Por Fernando A. De León
Soy dominicano de nacimiento, y naturalizado estadounidense. Sin embargo, no me siento comprometido a simpatizar por los gobiernos de mi lar nativo y sus políticas públicas; también, aunque haya jurado respetar la bandera de Estados Unidos, me resisto a aupar la guerra ilegal del Medio Oriente, emprendida por Donald Trump.
Creo tener el derecho de disentir de las acciones políticas de Trump y, de paso, rechazar su política exterior. A lo interno, su política racista y contra-inmigrantes.
De otro lado, entendiendo que de nada ha valido mi trayectoria y prudencia en el ejercicio equilibrado como profesional del periodismo. Y como hay más de lo mismo, consecuentemente, disiento de los discursos, el orden de cosas, y las ejecutorias del actual gobierno dominicano.
Algunos dirán que entonces “no soy de aquí ni soy de allá”. Pero sucede que, no me considero nacionalista ni patriota, y está demás decir que se debe a esas “flageladas” consideraciones. El patriotismo para mí no es enarbolar el pasado; es querer a los míos, a los desvalidos, no discriminar y, sobre todo, mantener la decencia.
Luego de dar muchos tumbos, prácticamente sin familia y, como se dice, luchar contra el mundo; tuve resiliencia frente a los avatares. No me considero un mártir ni un adalid, pero si uno que no discrimina, odia, ni guarda rencores que lastiman. Eso sí, sin calumniar ni despotricar, a mi manera, soy “rebelde” y contestatario.
Empero, dicho todo esto, debo agradecer a las autoridades de Estados Unidos, no a Tump, el haberme acogido junto a mi primogénito, y el nacimiento de mis nietos (ahora con un bisnieto). Como su padre y abuelo que rechaza el sistema; no dado a práctica de mercachifle ni mamandurrias, es posible que en República Dominicana; su futuro habría sido otro.
Por el momento, solo estamos a la espera de que pase el período presidencial de Donald Trump, porque aunque creo que ya el daño está hecho, como vivimos en una nación más menos institucional; para mis descendientes y los demás, la situación puede mejorar.
Finalmente debo lamentar que a décadas de “huir” de República Dominicana, como profesional de bajo perfil y trabajar sin mayores habilidades y mácula alguna, no atado a “aquelarres”, para sobrevivir junto a los suyos; todavía otros, deban abandonar su terruño.
*El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.