Cuando pensamos en Drácula, la imagen que se nos suele venir a la mente es la de un oscuro vampiro con capa negra y mirada seductora que vive en un imponente castillo de Transilvania o en la lúgubre Londres victoriana, según las novelas góticas.
Sin embargo, la tumba de Vlad III, que históricamente conocemos como Vlad el Empalador o Vlad Drăculea, el verdadero conde Drácula, ese gobernante rumano del siglo XV que se ganó este siniestro apodo mediante prácticas brutales como el empalamiento a sus enemigos, se encontraría en un sitio muy distinto… y sorprendentemente lejos de las montañas de Rumanía. Las pistas están en una antigua inscripción hasta ahora olvidada.
Un hallazgo insólito en Nápoles
Si bien hay referencias acerca de que este personaje fue decapitado en 1476, su tumba nunca ha sido identificada de forma concluyente. Pero unas inscripciones “descifradas” recientemente en una lápida del complejo monástico de Santa María la Nova, en pleno corazón de Nápoles (Italia), apuntan a que los restos de Vlad III podrían yacer precisamente allí y no en Rumanía.
Investigaciones preliminares, iniciadas en 2014, partían de la teoría de que Vlad Tepes, tras ser dado por muerto en una batalla, habría sido en realidad rescatado o liberado por su hija ilegítima (conocida como Maria Balsha en algunos textos y que se casó con Giacomo Alfonso Ferrillo, conde Muro Lucano y señor de Acerenza). Balsha, adoptada por una familia noble napolitana, habría llevado los restos de su padre al sepulcro de su suegro.
Los indicios en la tumba incluyen símbolos poco usuales en entierros cristianos, un elaborado epitafio en latín o “latín adulterado” que hace referencia al nombre “Blad” (interpretado como “Vlad”) y al término “Balcán.” Además, se observan relieves vinculados a la Orden del Dragón (sociedad a la que Vlad pertenecía y de la que existen numerosas pinturas por toda Europa que sugieren su pertenencia a esta orden) y figuras de esfinges que podrían hacer un juego de palabras entre la palabra “Tebe” (por Thebas) y “Tepes” (empalador, en rumano).

La tumba se encuentra en el pequeño claustro del complejo de la iglesia de Santa María Nova, un antiguo monasterio de frailes franciscanos y ahora uno de los lugares religiosos más visitados de la ciudad. La inscripción ha revivido la teoría de que Drácula fue enterrado en Nápoles después de su muerte, una afirmación que muchos historiadores habían descartado previamente y, por tanto, podría reescribir parte de la historia europea. De confirmarse, el descubrimiento marcaría un cambio significativo en la comprensión de la vida y la muerte de Vlad III.
¿Estuvo la Orden del Dragón en Nápoles?
Uno de los elementos más llamativos de la inscripción es la presencia de un dragón tallado en la supuesta losa funeraria. Y, precisamente, Vlad III había heredado de su padre, Vlad II Dracul (“el Dragón”), la membresía en la Orden del Dragón, una sociedad fundada por el rey Segismundo de Hungría para proteger la cristiandad europea.