Santo Domingo. – En un emotivo acto, el periodista y escritor Manuel Nova puso en circulación este domingo 15 de marzo de 2026 la novela histórica “Sable”, que aborda la vida, pensamiento y el violento asesinato del destacado periodista Orlando Martínez Howley, director de la revista ¡Ahora!, ocurrido el 17 de marzo de 1975 durante el régimen de los llamados “doce años” del expresidente Joaquín Balaguer.
El acto se efectuó en la sala Aída Cartagena Portalatín, de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, Plaza de la Cultura.
En la mesa de honor estuvieron el autor de la obra Manuel Nova; Rafael Peralta Romero, director de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña; los escritores Emilia Pereyra, Oscar López Reyes, Eliades Acosta, así como también el ex Juez de instrucción que llevó el caso de Orlando, Juan Miguel Castillo Pantaleón.
La presentación de la obra estuvo a cargo del reputado escritor, periodista y decano de la Escuela de Comunicación de la Universidad Dominicana
O & M, Oscar López Reyes.
El ex director de la Biblioteca Nacional de La Habana, Cuba, Eliades Acosta, comentó sobre la trayectoria del autor del libro.
En Sable, Nova reconstruye, con rigor investigativo y una narrativa ágil, los acontecimientos que condujeron a la operación político-militar que segó la vida de Orlando, entonces director de la revista ¡Ahora!
Orlando Martínez, miembro del Partido Comunista Dominicano (PCD), se destacó como uno de los críticos más firmes, valientes y persistentes del gobierno balaguerista y de los sectores militares de “línea dura”.
A través de su emblemática columna “Microscopio”, publicada en el vespertino El Nacional, denunciaba la represión, los abusos contra opositores, las pugnas internas entre grupos de poder y el clima de persecución política de la época.

A continuación el discurso de Nova durante el acto:
“Orlando Martínez, la audacia de la imaginación”
La imaginación es el primer acto de rebeldía de la conciencia. Si el ser humano crea, es porque antes se atrevió a imaginar lo imposible. ARTHUR MILLER.
Orlando Martínez comprendió muy joven que la imaginación era el idioma de los audaces y que quien no se atreve a imaginar, jamás funda nada nuevo.
Por eso me alegra mucho hablarles de un periodista cuya trayectoria me ha marcado profundamente en mi ejercicio como profesional de la comunicación social.
Describir quién fue Orlando Martínez es uno de los desafíos más grandes que puede tener cualquier autor en este momento porque representa tantas cosas en una época en la que vivimos de severos cuestionamientos a nuestros valores éticos y morales en el ejercicio del periodismo.
Cuando lo asesinaron en una emboscada, aquella lúgubre noche del 17 de marzo del año 1975, Orlando Martínez era el director de la revista Ahora y autor de la muy leída columna Microscopio, del periódico El Nacional.
El magnicidio de Orlando Martínez fue un crimen de Estado que sacudió los cimientos del gobierno del presidente Joaquín Balaguer y marcó para siempre la historia política dominicana.
En sus artículos de opinión, Orlando Martínez denunciaban las injusticias sociales, sobre todo la represión política y la mordaza que imperaba contra la libertad de expresión.
Para quienes gobernaban en los llamados “doce años” del régimen del presidente Joaquín Balaguer cada entrega de la columna Microscopio, se recibía como si se tratase del uso de armas subversivas capaces de sacudir conciencias y desafiar la autoridad.
Orlando fue un periodista vigilado. Personificó al comunicador que las autoridades intentan silenciar por considerarlo peligrosamente influyente.
Su caso ilustra al periodista crítico militante, visto como “peligroso” por las dictaduras de turno y dispuesto a afrontar la prisión por sus ideas.
En los doce años se le tomaba como un periodista “maldito o incómodo”.
Orlando encarna una trayectoria digna de admiración ya que dejó un ejemplo sin igual, de calidad profesional, de arrojo y de lucha contra las injusticias, a pesar de que fue asesinado bastante joven.
Apenas tenía 30 años de edad el día de su muerte violenta.
La de Orlando Martínez fue una existencia fecunda y de intensa producción periodística.
Es muy difícil en este tiempo imaginar lo que significó el ejercicio periodístico de Orlando Martínez en aquel momento represivo.
Vale decir que este régimen, que gobernó el país de 1966 a 1978, se caracterizó por una profunda represión política, violencia de Estado y corrupción en la administración pública.
Se calcula que más de 11 mil opositores políticos resultaron muertos o desaparecidos.
El terror y la violencia se impusieron en los 12 años a través de los llamados “Incontrolables”, bautizados por el propio doctor Balaguer.
Ahora prácticamente se puede decir cualquier cosa sin temor a que te fabriquen un expediente, te sometan a la justicia, te envíen a la cárcel o como ocurría en aquellos tiempos, te asesinen.
Para suerte de nosotros, aun tenemos una prensa objetiva y democrática, magníficos periodistas, sobre todo entre los directores de medios clásicos, grandiosos ejecutivos que verifican las noticias antes de publicar, excelentes directores que han sembrado una impronta en el ejercicio del periodismo dominicano.
