
Por Francisco Rojas Castillo
¿Es la situación económica, el desgaste político, las fallas en la gestión o una combinación de estos factores lo que explica el giro de la izquierda hacia la derecha en algunos países de América Latina?
En América Latina se han producido recientemente varios casos de gobiernos de orientación izquierdista con problemas para conciliar sus objetivos de igualdad, protección social y ampliación de derechos con la estabilidad macroeconómica, el aumento de la productividad, el estímulo a la inversión privada, la seguridad ciudadana y el fortalecimiento institucional. Ante la incapacidad de algunos gobiernos para conciliar los objetivos sociales con la estabilidad y el crecimiento económicos, una parte importante de la ciudadanía se siente frustrada y orienta su voto hacia opciones de derecha en el siguiente proceso electoral.
El problema no es exclusivamente ideológico. Gobernar exige transformar aspiraciones legítimas en políticas viables, financiables, ejecutables y evaluables. La verdadera prueba para cualquier gobierno, independientemente de su orientación política, consiste en mejorar las condiciones de vida sin comprometer la sostenibilidad económica, la democracia, la seguridad jurídica ni la capacidad futura del Estado.
Sin embargo, las razones del desgaste de la izquierda no son iguales en todos los países. En algunos casos predominan los problemas económicos; en otros, la inseguridad, la fragmentación política, la incapacidad para ejecutar reformas, los conflictos internos o las tendencias autoritarias. Por ello, cada experiencia debe analizarse dentro de su propio contexto.
Chile: descontento y demanda de orden
Después del gobierno de Gabriel Boric, entre el 11 de marzo de 2022 y el 11 de marzo de 2026, el escenario político chileno experimentó un marcado giro hacia la derecha. Aunque su administración alcanzó algunos resultados sociales y económicos, también enfrentó dificultades de gobernabilidad, frustración por las reformas inconclusas y una creciente preocupación ciudadana por la delincuencia, la migración y el ritmo del crecimiento económico.
José Antonio Kast capitalizó esa demanda de orden, seguridad y recuperación económica. En la segunda vuelta presidencial de diciembre de 2025 obtuvo el 58.17% de los votos y asumió la Presidencia el 11 de marzo de 2026. Su triunfo no puede explicarse solamente como un rechazo ideológico a la izquierda, sino también como una reacción frente a las expectativas insatisfechas y a la percepción de que el Gobierno de Boric no consiguió responder con suficiente eficacia a las preocupaciones inmediatas de la población.
Argentina: inflación, empobrecimiento y rechazo a la política tradicional
En Argentina, el deterioro económico, la pérdida del poder adquisitivo, la devaluación del peso, la escasez de reservas internacionales y la inflación debilitaron profundamente al gobierno peronista de Alberto Fernández, quien ejerció la Presidencia entre el 10 de diciembre de 2019 y el 10 de diciembre de 2023.
La inflación cerró 2023 en un 211.4 %, mientras una proporción considerable de la población se encontraba bajo la línea de pobreza. Este escenario abrió el camino a Javier Milei, quien transformó el descontento económico y el rechazo a la dirigencia tradicional en una propuesta radicalmente opuesta al intervencionismo estatal. Su victoria representó no solo un giro hacia la derecha, sino también una rebelión electoral contra el sistema político establecido.
Ecuador: la seguridad como prioridad electoral
En Ecuador, el ascenso de Daniel Noboa estuvo asociado principalmente a la crisis de seguridad, al avance del crimen organizado y al agotamiento de una parte del electorado frente a la polarización entre el correísmo y el anticorreísmo. Noboa ganó inicialmente las elecciones extraordinarias de 2023 y fue reelegido en 2025 para el período 2025–2029.
En la segunda vuelta de abril de 2025 obtuvo el 55.63% de los votos frente a Luisa González, candidata vinculada al correísmo. Su victoria mostró que, ante el temor provocado por la violencia, una parte importante de la población priorizó las promesas de autoridad y control territorial por encima de las propuestas tradicionales de protección social.
Colombia: balance mixto y fracaso de la Paz Total
El gobierno de Gustavo Petro se desarrolló entre el 7 de agosto de 2022 y el 7 de agosto de 2026. Su administración dejó un balance mixto: logró reducir la pobreza, aumentar el salario mínimo y ampliar la representación de sectores históricamente excluidos; pero no consiguió completar algunas de sus principales reformas y enfrentó cuestionamientos por escándalos políticos, dificultades de gestión y el deterioro de la seguridad.
