“La Cámara Federal de Casación Penal le propinó un lapidario revés judicial al Presidente al dejar firme de manera terminante el cierre de la causa contra el periodista Ari Lijalad (@arilijalad), frenando en seco un claro intento de censura e intimidación”.
Defensa irrestricta de la libertad: En un fallo demoledor, el tribunal ratificó que las expresiones sobre funcionarios y asuntos de interés público tienen la “más absoluta libertad de expresión” y remarcó que el derecho penal “no puede utilizarse como un mecanismo de presión” para acallar la labor periodística.
Derribado por la propia torpeza: “La querella presidencial pretendió silenciar la crítica, pero la Justicia sepultó definitivamente la denuncia” al constatar que el escrito presentado por la defensa de Milei estuvo totalmente “fuera de lugar, venía tirado de los pelos y no se habían respetado los plazos legales establecidos”.