SANTO DOMINGO.– Entre llanto y congoja de familiares, amigos y compañeros de partido —incluidos algunos que, pese a contar con influencia, no hicieron nada por gestionarle un cargo en el gobierno del presidente Luis Abinader— se recibe la noticia del fallecimiento del exsenador Ramón Alburquerque.
Alburquerque, reconocido por su vasta sapiencia científica y política, fue uno de los abanderados del Partido Revolucionario Moderno (PRM) desde su fundación. Luchó con fervor para que la organización alcanzara el poder, objetivo que hoy se traduce en dos gobiernos consecutivos.
De talento precoz en el ejercicio de la política, ocupó a temprana edad el Secretariado Técnico de la Presidencia durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco (1982-1986) y posteriormente fue senador por la provincia Monte Plata, entre otras responsabilidades públicas de relevancia.
Contendió con el hoy presidente Luis Abinader por la candidatura presidencial del PRM, sin lograr imponerse. Tras ver frustradas sus aspiraciones de ocupar un ministerio en el primer gobierno perremeísta (2020-2024), Alburquerque se convirtió en un severo crítico de la gestión presidencial.
En ocasiones, sus cuestionamientos descendieron a la diatriba pública, lo que, según allegados, terminó por endurecer la decisión del mandatario de excluirlo del tren gubernamental.
No obstante, durante el proceso de reelección de Abinader, Alburquerque regresó al ruedo político y trabajó activamente en favor de su partido como jefe de campaña en San Juan de la Maguana, donde logró un significativo caudal de votos.
Sin embargo, ni siquiera esos resultados fueron suficientes para que se le designara en una función pública, ni siquiera en el Ministerio de Medio Ambiente, posición para la cual su nombre llegó a sonar con insistencia.
Ramón Alburquerque falleció en el Centro de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), víctima de un cáncer de páncreas, dejando este mundo sin haber sido honrado con una responsabilidad pública que muchos consideraban merecida.