Por Miguel Mejía
Sao Paulo, Brasil. Siendo embajador encargado de los Asuntos del Caribe, tuve la oportunidad de reunirme en cuatro ocasiones con el líder libio Muamar Gadafi; dos de éstas en Trípoli y dos en la ciudad de Sirte, éstas últimas en el año 2009, fecha en que estaba convocada, específicamente el 31 de agosto, una Cumbre de la Unión Africana de Jefes de Estado y Gobiernos, organismo que presidía Gadafi, quien sostenía el criterio de que los países caribeños eran parte de África.
Tomando en cuenta ese criterio, para esa fecha insistía con el extinto canciller don Carlos Morales Troncoso para que convenciéramos al entonces presidente de la República, doctor Leonel Fernández de que asistiera a dicha Cumbre, a la que había sido formalmente invitado, porque además en ese momento se desarrollaba una gran campaña contra el país y el gobierno auspiciada por ONGs y otros grupos financiados por la USAID, con apoyo de una parte importante del Caricom, acusándoles como esclavistas y racistas, en fin, como anti haitianos.
Una de mis motivaciones con la insistencia de asistir a la Cumbre en la cual harían uso de la palabra algunos dignatarios de países de la región invitados, como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, Barbados, Santa Lucía, República Dominicana, que de hecho el presidente Fernández clausuró dicha Cumbre, era que ese sería el mejor escenario para desmentir la referida campaña. Otra motivación, quizás la más importante, era que se había hecho en el país un estudio técnico de factibilidad, incluyendo costo para la construcción de una refinería grande y moderna en la zona de Monte Cristi, lo cual podría ser presentado en el marco de esta Cumbre. En ese momento desde la Unión Europea y occidente se había creado un estado de distención con el régimen de Gadafi, manifiesto en una política de buena vecindad, cooperación e inversión de Libia en Estado Unidos y Europa, con buenas perspectivas hacia el Caribe.
Finalmente, el país estuvo presente en la Cumbre, en la persona del presidente Leonel Fernández, acompañado por el canciller Carlos Morales Troncoso, mi persona, Eddy Martínez, director del CEI-RD y el director de Información Prensa y Publicidad de la Presidencia, Rafael Núñez.
En esta ocasión tuve la oportunidad de conocer al segundo hijo de Gadafi, con quien tuve un breve encuentro protocolar que hoy rememoro a través de esta entrega en su memoria, al haber sido asesinado el pasado 3 de los corrientes en su residencia.
Saif Islam al-Gadafi, nació el 5 de junio de 1972 en Trípoli. Desde muy joven asimiló el ejemplo de lucha política y social de su padre. Completó sus estudios primarios y secundarios en escuelas públicas de Trípoli, destacándose como buen estudiante. Estudió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Trípoli (anteriormente conocida como Universidad Al-Fatah) y se graduó en 1994.
Obtuvo una Maestría en Administración de Empresas por la Universidad Imadec de Austria. Posteriormente, obtuvo su doctorado en la London School of Economics.
En 2003, creó la Fundación Internacional Gadafi para Asociaciones Benéficas, desarrollando numerosos proyectos benéficos en Libia y en el extranjero. A través de ella, lideró un movimiento de reforma política y social. En 2008, trabajó en el Centro de Investigación Industrial de Trípoli, Libia y en el Centro Nacional de Consultoría del país.
Se abrió al mundo árabe y resolvió algunos problemas pendientes entre Libia, Estados Unidos y algunos países europeos, contribuyendo a la resolución de varias situaciones internacionales, como la liberación de rehenes europeos secuestrados en Filipinas, y buscó resolver el conflicto de Lockerbie entre Libia y Estados Unidos.
Abogó por el establecimiento de un nuevo sistema político en Libia basado en las libertades individuales y por la libertad de prensa, obteniendo como resultado la apertura de varios canales de televisión y periódicos privados. Abogó por el regreso de los opositores libios en el extranjero a su patria para participar en la vida política. Trabajó para lograr la liberación de presos políticos, así como la liberación de la economía del control estatal y permitir la libre operación del sector privado, en beneficio del bienestar y desarrollo del pueblo libio.
