
}Por Jaime Bruno
En política, los pueblos no solo votan por promesas; votan por memoria, por experiencia y por la percepción de quién está realmente preparado para gobernar en tiempos difíciles. La historia reciente de la República Dominicana parece encaminarse nuevamente hacia ese punto en el que la sociedad, cansada de improvisaciones, vuelve la mirada hacia el liderazgo probado.
Hoy, todo indica que el partido Fuerza del Pueblo y su líder, Leonel Fernández, se colocan en las puertas del Palacio Nacional.
Desde su fundación, Fuerza del Pueblo ha tenido un crecimiento sostenido que pocos partidos de oposición han logrado en tan corto tiempo. Lo que comenzó como una organización nacida en medio de una crisis política interna, se ha convertido en la principal fuerza opositora del país y en la alternativa que una parte creciente de la población percibe como la más capacitada para sustituir al gobierno del Partido Revolucionario Moderno.
Tras dos períodos consecutivos en el poder, el gobierno del presidente Luis Abinader enfrenta un desgaste evidente. La rendición de cuentas del año 2025, lejos de fortalecer la confianza pública, fue percibida por amplios sectores como un discurso desconectado de la realidad cotidiana de los ciudadanos. Las cifras oficiales no lograron ocultar el malestar social acumulado.
El crecimiento económico proyectado en torno al 2 %, uno de los más bajos en décadas, el aumento del costo de la canasta básica, la presión inflacionaria y el incremento de la deuda pública han reducido el poder adquisitivo de las familias dominicanas.
A esto se suma la percepción de obras paralizadas, corrupción generalizada, cuestionamientos sobre el manejo de la infraestructura, dificultades persistentes en el sistema eléctrico, deterioro en los servicios de salud, problemas en la seguridad ciudadana y un sistema de transporte que continúa generando caos en las principales ciudades. En política, la suma de pequeñas frustraciones termina convirtiéndose en una gran decisión electoral.
Mientras el oficialismo intenta defender su gestión, la oposición encabezada por Fuerza del Pueblo ha optado por una estrategia distinta: organización, disciplina interna y construcción de liderazgo con visión de largo plazo.
La Dirección Política del partido ha trabajado en consolidar estructuras, atraer dirigentes de otras organizaciones y proyectar una imagen de estabilidad, en contraste con la percepción de improvisación que muchos atribuyen al gobierno actual.
Pero el factor determinante no es solo partidario; es histórico.
En momentos de incertidumbre mundial, los pueblos suelen buscar líderes que ya hayan enfrentado crisis reales. Y el escenario internacional actual no es precisamente favorable.
Las tensiones geopolíticas, incluyendo el conflicto entre Estados Unidos e Irán y la inestabilidad en los mercados energéticos, amenazan con afectar economías pequeñas y dependientes como la dominicana. En ese contexto, la experiencia vuelve a convertirse en un activo político de enorme valor.
Durante el año 2003, la República Dominicana enfrentó una de las peores crisis financieras de su historia tras el colapso del Banco Intercontinental, episodio conocido como la crisis de Baninter, que dejó al país con inflación descontrolada, devaluación y pérdida de confianza internacional.
Fue en ese escenario cuando el Dr. Leonel Fernández, al asumir el gobierno en 2004, condujo un proceso de estabilización económica que devolvió la credibilidad al país. Pocos años después, en 2008, la crisis financiera internacional volvió a poner a prueba la capacidad de liderazgo del Estado dominicano.
Nuevamente, la experiencia política y la capacidad de negociación internacional permitieron mantener la estabilidad macroeconómica en medio de un entorno global adverso.
Esa memoria colectiva pesa.
Hoy, muchos ciudadanos no comparan discursos; comparan resultados. Por eso no resulta extraño que, a medida que se acerca el ciclo electoral del 2028, aumente la percepción de que el país podría volver a confiar en un liderazgo que ya demostró capacidad para gobernar en tiempos difíciles.
Las encuestas reflejan que Fuerza del Pueblo supera ampliamente el porcentaje obtenido en las elecciones de 2024 y continúa recibiendo el respaldo de dirigentes provenientes de otras organizaciones políticas.
En política, cuando los liderazgos comienzan a moverse hacia un mismo punto, es señal de que el poder también se está moviendo.
Leonel Fernández no parece estar improvisando. Su estrategia ha sido lenta, calculada y orientada a fortalecer los puntos neurálgicos que deciden las elecciones: estructura, alianzas, credibilidad internacional y confianza económica.
Si el contexto actual se mantiene, desgaste del gobierno, incertidumbre mundial y consolidación opositora, no sería exagerado afirmar que la República Dominicana se encamina hacia un escenario en el que el liderazgo de Leonel Fernández vuelva a colocarse como la opción más segura para dirigir el país. Y en política, cuando un pueblo comienza a buscar seguridad, el cambio suele estar más cerca de lo que muchos creen.
Las puertas del Palacio, una vez más, parecen estar abiertas.