Visas sobornos y caos en la DEA

POR ALBERTO QUEZADA

Un escándalo explosivo ha sacudido la cooperación antidrogas en el Caribe: la Embajada de Estados Unidos cerró temporalmente la oficina de la Drug Enforcement Administration (DEA) en la República Dominicana.

 Lo que inicialmente se presentó como una medida de “cero tolerancia a la corrupción” revela ahora un trasfondo mucho más grave: presuntas extorsiones y fraude en el otorgamiento de visas por parte de un alto funcionario de la agencia.

Investigaciones judiciales en Estados Unidos indican que un supervisor de la DEA fue arrestado por soborno y fraude de visas, acusado de recibir miles de dólares para agilizar al menos 119 solicitudes, muchas con fines cuestionables.

Fuentes extraoficiales señalan que cada gestión podía generar pagos de hasta 3 000 dólares, creando un circuito informal de lucro que aprovechó la autoridad del funcionario. Este caso evidencia cómo incluso programas legítimos pueden convertirse en instrumentos de beneficio personal cuando faltan controles claros.

El impacto va más allá del agente involucrado. La República Dominicana es un nodo estratégico para la lucha antidrogas en el Caribe, y la DEA ha sido clave en la desarticulación de redes criminales y el control del tránsito de drogas hacia Estados Unidos.

La interrupción de operaciones, aunque temporal, genera dudas sobre la continuidad de la cooperación, la inteligencia compartida y la eficacia de la seguridad regional. La confianza institucional, base de cualquier programa internacional de seguridad, queda seriamente comprometida.

Analíticamente, el caso revela un patrón preocupante: la autoridad sin supervisión es vulnerable a la corrupción, y programas delicados de migración y seguridad pueden convertirse en terreno fértil para extorsión y abuso.

El cierre de la oficina refleja un intento de restaurar control y enviar un mensaje de tolerancia cero, pero también evidencia la fragilidad de estructuras que dependen de la confianza y del prestigio institucional.

La DEA enfrenta ahora un dilema crítico: recuperar credibilidad antes de que la crisis escale o arriesgar que su influencia se convierta en un problema estructural para la región. En el Caribe, donde seguridad, política y narcotráfico conviven peligrosamente, este episodio deja un mensaje claro: ni siquiera los guardianes de la ley están inmunes al veneno de la corrupción.

Visas, sobornos y caos marcan un antes y un después en la cooperación antidrogas en la región, recordando que el poder sin control puede ser tan peligroso como el crimen que se busca combatir.

El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo.quezada.alberto218@gmail.com

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