Por Salvador Holguín
Desde niño siempre he escuchado una frase muy conocida en nuestro pueblo: “A cada puerco le llega su Nochebuena”. Una expresión popular cargada de sabiduría que, con el paso del tiempo, la vida misma se encarga de confirmar. Yo siempre le agrego algo más: a algunos les llega en abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre o en el mismo diciembre. Porque el tiempo no falla, tarde o temprano a cada quien le llega su momento.
Esta frase no es más que una advertencia para aquellos que se pasan la vida dañando nuestra sociedad, conspirando contra otros, maltratando o creyendo que pueden atropellar, atentar y agredir a los demás sin que esto tenga consecuencias. Muchos se creen intocables y protegidos debido a que algunos sectores oscuros y del bajo mundo lo apadrinan, además se sienten poderosos por un cargo, por una posición, por dinero o por las circunstancias del momento. Pero olvidan una verdad simple y contundente: el tiempo siempre pasa factura.
La vida es una especie de balanza moral. Puede tardar, pero nunca se equivoca. Todo lo que el ser humano siembra, tarde o temprano lo cosecha. Por esa razón, a lo largo de toda mi trayectoria personal y profesional he procurado actuar con principios claros: hacer el bien y servir a los demás. Porque estoy convencido de una ley sencilla de la vida: uno recibe lo que da.
El que siembra limones no puede cosechar naranjas. Aunque ambos sean cítricos, son diferentes. De la misma manera, quien siembra odio, intrigas y maldad, jamás podrá cosechar respeto, tranquilidad, honor ni paz. En cambio, quien siembra trabajo, solidaridad, justicia y verdad, aunque enfrente tiempos difíciles, al final recoge dignidad y respeto.
Por eso lo digo con firmeza y sin rodeos: cuando pasen los nublados contaremos las estrellas. Porque la verdad siempre termina saliendo a la luz, por más que algunos intenten esconderla. Y cuando llegue ese momento, muchos tendrán que mirar hacia atrás y enfrentarse con las consecuencias de sus propios actos.
Al final, la vida es muy clara: El que tenga ojos para ver, que vea; y el que tenga oídos para escuchar, que escuche… A menos que se haya quedado ciego y sordo. Porque en este mundo todo llega, todo se sabe y todo se paga. Tarde o temprano, a cada puerco le llega su Nochebuena.