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Donald Trump conversa con la representante Liz Cheney en un acto oficial en la Casa Blanca de Washington el 25 de noviembre del 2019. Esto fue antes de que la legisladora negase que le hayan robado las elecciones del 2020 a Trump y votase a favor de un juicio político al expresidente.

El renacer de Donald Trump, jefe indiscutido del Partido Republicano

WASHINGTON. — Donald Trump y su gente están intensificando sus esfuerzos por humillar —y tal vez destituir— a los miembros del Partido Republicano que consideran desleales al expresidente y rechazan su afirmación falsa de que le robaron las elecciones del año pasado.

La representante Liz Cheney, número tres de la jerarquía republicana en la cámara baja, corre peligro de ser degradada por sus cuestionamientos a Trump. El senador Mitt Romney, otro de los pocos republicanos que critican a Trump, fue abucheado el fin de semana en una conferencia de conservadores y tuvo que recordarle al público que no hace mucho fue el candidato presidencial de su partido. Y en Texas, el único candidato republicano abiertamente antitrumpista en una votación especial por una banca vacante en la Cámara de Representantes terminó noveno.

Trump dejó la presidencia hace casi cuatro meses con su reputación manchada por una insurrección de partidarios suyos que tomaron el Congreso en un esfuerzo por impedir la certificación de la victoria de Joe Biden en las elecciones de noviembre. Los últimos acontecimientos, no obstante, indican que resurgió de las cenizas y mantiene el control del Partido Republicano, en el que quienes se resisten a seguirle la corriente con sus falsedades se encuentran a la defensiva.

“Es algo que mete miedo”, comentó Michael Wood, aspirante a un escaño en la Cámara de Representantes que decía que los republicanos debían hacer a un lado el “culto a la personalidad” de Trump. Al final sacó el 3% de los votos en la consulta de Texas. Dos partidarios de Trump resultaron los más votados y avanzaron a una segunda ronda.

El control de Trump del partido podría acentuarse en los próximos días.

Está disparando andanadas de comunicados de prensa y su cuenta de Facebook podría ser restablecida esta semana si una junta evaluadora independiente se pronuncia a su favor. Un fuerte partidario suyo, por otro lado, podría ser nombrado candidato a la gobernación de Virginia en una de las pocas elecciones importantes de este año.

La decisión en torno al futuro de Cheney podría ser un buen indicio del rumbo que tomará el partido

La representante de Wyoming es la figura republicana de más alto rango que votó a favor de un juicio político a Trump cuando era presidente e insiste en que el partido debe rechazar la mentira de Trump de que le robaron las elecciones. Esa afirmación no tiene ningún sustento, pero Trump insiste en ella y el lunes lanzó una “proclama” en la que trata de cambiar el significado de la expresión “la gran mentira”, usada para describir esa aseveración.

“La Fraudulenta Elección Presidencial del 2020 será, a partir de este momento, conocida como LA GRAN MENTIRA”, señaló.

La respuesta de Cheney no tardó en llegar.

“La elección presidencial del 2020 no fue robada. Cualquiera que diga que lo fue está propagando LA GRAN MENTIRA, dándole la espalda al imperio de la ley y envenenando nuestro sistema democrático”, dijo en un tuit.

 

El martes McCarthy declaró a Fox News Channel que otros legisladores republicanos le expresaron su preocupación en torno a si Cheney, jefa de la conferencia republicana, está realmente en condiciones de aportar a la causa de los republicanos, que aspiran a recuperar el control de la Cámara de Representantes en el 2022.

“Tenemos que trabajar al unísono para poder recuperar la mayoría”, expresó McCarthy.

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