Por Flavio Holguín
Alguien dijo alguna vez: “Todo ser humano bueno, indiferente al daño, deja de ser bueno.”
En los dias actuales esta frase gana más peso y se consolida como un real postulado.
Nuestra sociedad, está alcanzando niveles alarmantes de deshumanización y degradación moral.
Aquello que alguna vez definió la SOLIDARIDAD Y LA HONESTIDAD como los valores esenciales y estandartes de nuestra conducta colectiva, han sido desplazados por la vileza, la indiferencia y por la cómoda acción contemplativa ante el latrocinio rapaz.
Nos asombra ver cómo la apatía se ha vuelto costumbre y el silencio, se ha convertido en un burdo subterfugio.
Nuestra Patria, y el futuro de las generaciones venideras se encuentran seriamente amenazadas por el saqueo insaciable de los políticos facinerosos de la actual administración, los cuáles han roto sin piedad todos los principios éticos y morales, con esquemas desalmados y perversos de robo, destruyendo, sin escrúpulos la salud fisica, la dignidad y la esperanza de toda la Nación.
Mientras este acto criminal se perpetúa, los hombres y mujeres honestos se pierden en discusiones estériles, en un proceder bizantino que paraliza, mientras otros, garantizan y legitiman estas acciones, movidos solo, por sus espurios y miserables intereses.
Llegamos al tramo final de este año, en el cual se han pulverizado todos los límites inimaginables de depredación de las arcas del Estado sin que se vislumbre una respuesta firme, enconada y contundente.
Lo más grave, no es solo el robo: es la permisividad que nos envuelve, la impunidad que nos anestesia.
El partido chatarra que nos gobierna y sus malhechores, nos han hecho creer que el saqueo es normal y que la corrupción es endémica, ya que el organismo llamado a combatirla y hacer cumplir la ley, ha terminado institucionalizando el robo, sellándolo con acuerdos ilegitimos, constituyéndose en caldo de cultivo para su proliferación.
Esperamos que este fin de año no sea solo un cierre de calendario.
Que sea un punto de quiebre y de inflexión.
Que el hartazgo se transforme en conciencia y la conciencia en acción.
Porque cuando un pueblo despierta, no hay impunidad que resista ni mentira que sobreviva.
Que este fin de año NO nos encuentre brindando sobre ruinas morales ni celebrando entre cenizas.
Es justo saber, que la indiferencia también es una forma de traición a la Nación y que el silencio prolongado termina siendo complicidad de lo oprobioso.
De manera que, cada día de quietud nos acerca irremisiblemente al abismo.
O recuperamos la dignidad y decoro como Nación o aceptamos ser testigos mudos de nuestra propia demolición.
¡SEA USTED EL JURADO!
¡DE LO CONTRARIO…!
¡¡¡QUE EL DIOS PADRE NOS AMPARE !!!



