Agentes de policía kenianos tras llegar a Haití en diciembre para unirse a una fuerza multinacional ampliada con el mandato de luchar contra las pandillas.

Lo poco que se mueve en Haití lo controlan las pandillas

PUERTO PRÍNCIPE, Haití.-Telicia Louis, una vendedora ambulante de Pétion-Ville, una comunidad de las afueras de la capital haitiana, estaba lavando la ropa en su casa un día del año pasado cuando, según contó, una pandilla la echó de su casa.

Louis relató que huyó a un refugio, donde su hija embarazada dio a luz a un bebé en el frío piso de cemento. Louis no tiene dinero para pagar la matrícula escolar de sus otros hijos, sus ventas son escasas y es la única de su familia que trabaja.

Sin embargo, Louis, de 53 años, como tantos otros haitianos atacados por pandillas o asfixiados por una pobreza aplastante, tiene un único deseo.

“Necesitamos un gobierno fuerte, no necesitamos nada más”, dijo Louis.

Un gobierno fuerte, o al menos un gobierno que funcione, parece ser mucho pedir en la nación más disfuncional del hemisferio occidental.

Haití lleva casi cinco años sin un presidente electo. Se suponía que un consejo presidencial establecido hace casi dos años con la ayuda de Estados Unidos para dirigir el país organizaría nuevas elecciones y aportaría estabilidad a una nación cuya historia se ha visto empañada por largos periodos de desgobierno y violencia.

Y aunque Haití estaba sumido en la crisis antes y durante la supervisión del consejo, dirigir el país podría resultar aún más difícil cuando su mandato expire este sábado. Estados Unidos, por su parte, está ansioso por despedirse del consejo tras acusar a sus miembros de mal gobierno y de utilizar sus cargos para enriquecerse.

El país tiene un primer ministro nombrado por el consejo. Estados Unidos y las Naciones Unidas lo están presionando para que permanezca en el cargo. Pero, aunque Estados Unidos ha gastado millones de dólares en consolidar una fuerza de seguridad internacional para poder llevar la paz a Haití, no está claro cuándo el país será lo bastante seguro como para permitir que los haitianos elijan a su próximo presidente.

Las elecciones están previstas provisionalmente para agosto, pero pocos expertos creen que puedan celebrarse.

Haití no realiza elecciones desde 2016, y su último presidente, Jovenel Moïse, fue asesinado en 2021. El país tampoco cuenta con un Parlamento en funciones.

La crisis de liderazgo se ha agravado en las últimas semanas. Cuatro miembros del consejo presidencial intentaron destituir al primer ministro, Alix Fils-Aimé, alegando que no había hecho lo suficiente en la lucha contra las pandillas.

El primer ministro no respondió a las solicitudes de comentarios.

El gobierno de Donald Trump respondió revocando sus visados de entrada a Estados Unidos y dijo en un comunicado que perseguiría a los “actores corruptos que intentan interferir en el camino de Haití hacia un gobierno electo para su propio beneficio”.

Pero los miembros del consejo que recibieron sanciones afirmaron que la respuesta del gobierno de Trump era otro ejemplo de injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Haití.

El primer ministro de Haití, Alix Didier Fils-Aimé, a su llegada a una ceremonia de graduación de la policía el mes pasado en Puerto Príncipe.

“Muchos dirigentes en Haití han sido presionados, manipulados e incluso castigados cuando intentan seguir una agenda nacional independiente”, dijo Fritz Alphonse Jean, uno de los miembros del consejo a quien se le retiró el visado. “Hay como un patrón recurrente en el que las potencias extranjeras tratan a los funcionarios haitianos como herramientas prescindibles”.

Tras el asesinato de Moïse, otro primer ministro, Ariel Henry, gobernó la nación durante casi tres años, hasta principios de 2024, cuando las pandillas formaron una coalición para derrocar a su gobierno y sembrar el caos en la capital, Puerto Príncipe. Desde entonces, la ciudad y las comunidades circundantes han sufrido una explosión de violencia.

Según Naciones Unidas, más de 16.000 personas han muerto en Haití a causa de la violencia relacionada con las pandillas desde 2022. Más de un millón de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en los últimos años y viven con familiares o en edificios públicos.

Malia Noel, de 45 años, dijo que llevaba durmiendo en una plaza pública de Puerto Príncipe desde noviembre. Había estado viviendo con una prima, pero la violencia la obligó a irse, dijo, y los puntos de control de las carreteras instalados por las pandillas le impidieron regresar a su ciudad natal, Jacmel, en el sur de Haití.

“Creo que el hecho de que el país no tenga presidente contribuye a nuestro declive”, dijo. “Por eso las cosas están tan mal”.

Se han hecho algunos avances modestos para repeler a las pandillas.

Contratistas militares privados que trabajan con una fuerza policial multinacional han empezado a atacar los bastiones de las pandillas, dijo un funcionario estadounidense que habló con la condición de que no se publicara su nombre para poder discutir asuntos diplomáticos y de seguridad delicados.

La policía haitiana y la fuerza multinacional, compuesta en gran parte por agentes de policía kenianos que llegaron en junio de 2024, han expulsado a las pandillas de algunas zonas, pero han tenido dificultades para impedir que los grupos las retomen.

Se espera que la fuerza multinacional aumente a 5500 efectivos en los próximos meses. Más de una decena de países han ofrecido soldados que deberían desplegarse esta primavera, dijo el funcionario.

Tras la destitución de Henry, Estados Unidos y un organismo multinacional que representa a las naciones caribeñas formaron el Consejo Presidencial de Transición, compuesto por nueve miembros. Pero el consejo, conocido como TPC por su sigla en inglés, se ha visto obstaculizado por acusaciones de corrupción y enemistades políticas.

La unidad anticorrupción del ministerio de Justicia acusó a tres miembros de solicitar sobornos, pero se negaron a dimitir.

Luego vino la disputa sobre Fils-Aimé, el actual primer ministro, y los esfuerzos por destituirlo por lo que algunos miembros dijeron era su incapacidad para combatir a los grupos armados.

Sin embargo, a los funcionarios estadounidenses les preocupaba que el despido de Fils-Aimé condujera al caos y dijeron que creían que los miembros del consejo en realidad intentaban obtener puestos en el gobierno una vez que expiraran sus mandatos.

Jean hizo públicos unos mensajes de texto que dijo haber recibido de Henry Wooster, el principal diplomático estadounidense en Haití, después de que él y otros miembros del consejo propusieran el despido del primer ministro.

La casa de Puerto Príncipe donde el presidente Jovenel Moïse fue asesinado en 2021.

Wooster le sugirió a Jean que, si persistía en su intento de despedir al primer ministro, podría prohibir a Jean y a su familia viajar a Estados Unidos, según muestran los mensajes. A los pocos días, dijo Jean, recibió una llamada de la embajada estadounidense para comunicarle que ya no podía viajar a Estados Unidos.

Leslie Voltaire, otro miembro del consejo presidencial, también propuso despedir al primer ministro y dijo que él también había recibido una dura reprimenda de Wooster.

El Departamento de Estado no negó la versión de los políticos.

El secretario de Estado Marco Rubio llamó a Fils-Aimé para decirle que contaba con el apoyo del gobierno de Trump. “El secretario Rubio hizo hincapié en la importancia de su continuidad como primer ministro de Haití para combatir a las pandillas terroristas y estabilizar la isla”, dijo en un comunicado Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado.

El Motín