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Muere Fremio, el loco querido de los periodistas

Redacción El Motín

En circunstancias que aún no están precisadas, pero el hecho si que es real, acaba de entregar su alma al Señor, Fremio un trastornado mental de leyenda entre los periodistas que cubrían las «fuentes» de la Feria (Centro de los Heroes), el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva y la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Los reporteros que ejercían el periodismo en estas áreas durante los años ochenta y noventa recuerdan al inefable Fremio, un loco que sorprendía por su erudición y evidentes muestras de estar acostumbrado al más alto roce social.

Era un hombre de buena estatura, una vez de porte elegante y educado; se dice que procedía de una familia distinguida, de la que prácticamente ninguno de los periodistas supo nunca nada concreto, pero que cubiertos por el anonimato lo seguían y lo protegían  en silencio.

Cuentan que Fremio había sido un excelente estudiante universitario de  la carrera de Derecho, que estudiaba tanto que fue asaltado por una repentina enfermedad mental que lo llevó a transitar por los caminos de la demencia y las tinieblas de la locura.

Andaba sucio, unas veces descalzo, pedía a conocidos, sobre todo periodistas, legisladores y funcionarios, dormía en las aceras, parques y donde le cogiera la noche. Eso sí,  estaba al tanto y seguía los acontecimientos noticiosos del día a día.

Nunca faltó a los grandes eventos periodísticos de la época como el juicio al ex presidente Salvador Jorge Blanco, Leonel Almonte y compartes.

Al proceso de los que asesinaron al periodista Orlando Martínez fue un asistente puntual en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, luego en la Cámara de Apelación en la Feria. La jueza que dictó condena contra los responsables de la muerte de Orlando, Katia Miguelina Jiménez, sin importar la mugre que lo envolvía,  solía rodearlo con sus delicados brazos en largos y profundos abrazos entre miradas atónitas y sorprendidas.

Quizás ella lo habría conocido y compartieron aula cuando aún era un guapo estudiante lúcido e inteligente, el más brillante de la clase.

Fremio se ganó el aprecio y el cariño de todo el que le conoció. A sus ojos asomaban por momentos los destellos de aquella inteligencia que lo hizo resplandecer antes de convertirse en un enajenado mental.

Paz a sus restos.

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