El lado B de Disney que no puedes perderte

Desde que Mickey Mouse saltó a las pantallas silbando en Steamboat Willie (1928), era muy claro que la apuesta de Walt Disney para dejar atrás a sus competidores era la innovación. Desde ese momento y todavía hasta nuestros días, la compañía fundada por un joven entusiasta de Chicago siempre ha estado vinculada a la evolución de la animación como arte.

Desde esos primeros pasos con cortos sincronizados con sonido, la perfección de personajes que tienen personalidad propia y nos provocan emociones (la muerte de Mufasa, los siete enanos llorando la pérdida de Blanca Nieves y cuando Andy regala sus juguetes, seguro te hicieron creer que algo se había metido en tu ojo), hasta la incursión en nueva tecnología desde el día uno del estudio, es claro que la animación no sería la misma sin Disney.

A veces, en este deseo de romper barreras, los artistas detrás de esta fábrica de sueños llegaban a terrenos que la gente no llegó a apreciar del todo, al grado de poner en serios peligros financieros a Disney y compañía.

Sin embargo, por más que pasan los años no podemos dejar de admirar la relevancia y vigencia de ciertos trabajos que, aunque no tuvieron la resonancia cultural y económica de éxitos como Blanca Nieves y los 7 Enanos, Cenicienta, El Rey León y Frozen, son verdaderos ejemplos de cómo a veces, a pesar de las circunstancias, hacer arte es posible dentro del show business.

Redacción