urbano y horizontal de la Capital, protección de los cursos de agua, arrojo de desperdicios en lugares que lo prohíben, entre otros.

las industrias en sus proximidades, que vierten desechos sólidos y líquidos en sus aguas. A todo esto se agregan fincas, mataderos, pocilgas, metales hundidos en su lecho, etc, etc.
minicana recomendó aplicar un yerbicida con el propósito de eliminar esas plántulas, lo que en definitiva iba a ser más mal que bien, explicó en la ocasión el experto ambientalista Eleuterio Martínez en su artículo “El tiro de gracia para el río Ozama”, publicado en Listin Diar
io el 24 de noviembre de ese año.
Con todo lo que se ha hecho, se esté haciendo y lo que falta por hacer, lo cierto es que el río Ozama languidece en medio de la infinidad de abusos a que lo han sometido los seres humanos, muy a pesar de los beneficios que nos ha aportado desde que estas tierras fuesen colonizadas por hombres ávidos de acumular riquezas. La autoridad competente debe tener importantes decisiones para este gran río, orgullo patrio de todos los dominicanos.