Irán designa al triunvirato que dirigirá el país

El ayatolá Ali Jamenei murió en el primer día de masivos ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán, anunció el presidente estadounidense Donald Trump, tras décadas de esfuerzos diplomáticos fallidos para resolver la disputa sobre el programa nuclear iraní.

Su muerte, en circunstancias tan violentas, anuncia un futuro nuevo e incierto, tanto en Irán como en la región en general y abre grandes incógnitas respecto a su sucesión.

La muerte del gobernante de 86 años, que ostentó el poder durante casi cuatro décadas, fue confirmada más tarde por la televisión estatal iraní.

Se trata de un momento trascendental para la nación islámica. El gobierno decretó 40 días de luto nacional y siete días feriados.

En una entrevista exclusiva con Al Jazeera, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que un nuevo líder supremo podría elegirse en “uno o dos días”.

Como jefe de Estado y comandante en jefe del Ejército, que incluye al Cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI), su posición lo convertía en una figura con todo tipo de poderes.

Su poder también se debía en gran medida al imperio financiero paraestatal conocido como Setad, bajo el control directo de Jamenei, explica la agencia de noticias Reuters.

Con un valor de decenas de miles de millones de dólares, Setad creció enormemente durante su mandato, invirtiendo miles de millones en la Guardia Revolucionaria.

Jamenei no era exactamente un dictador, estaba situado en medio de una compleja red de centros de poder en competencia, pero sí podía vetar cualquier asunto de política pública y seleccionar personalmente a los candidatos para cargos públicos.

“Según la Constitución, el presidente, el jefe del poder judicial y un clérigo de alto rango del poderoso Consejo de Guardianes asumirán el cargo de forma interina mientras la Asamblea de Expertos elige a su sucesor”, explica la corresponsal jefa de la BBC, Lyse Doucet.

Desde 1979, Irán, país que tiene más de 90 millones de habitantes, es una teocracia, un sistema en el que la religión y la política están fundidas. La máxima autoridad no es el presidente, sino el líder supremo, el ayatolá.

Rosa Meneses, analista e investigadora especializada en Oriente Medio del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), le explicó a BBC Mundo lo que está establecido en la República Islámica para la sucesión: “La Asamblea de Expertos, que es un órgano de que se compone de 88 miembros, todos clérigos, es la encargada de evaluar a los candidatos y seleccionar al próximo Guía Supremo de la Revolución Islámica”.

“Así fue cuando murió el ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989. Entonces, el seleccionado fue a Alí Jamenei, ahora muerto”.

El Motín