028, segunda vuelta inevitable

Por Alberto Quezada

Se acabó el país de primera vuelta. Durante 28 años nos acostumbramos a que un partido arrasara en mayo y resolviera las elecciones temprano. Ese modelo parece llegar a su fin.

Las encuestas de octubre indican que ningún partido alcanzaría el 50% más uno. El PRM registra 29.7%, la Fuerza del Pueblo (FP) 21.7% y el PLD 17.2%. Ni siquiera la suma del PRM y el PLD llega al 50%. El balotaje deja de ser una posibilidad remota para convertirse en una realidad matemática.

La razón principal está fuera de los partidos: casi el 60% de los dominicanos afirma no simpatizar con ninguna organización y un 13.7% no votaría por ninguna de las tres mayoritarias.

La gente no necesariamente se ha trasladado a la oposición; se ha alejado del sistema político. El PRM pierde apoyo por el desgaste de ocho años en el poder, pero la oposición no hereda automáticamente esos votos.

También cambió la cultura electoral. El 44% del padrón tiene entre 18 y 44 años. Muchos jóvenes no frecuentan locales partidarios, pero participan activamente en las plataformas digitales.

La política ya no depende exclusivamente de las estructuras tradicionales: también se construye en las redes. Por eso figuras como Santiago Matías (Alofoke) pueden influir en la participación juvenil y alterar los resultados.

Electoralmente, vivimos un tripartidismo de veto mutuo. Leonel Fernández registra 36.9%, David Collado 34.5% y Francisco Javier García 15.5% en intención de voto. Ninguno alcanza el umbral necesario. El PRM y la FP, además, presentan una simpatía partidaria prácticamente empatada: 29.2% y 29%, respectivamente.

El mapa electoral tampoco favorece una victoria contundente. La FP tiene fuerza en el Gran Santo Domingo y el Sur, mientras el PRM domina el Norte y el Este. La volatilidad del voto y la ausencia de un liderazgo nacional avasallante dificultan alcanzar el 50% más uno.

Las alianzas tampoco garantizan resultados automáticos. Aunque el PLD y la FP comparten raíces políticas, las diferencias entre Leonel Fernández y Danilo Medina limitan la transferencia de votos. La aritmética electoral no siempre se traduce en afinidad política.

La segunda vuelta transforma la lógica electoral: en mayo se vota por identidad y liderazgo; en junio, por negociación, rechazo o elección del mal menor.

En 2028 no iremos a una segunda vuelta porque haya fallado un partido, sino porque cambia el modelo político. Nace un país de minorías fuertes, electores independientes y jóvenes conectados digitalmente, donde el poder ya no se conquista necesariamente en primera vuelta: se negocia en la segunda.

El autor es periodista, analista político y magíster en Derecho y Relaciones Internacionales. Reside en Santo Domingo. quezada.alberto218@gmail.com

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