Un aporte relevante fue su contribución por la redacción de una Constitución para su país.
El Proyecto Libia del Mañana
En 2008, presentó un proyecto integral para la reconstrucción de Libia en todos los sectores: infraestructura, aeropuertos, vivienda, carreteras, hospitales, campus universitarios: un desarrollo integral. La primera fase de este proyecto costó 200 mil millones de dólares y su implementación comenzó a través de importantes empresas internacionales.
En 2011, Occidente lanzó una agresión contra Libia con el pretexto de proteger a la población civil. Se produjeron enfrentamientos y ataques, con algunos grupos de la oposición, apoyados por la OTAN, dirigidos contra instalaciones públicas y civiles. Esto provocó la intervención de fuerzas internacionales para disuadir estas acciones. Saif al-Islam Gadafi apoyó al pueblo libio contra la agresión.
El 27 de junio de 2011, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra el presidente libio Muamar Gadafi, su hijo Saif al-Islam y el jefe de la Dirección General de Inteligencia.
Los enfrentamientos con las fuerzas de la OTAN continuaron durante ocho meses hasta que la capital, Trípoli, cayó en manos de terroristas con el apoyo de la OTAN. Gadafi fue asesinado y su hijo capturado en el sur de Libia el 19 de noviembre de 2011, por uno de los grupos armados de la tribu Zintan.
La tribu Zintan lo mantuvo como rehén y, debido a factores sociales, no sufrió daños. Lo protegieron y se negaron a entregarlo a Trípoli ni a la Corte Penal Internacional. Fue juzgado en Zintan, pero este juicio no duró ni se emitió veredicto. Su relación con Zintan se fortaleció y, tras contactos y negociaciones con otras tribus leales a Gadafi, le ofrecieron un compromiso social de no matarlo ni entregarlo. Se le permitió llevar a cabo sus actividades políticas y sociales, incluyendo visitas y recibir invitados de líderes sociales, tribales y políticos.
Al mismo tiempo, la Corte Penal Internacional siguió solicitando su extradición. Designó a un abogado para que lo defendiera ante la Corte Penal Internacional, el Sr. Karim Khan, actual presidente de la Corte.
La comunidad internacional acordó celebrar elecciones presidenciales y parlamentarias en Libia a finales de 2021. El parlamento libio promulgó una ley de amnistía general para los acusados en los sucesos de 2011, que incluía a Saif al-Gadafi, lo que le permitía presentarse como candidato. Las elecciones presidenciales fueron como cualquier otra, y Saif al-Islam Gadafi pudo comparecer ante una comisión electoral en la cuidad Sabha, al sur de Libia. Completó todos los trámites legales y fue aceptado como candidato presidencial, pese a que parte de sus oponentes presentaron un recurso en su contra, pero obtuvo un fallo judicial a su favor.
Las encuestas de opinión pública indicaban que ganaría las elecciones en la primera vuelta. Esto llevó a las potencias occidentales y a Estados Unidos a cancelar las elecciones, alegando fuerza mayor. Posteriormente se declaró que esta fuerza mayor era la candidatura de Saif al-Islam Gadafi.
La situación se mantuvo sin cambios hasta que se ideó un plan externo e interno para eliminar la fuerza mayor que representaba el joven candidato y así proceder con las elecciones tras destituirlo y allanar el camino para uno de sus candidatos preferidos. No caben dudas que la fórmula hegemónica imperial conocida en Latinoamérica llegó a Libia.
El pasado 3 de febrero un grupo armado no identificado irrumpió en su domicilio tras desactivar las cámaras de seguridad y lo asesinó con aproximadamente 19 disparos. El grupo huyó sin dejar rastro.
Su familia y tribus aliadas decidieron sepultarlo en Bani Walid, ciudad situada a 200 km al sur de Trípoli, impedidos de hacerlo en Sirte, ciudad natal de su padre, porque estaba bajo el control de las fuerzas de Haftar y no obtuvieron un permiso de entierro. Así se cerró un capítulo en la historia de Saif y los libios han perdido la esperanza de construir una nación unificada.