Por Fernando A. De León
En República Dominicana, persistiría un estado de molicie debido a la disputa entre mandatarios y aspirantes que quieren repetir en la poltrona presidencial; cuyo objetivo sería apostar frente a organismos internacionales, quién o quiénes han erigido el gobierno más exitoso.
En otras palabras, lo interesante para ellos es satisfacer su ego per sé, sin importarles el bienestar o no de sus gobernados. En ese afán, en tiempos de crisis como los suscitados ahora con la guerra Israel-Estados Unidos e Irán, los ajustes económicos perjudican a los hambreados y solo benefician al gran capital y los oligarcas.
Ni los gobernantes, el funcionariado ni los economistas del oficialismo parecen no tener destreza ni la voluntad política para que el pueblo dominicano aligere su carga económica. No hay normas económicas equilibradas a favor de la clase media y los desamparados.
En el entretanto, las entidades que el exterior llevan el conteo de cómo vamos, continúan diciendo que en la región somos punteros en un presunto progreso económico. Claro, esto es nivel macroeconómico, desconociendo las deficiencias de la calidad de vida de los desharrapados.
En esta batalla de egos, unos, tratan de compensar los logros gubernamentales que, a pesar de enarbolar un cambio, no han cumplido. Los otros, por nueva vez, prometen reparar las fallas de sus pasados gobiernos.
Pero, al margen de este socavón de nuestra economía, que no es nuevo, y se agravó con el presente gobierno, la guerra que sostiene el presidente truhan estadounidense Donald Trump, mantiene en ascuas e incertidumbre a los dominicanos que residimos en Estados Unidos.
Es decir, que la crisis económica de los coterráneos de allá y los que vivimos en el exterior, se ha recrudecido. Y damos por seguro que, el envío de remesas disminuirá considerablemente. A los que ahora somos más “diasporizados” viajar al país será más costoso; además, tendremos que aumentar la cantidad de dólares enviados a los nuestros.
Y, por si fuera poco, retornar o visitar ahora a República Dominicana y sostenernos allá, resultará cuesta arriba. Aparte que desde ya hay encarecimiento de los alimentos de primera necesidad y otros artículos; las deficiencias en servicios públicos elementales, entorpecerá nuestra existencia.
*El autor es periodista, miembros del CDP en Nueva York, donde reside.