Pero desde aquella época de los doce años, distinto a lo que acontece, no hemos vuelto a ver un periodista, un hacedor de opinión, un columnista con la repercusión que tuvo Orlando Martínez.
Orlando tenía una facilidad para escribir prácticamente sin precedentes, asombrosa entre los periodistas de hoy. Escribía como quien respira.
Como director de la revista Ahora abordaba con facilidad cualquier tema, desde profundos y contundentes análisis políticos, hasta anécdotas llenas de humor y sátiras, incluso escribía temas controversiales sobre filosofía, geopolítica, biografías e historia, pero sobre todo de la conducta humana y el devenir político y social del país y toda América Latina.
Como periodista era agudo, incisivo, un maestro de la entrevista y el reportaje.
Recordamos sus críticas hacia el famoso cantante español Camilo Sesto, que se presentaba en nuestro país dentro de una gira de conciertos en toda Hispanoamérica que lo llevó a Chile a cantarle al dictador Augusto Pinochet.
Orlando lo bautizó como CAMILOCHET. Sus críticas provocaron prácticamente un vacío que condujo al fracaso de las presentaciones que tenía programadas Camilo Sesto en el Teatro Nacional.
Así era de verdad la influencia de Orlando Martínez como periodista en la opinión pública dominicana. Y esto es sólo una muestra.
Sus artículos y críticas constantes, casi temerarias, contra las acciones represivas y despóticas en el gobierno del presidente Balaguer, lo catapultaron en el favor popular.
Fue lapidaria la última entrega del artículo de Microscopio que Orlando tituló: ¿Por qué no, doctor Balaguer?
En este artículo, que muchos creen selló su destino, Orlando cuestionaba duramente la represión y la corrupción del régimen de los “Doce Años” de Joaquín Balaguer, retándolo a detener la violencia y a actuar con mayor apego a la democracia.
Este escrito nació de la indignación que sintió Orlando Martínez cuando en el Aeropuerto Las Américas se impidió la entrada al país del exiliado pintor dominicano Silvano Lora.
También se recuerda el primer y único encuentro que sostuvo Orlando Martínez con el presidente Balaguer, durante una recepción a la prensa en el Palacio Nacional.
Allí, frente a varios de los más influyentes directores de la prensa dominicana de la época, Balaguer le confesó que la columna “Microscopio” era una de las pocas cosas que solía leer en la prensa nacional.
Meses después de aquel cara a cara se produjo el atentado mortal contra Orlando Martínez.
Ante todo esto, nos preguntamos:
¿Qué en realidad fue lo que deslumbró de Orlando Martínez a la sociedad dominicana de aquel entonces?
¿Qué dio Orlando a la sociedad dominicana para alcanzar esa notoriedad vertiginosa como columnista?
Bueno, le dio su ejemplo de valentía, honestidad y talento como periodista.
Orlando llenó de esperanza a los que lo leían y anhelaban una sociedad libre, sin abusos, sin crímenes, sin persecuciones, sin encarcelados ni exiliados políticos.
Orlando Martínez nació en el municipio Las Matas de Farfán, una porción de terrenos ubicada en el valle de San Juan, allá en el sur profundo de la República Dominicana.
Sus padres fueron Adriana Howley de Martínez y Mariano Martínez. Era el menor de seis hermanos varones.
Desde muy pequeño se percibió su talento para la comunicación.
Fanático del equipo de béisbol Los Tigres del Licey, a Orlando se le veía caminar por las calles del municipio con un radito pegado al oído repitiendo y cantando cada jugada de un torneo de béisbol, especialmente cuando jugaba su equipo preferido.
De adolescente estudió en el liceo Víctor Estrella Liz (La Perito), donde destacó como buen estudiante tanto en materias teóricas como en las matemáticas.
Sus primeros matices de joven rebelde comenzaron a aflorar en el plantel donde en más de una ocasión la dirección lo castigó y llamó su atención por distribuir panfletos de protesta y en favor de los movimientos revolucionarios de izquierda.
Una muestra contundente de la rebeldía y del espíritu revolucionario de Orlando Martínez se produjo en plena revolución de abril de 1965.
La familia Martínez Howley, que residía en la ciudad capital, decidió trasladarse a su vivienda en San Juan en medio de las confrontaciones bélicas entre los constitucionalistas, el bando militar de San Isidro y las fuerzas de intervención estadounidenses.
En la casa sólo quedaban Orlando, Sergio y don Mariano. Cuando se disponían a partir se percataron de que Orlando no estaba en su habitación.
Sergio, que era su hermano más cercano y de confianza, intuyó dónde podría encontrarse Orlando. Salieron en su búsqueda.
Entre un grupo de jóvenes constitucionalistas, armado con una escopeta, divisaron a Orlando en la Zona Colonial.
A puro ruegos, casi de rodillas, lograron que Orlando desistiera y se fuera con ellos a San Juan donde lo esperaba su madre desesperada.
En el camino hacia San Juan, en un retén, fueron detenidos por soldados del Ejército que los obligaron a detener para hacer una revisión del vehículo.