La estrategia de “Paz Total” no alcanzó los resultados prometidos y la violencia aumentó en diversas regiones. Asimismo, las reformas agraria, sanitaria y pensional quedaron incompletas, fueron rechazadas o enfrentaron obstáculos institucionales.
Este desgaste favoreció la elección del dirigente de derecha Abelardo de la Espriella, quien asumió la Presidencia el 7 de agosto de 2026 con un programa centrado en la seguridad, la reducción del tamaño del Estado y la recuperación de la inversión petrolera y minera. El caso colombiano demuestra, no obstante, que el balance de un gobierno no debe reducirse a una conclusión absoluta: Petro produjo avances sociales importantes, pero sus fallas en seguridad, ejecución y gobernabilidad terminaron pesando considerablemente en la decisión electoral.
Perú: inestabilidad, fragmentación y retorno de Keiko Fujimori
Perú no constituye solamente un caso de fracaso de la izquierda, sino una crisis prolongada de todo el sistema político. La fragmentación de los partidos, los enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso y la sucesión de presidentes en períodos muy breves han debilitado la confianza ciudadana en las instituciones.
El gobierno de Pedro Castillo agravó esa inestabilidad y terminó abruptamente después de su intento de disolver el Congreso en diciembre de 2022. En las elecciones de 2026, Keiko Fujimori obtuvo finalmente la Presidencia al derrotar por un margen muy reducido al candidato izquierdista Roberto Sánchez: 50.1% frente a 49.9%. Su victoria reflejó una demanda de orden y estabilidad, pero también evidenció la profunda división territorial, social e ideológica del país.
Bolivia: fractura interna y agotamiento de un ciclo político
El Movimiento al Socialismo gobernó Bolivia durante un período prolongado, pero las disputas entre Evo Morales y Luis Arce dividieron al partido y debilitaron su capacidad política. A esa fractura se agregaron la escasez de divisas, las dificultades fiscales, el desabastecimiento de combustibles y el descontento social.
En las elecciones de 2025, el MAS sufrió un desplome histórico y quedó prácticamente eliminado del Congreso. Rodrigo Paz, candidato del Partido Demócrata Cristiano, ganó la segunda vuelta con el 54.96% de los votos, frente al 45.04% obtenido por Jorge Quiroga.
La caída del MAS demuestra que una organización puede conservar una base social importante y, al mismo tiempo, perder el poder por sus divisiones internas, el desgaste acumulado y la falta de renovación.
México: una excepción relativa
México constituye una excepción importante dentro del reciente desplazamiento regional hacia la derecha. Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) conserva altos niveles de apoyo popular gracias a la continuidad de los programas sociales, el aumento de los salarios reales, la ampliación del empleo formal y una relativa estabilidad macroeconómica.
Sheinbaum mantenía una aprobación cercana al 69% al finalizar su segundo año de gobierno. No obstante, México también enfrenta bajo crecimiento económico, restricciones fiscales y una persistente preocupación por la inseguridad. Por esa razón, resulta más preciso hablar de una excepción relativa: el Gobierno conserva respaldo, pero no está exento de las tensiones económicas, fiscales y de seguridad que han debilitado a otros proyectos progresistas.
Venezuela y Cuba: autoritarismo y crisis humanitaria
Venezuela y Cuba deben analizarse separadamente de los cambios electorales registrados en las democracias latinoamericanas. No representan simplemente gobiernos de izquierda que perdieron respaldo y fueron sustituidos por la derecha, sino sistemas caracterizados por la concentración prolongada del poder, la restricción de libertades políticas y la ausencia de una competencia electoral plenamente democrática.
La crisis de las condiciones materiales de vida, la emigración masiva, el debilitamiento institucional y las restricciones a los derechos ciudadanos han perjudicado gravemente la imagen de la izquierda en la región. Estos casos han permitido que adversarios ideológicos identifiquen cualquier propuesta de ampliación del Estado o redistribución social con el riesgo de autoritarismo, aunque esa asociación no sea necesariamente válida.
*El autor es Economista, Master de Formación Permanente en Dirección y Gestión de Proyectos