Hay que “desgarrapatizar” el sistema de partidos

Por Salvador Holguín

La República Dominicana ha logrado sostener su democracia durante décadas gracias, en gran medida, al sistema de partidos políticos. Nos guste o no, las agrupaciones partidarias han sido el eje de la gobernabilidad, el canal de representación y el mecanismo institucional para dirimir las luchas por el poder. Pero hoy ese sistema está enfermo, contaminado e infiltrado por intereses oscuros, y si no se actúa con firmeza, el país puede pagar un precio demasiado alto.

Hay que decirlo sin miedo y sin diplomacia: el sistema de partidos necesita ser desgarrapatizado, limpiado, desparasitado y depurado, porque en sus estructuras se han ido introduciendo sectores vinculados al narcotráfico, crimen organizado, lavado de activos y sicariato, buscando protección, impunidad y blindaje en las instituciones que están para perseguirlos. Las organizaciones políticas deben ser un muro de contención frente a la delincuencia, no una puerta de entrada y acogida.

Un sistema de partidos fuerte y blindado, garantiza estabilidad democrática y gobernabilidad, pero un sistema corrompido se convierte en un peligro para la nación. Cuando el dinero sucio entra a la política y los funcionarios, legisladores y representantes del poder son personas con prontuario delictivo, se distorsiona la voluntad popular, debido a que se compran candidaturas, se manipulan decisiones y se compromete el futuro del país.

Por eso la iniciativa presentada por el presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM), José Ignacio Paliza, para modificar la Ley de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos merece una discusión seria, responsable y patriótica, no el relajo, el cinismo ni el ruido vacío que algunos sectores han querido imponer en el debate público. Aquí hay que hablar claro y decir lo que otros callan.

Los actores políticos actuales y de la oposición saben perfectamente cómo se infiltraron intereses oscuros en el pasado, y con el ruido desalmado de las redes sociales donde muchos opinan sin entender la gravedad del problema, se corre el riesgo de ignorar una realidad que está frente a los ojos de todos. El país necesita reglas más estrictas, controles más firmes, transparencia real, voluntad política y, sobre todo, valentía.

No se puede seguir permitiendo que cualquiera sin importar su origen, solo por tener dinero, compre candidaturas, posiciones y espacios de poder. No se debe continuar tolerando que estructuras criminales vean en las agrupaciones políticas el mejor negocio para protegerse. Si la política se contamina, se infecta el Estado. Si se contagia el Estado, también la justicia. Y cuando se corrompe la justicia, se pierde la República.

Desgarrapatizar el sistema de partidos no es un capricho, una consigna ni un discurso de ocasión, es una necesidad nacional. Quien se oponga a limpiar las organizaciones partidarias tendrá que explicar el por qué. Quien se burle de la reforma deberá decir a quién protege. Y quien quiera que todo siga igual, asumirá la responsabilidad histórica de lo que pueda ocurrir mañana.

La República Dominicana todavía está a tiempo. Pero el tiempo no es infinito, y la patria no se puede poner en juego por cobardía, intereses o complicidad.

El Motín