Durante la requisa, en el interior del automóvil, en el equipaje de Orlando los guardias descubrieron decenas de libros, entre ellos uno titulado “CUANDO CHINA DESPIERTE”.
Orlando Martínez fue un lector empedernido desde que aprendió a leer y escribir.
Visitaba tanto a los libreros en la Ciudad Colonial que decidió dedicar una columna cultural a las novedades literarias en la revista Ahora.
Tenía tantos libros en su rincón que provocó que Sergio, el hermano con quien compartía habitación, debió mudarse a otro cuarto para no asfixiarse por el cúmulo de libros que le rodeaba.
Orlando Martínez primero quiso ser sociólogo cuando se matriculó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), pero encontró su vocación más profunda en el periodismo y en el quehacer político.
Tan pronto pisó las aulas de la Universidad Autónoma su rebeldía innata y su desafío contra el poder se canalizaron con su incorporación a los grupos de protesta estudiantiles como Fragua y allí, en esas luchas, trabó amistad con quien sería su mentor político que lo captaría para incorporarlo al Partido Comunista Dominicano (PCD), Narciso Isa Conde.
Muchos periodistas, muchos comunicadores y comunicadoras han querido emular el ejemplo de lucha y honestidad de Orlando Martínez.
Sin embargo, cada día que pasa, por lo que vemos, Orlando Martínez parece ser inalcanzable.
Sus aportes a la defensa y la libertad de expresión son inmensos.
A pesar de que la mayor parte de los jóvenes de hoy parecen desconocerlo a fondo, la sola mención de Orlando genera admiración, respeto y da pie a que se hagan estudios y se escriban biografías sobre él como la que hoy ponemos en circulación.
Su asesinato conmocionó y lleno de luto a la sociedad dominicana, su entierro fue seguido por una multitud que primero colmó la funeraria donde se velaron sus restos.
Orlando estuvo en Europa del Este. Recorrió Hungría y estuvo en Moscú, Rusia. Esos viajes fueron importantes para él por dos razones: Consolidó su formación y creencias como militante de izquierda y su preparación física para afrontar adversidades.
Allí reforzó su trayectoria ideológica y las convicciones que inició en la adolescencia hasta ser un adulto.
Orlando prácticamente nació bajo una dictadura y esa dictadura marcó su manera de ser y de pensar.
Descubrió haber nacido en un país marcado por enormes desigualdades sociales, pobreza, miseria, persecuciones, muertes y ausencia de libertad.
Aquello lo indignaba, le parecía terrible vivir en un país con tantos pobres y tantas injusticias.
Fue así como descubre su primera ilusión utópica, el comunismo, leyendo libros, viendo la revolución cubana, luego la guerra de abril, el ejemplo del coronel Francisco Alberto Caamaño y de los constitucionalistas.
Orlando era un hombre de enorme coraje, se arriesgaba en cada entrega de su columna Microscopio, no le importaba si podía ser muerto o encarcelado.
En cada artículo nos mostraba su extraordinario idealismo, su gran generosidad, su inmensa valentía en esa lucha por un país en el que prevaleciera la justicia social y una verdadera igualdad.
Se sumergió en el mundo del dominicano pobre, marginado y explotado, el dominicano rebelde que osaba enfrentarse a la dictadura balaguerista.
Era una dictadura brutal que había cercenado los derechos de la voluntad popular con fraudes, intimidaciones, encarcelamientos y muertes.
Hacer política opositora en los doce años era una actividad peligrosa que te ponía automáticamente al margen de la ley.
.La cuasi dictadura reprimía la oposición política, el grupo paramilitar La Banda tenía la encomienda de aniquilar la izquierda, como el Movimiento Popular Dominicano (MPD) y a la que Orlando Martínez pertenecía como miembro del Partido Comunista Dominicano (PCD).
Pero ni siquiera el terror que recorría las calles hizo que Orlando desistiera de su labor como periodista en favor del respeto a los derechos humanos.
Orlando Martínez era un fiero defensor de sus ideas y las exponía con la crudeza que le caracterizaba. Era brutalmente sincero
Escribió siempre lo que pensaba, cosa que parece simple, pero no es frecuente, ni en el periodismo, ni en la vida de los seres humanos.
Mantenía su coherencia al margen de la conveniencia personal y de intereses económicos.
¿Qué nos mueve a escribir, publicar y poner en circulación esta obra narrativa de corte biográfico?
Primero, nuestra profunda admiración y respeto por ese gran periodista y dominicano ejemplar que fue Orlando Martínez Howley.
Además, recordar a las nuevas generaciones quien fue este joven que se inmoló por el bienestar y la libertad del pueblo dominicano.
La breve y valerosa vida de Orlando Martínez fue una lucha contra el abuso de poder y la mordaza impuesta en los doce años de Balaguer a la libertad de expresión.
El asesinato de Orlando Martínez la noche del 17 de marzo de 1975 se convierte en la culminación de su vida y en la confirmación de su lucha y heroísmo como mártir de la prensa dominicana
Su ejemplo de entrega y sacrificio nunca podrá ser olvidado y mucho menos borrado.
Muchas gracias a todos.
Manuel Nova
15 de marzo de 2026