Los estadounidenses Robert Hall y Michael Woodford ganaron el premio Nobel de Economía por sus trabajos sobre cómo la observación del comportamiento de empresas y hogares puede ayudar a tomar medidas eficaces para estabilizar la economía.
“Los trabajos de los premiados nos han legado una base teórica sólida para los modelos empleados hoy día por los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo”, dijo John Hassler, presidente del comité del Premio de Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.
“Gracias a esos modelos, estamos mejor equipados para afrontar los impactos económicos, tales como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el nivel de consumo de los hogares”, añadió.
Durante el shock petrolero de los años 1970, los modelos keynesianos usados desde hacía décadas para determinar cómo y cuándo debían aplicarse medidas para afrontar las recesiones y otros altibajos económicos resultaron inoperantes.
Ante ese panorama, Hall y Woodford optaron por desarrollar nuevas herramientas para entender cuáles podían ser las medidas más eficaces.
“En lugar de basar los modelos en la relación estadística entre variables macroeconómicas como la inflación, la producción y el consumo, eligieron construirlos sobre una base microeconómica”, destacó el jurado.
De esta forma, estudiaron cómo el comportamiento de los hogares y las empresas, con sus acciones y preferencias individuales, impactan en el conjunto de la economía.
“En virtud de esos modelos, las medidas fiscales y monetarias tomadas en el buen momento pueden atenuar los altibajos de la actividad económica”, destacó el jurado en un comunicado.
Robert Hall, de 83 años, consideró ya en 1978 que si los hogares gastan anticipando lo que ganarán en el futuro, cualquier variación en su patrón de consumo dependerá de informaciones nuevas e impredecibles.
“Al entender el efecto de la anticipación en las decisiones de consumo, Hall resolvió un problema que intrigaba a los investigadores desde hacía mucho tiempo”, explicó el jurado.