Durante siglos, Leonardo da Vinci ha sido estudiado desde todos los ángulos posibles. Hemos mirado con lupa sus obras, sus cuadernos o sus ideas adelantadas a su tiempo. Sin embargo, una parte fundamental de su historia ha estado oculta durante siglos y ha permanecido fuera del alcance de la ciencia. Hablamos de su ADN.
Ahora parece que un equipo internacional de investigadores cree haber dado un primer paso para encontrarlo. Esta es la historia que nos llevará a hablarte del Proyecto ADN de Leonardo da Vinci, que lleva casi una década tratando de rastrear los restos biológicos del artista. Pero, ¿es esto realmente posible?
Buscando las huellas genéticas de Leonardo da Vinci
Recientemente, en un estudio preliminar publicado en el servidor científico bioRxiv, hemos conocido como los investigadores aseguran haber identificado secuencias humanas del cromosoma Y en una obra atribuida a Leonardo da Vinci, además de haberlo hecho también en cartas pertenecientes a uno de sus familiares.
Pero, ¿por qué es importante esta identificación? Se sabe que el cromosoma Y pasa casi intacto de padres a hijos durante muchas generaciones. Por eso es muy útil para seguir una misma línea familiar a lo largo del tiempo. En este estudio, los fragmentos de ADN encontrados pertenecen a una familia genética bastante habitual en la zona del Mediterráneo, que suele estar ligada al centro de Italia. Por tanto, que ese rastro aparezca tanto en la obra como en las cartas sugiere que podría proceder de la misma familia.
El objetivo inicial era estudiar los microbios que viven en pinturas y manuscritos para entender cómo envejecen y se deterioran. Y aquí es cuando surgió una idea: si los microorganismos dejan huella en una obra, ¿también la dejan las personas que la crearon o la tocaron? Antes de continuar con el estudio del ADN de Leonardo, habría que hablar sobre una obra fundamental para la investigación.
Hablamos de un dibujo titulado Santo Niño, que perteneció al marchante de arte Fred Kline y que está atribuido al pintor renacentista. Antes de fallecer, este marchante dio permiso para que la obra fuese analizada. Y fue en abril de 2024 cuando los investigadores tomaron una muestra del dibujo para intentar acceder a sus restos biológicos. Gracias a que el papel es poroso y absorbe sudor, piel y polvo con facilidad, se pudieron capturar siglos de historia genética.
Sin embargo, no te creas que este es un trabajo sencillo. Imagina intentar analizar una obra como la Mona Lisa, que ha pasado por tantas manos a lo largo de cinco siglos. Es algo casi imposible. Por eso, al utilizar el Santo Niño, que estaba menos manipulado, los investigadores pudieron trabajar mejor. Y, además, contaron con una ventaja inesperada. Fred Kline se había hecho una prueba genética con la empresa 23andMe, con lo que se identificó fácilmente su ADN y se eliminó de la muestra.
Como imaginarás, el reto no era sencillo. Se sabe que alrededor del 99 % del material genético recuperado no era humano, sino bacteriano, relacionado con hongos o de origen vegetal. Y ese ADN no humano aportó importantes pistas. Aparecieron restos genéticos de naranjos, concretamente de la especie Citrus sinensis, una planta presente en los jardines de los Medici en la época de Leonardo. Además, también se descubrieron restos de un parásito que causó la muerte a varios miembros de aquella familia.
Ahora quedaba identificar el ADN humano correcto. Para ello, los científicos lo compararon con cartas escritas por un primo de Leonardo, que habían pasado de padre a hijo y estaban selladas con el dedo. Así pudieron analizar el cromosoma Y, que se hereda por la línea masculina. La misma firma genética apareció tanto en esas cartas como en el dibujo, lo que apunta a un origen familiar común.
Aun así, los investigadores piden prudencia. Varias personas tocaron la obra a lo largo de los siglos, por lo que el ADN está mezclado. Aún hacen falta más análisis de otros dibujos y documentos. Eso sí, en caso de que algún día se consiguiese reconstruir el genoma de Leonardo da Vinci, podríamos conocer más acerca de su aspecto físico e, incluso, sobre algunas de sus excepcionales habilidades.
Pero esto no es todo. Más allá de conocer en detalle quién y cómo era Leonardo da Vinci, esta técnica podría servir para otorgar autenticidad obras de arte y para luchar contra las falsificaciones. Y es que el objetivo final no es solo poner un nombre al ADN recuperado, sino comprender mejor a la persona que se escondía detrás de uno de los grandes mitos artísticos del Renacimiento.



