Por Miguel Mejía
Las expediciones internacionalistas de junio de 1959 fueron concebidas durante la visita realizada por Fidel a Estados Unidos, entre el 15 y el 26 de abril de 1959. Piquetes de dominicanos antitrujillistas, exiliados en ese país, acompañaron cada aparición pública del comandante, reverdeciendo una hermandad combativa sellada por la historia. En reuniones privadas, los líderes del exilio dominicano pidieron ayuda para combatir por medio de las armas a la tiranía de Trujillo, lo cual fue aceptado.
En los campamentos de Mil Cumbres, en la provincia de Pinar del Río, los futuros combatientes cubanos, dominicanos y de otras nacionalidades, recibieron entrenamiento militar intensivo. Más de 30 cubanos, miembros del Ejército Rebelde, participaron en esta acción internacionalista, entre ellos, el comandante Delio Gómez Ochoa, que aún vive en La Habana, entonces asesor del comandante Enrique Jiménez Moya.
Es sabido que las expediciones de junio de 1959 sufrieron una derrota militar, debido a que las condiciones de República Dominicana, y especialmente en sus zonas rurales, eran muy distintas a las existentes en Cuba durante la guerra de liberación. Pero la ofrenda de la vida de más de 200 expedicionarios y sus ideales calaron muy profundo en el pueblo y en la juventud dominicana y aceleraron la caída de la tiranía, tras el ajusticiamiento del tirano, en mayo de 1961.
Las relaciones diplomáticas entre ambos países fueron cortadas por Trujillo, a fines de junio de 1959, pero lo que no pudo deshacer el sátrapa fue la indestructible hermandad de ambos pueblos.
Fidel sintetizó en la práctica el sentir de José Martí cuando este último expresó que “…yo no sé qué simpático atractivo y no sé qué fraternales impulsos me llevan a mirar como mías propias las bravuras, padecimientos y esperanzas de la tierra dominicana”
Tras las derrotas de junio de 1959, otra vez la mano solidaria de la Revolución cubana y de Fidel, se extendió a los patriotas dominicanos que continuaron la lucha, ahora contra los sucesores de la tiranía trujillista. En Cuba se acogieron decenas de revolucionarios de Quisqueya, miembros de partidos y movimientos revolucionarios, que recibieron refugio, instrucción militar y formación política, como respaldo a las luchas populares que luchaban por un futuro mejor. Fidel departió con muchos de ellos, en diversas ocasiones, mostrando un interés permanente por los sucesos del país vecino y la marcha de sus luchas populares.
El derrocamiento del presidente Bosch en septiembre de 1963, electo democráticamente por primera vez, tras más de 31 años de dictadura, abrió un nuevo compás político en el país y acentuó las contradicciones internas entre las fuerzas del progreso y las de la reacción, amparadas por el imperialismo yanqui. La Revolución constitucionalista de abril de 1965 y la invasión militar norteamericana para evitar el triunfo popular, abrieron una nueva vertiente en la colaboración cubano-dominicana.
A partir de 1965, Cuba y especialmente Fidel, abrieron sus brazos a los combatientes constitucionalistas dominicanos que se vieron obligados a salir al exterior por la sangrienta represión del neo trujillismo del entonces presidente Joaquín Balaguer
El discurso de Fidel del primero de mayo de 1965 en la Plaza de la Revolución, constituye un ejemplo de solidaridad con el pueblo dominicano que enfrentaba la invasión de su suelo por parte del imperialismo yanqui.
En los mismos campamentos de Mil Cumbres, y en otros sitios de la geografía cubana, los hombres del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó se prepararon para la lucha que se avecinaba. De allí partió la guerrilla que desembarcó en playa Caracoles, el 3 de febrero de 1973, muriendo asesinado por el ejército dominicano el 16 de febrero de ese mismo año, tras ser capturado herido.
En su carta a Fidel del primero de octubre de 1972, Caamaño sintetizó lo que el apoyo internacionalista de Cuba revolucionaria y del líder cubano había significado para la causa del pueblo dominicano:
“Queremos dejar constancia del profundo agradecimiento que tenemos por la ayuda desinteresada que nos ha prestado la Revolución; del enorme respeto al pueblo cubano, que nos ha acogido con amor y sinceridad, de nuestra fe en ti y en la dirección de la Revolución…”
Tras la caída de Caamaño y los cambios experimentados en las condiciones y correlación mundial de fuerzas, el vínculo de Fidel con República Dominicana se mantuvo a través de la amistad con Juan Bosch y otros líderes políticos de Quisqueya, quienes frecuentemente visitaban Cuba. Relaciones no oficiales de respeto y cooperación se establecieron, de facto, con el presidente Balaguer, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas.
En 1998, bajo la presidencia de Leonel Fernández, se restablecieron las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, interrumpidas por un lapso de 40 años. En agosto de ese mismo año, se cumplió el sueño de Fidel de poder visitar República Dominicana, confraternizar con su pueblo y visitar los sitios históricos sagrados que vincularon para siempre a Gómez y a Martí.
En el Aeropuerto Internacional de Las Américas, minutos después de pisar tierra dominicana, Fidel sintetizó la relación histórica con este pueblo con las siguientes palabras que resumen las intenciones de este escrito:
“A lo largo de toda mi vida, con una enorme y perenne admiración hacia este país y su pueblo, estuve de una u otra forma vinculado a las luchas del pueblo dominicano…”
En otra ocasión de su visita expresó “me encuentro aquí y o lo creo: fue un sueño de toda mi vida.”
Tuve el honor de formar parte de la comitiva que recibió a Fidel en el aeropuerto, encabezada por el presidente Leonel Fernández. En este contexto, otras de las palabras del Comandante de las que fui testigo, cuando salió del avión y desde la escalinata miró hacia el cielo y expresó: “Leonel, reconozco que esta es una acción valiente de tu parte.”
Como podemos apreciar desde estas anécdotas históricas, más aún con ocasión del centenario del natalicio del Comandante Fidel Castro, se trata de una figura de elevada dimensión política, visionaria, humanista, solidaria, forjador de la unidad para todos los tiempos cuyo legado tendrá vigencia de generación en generación, sin fronteras. Rendimos tributo a esta figura que nació en Cuba y se ha universalizado.