Un salario proporcional a la responsabilidad mitiga la corrupción

Por Dilcia Ureña

La verdadera integridad y decoro de una persona se manifiestan en su carácter, el cual permanece firme ante las tentaciones, sea cual sea el escenario -eso pienso yo-. Aquellos que poseen una educación sólida y una ética bien arraigada actuarán con rectitud, independientemente de las circunstancias. Sin embargo, parte de un programa integral de cumplimiento con medidas mitigadoras eficientes contempla todas las formas posibles para prevenir, precaver o mitigar los riesgos, y en ese sentido, no crear o permitir situaciones de tentación es parte de la eficiencia de dichas medidas.

Así las cosas, el camino correcto está fundamentado en principios morales y un compromiso profundo con la honestidad. Con eso también se unen otros elementos como el hecho de que no es un hecho controvertido que en los tiempos actuales las necesidades básicas en encajan perfectamente bajo la sombrilla de los derechos a la dignidad y vivienda digna establecidos en los artículos 38 y 59, respectivamente de nuestra Constitución.

En ese mismo tenor, el fundamento de la Constitución es el respeto a la dignidad humana[1] y el Estado Social y Democrático de Derecho[2] supone la garantía de los derechos relativos al respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, entre otros, estando dentro de la función esencial del Estado[3].

La salvaguarda adecuada de los derechos humanos, el respeto por la dignidad de la persona y el acceso a los recursos que posibiliten su desarrollo de manera igualitaria, justa y progresiva, dentro de un marco de libertad individual y justicia social, en armonía con el orden público, el bienestar común y los derechos de todas las personas, y todo esto antes se lograba precariamente mediante el trueque o cambalache como lo manejamos por cultura general, pero hoy en pleno siglo XXI la forma de adquisición de servicios, extinción de obligaciones o satisfacción de necesidadades se hace a través del dinero. Por estas razones, el dinero no debe demonizarse, todo lo contrario, visualizarlo como la forma que ha creado el ser humano para dinamizar las transacciones, y lógicamente las personas íntegras siempre preferirán conseguir ese dinero por las vías legales, siendo el salario una de las fuentes lícitas de obtención de bienes y servicios, pero así también existen personas con una escala de valores elástica, tanto, que pueden flexibilizarlos, pero hay un tercer tipo de persona que desprovisto de la educación adecuada, los valores fuertes y repleto de necesidades y que especialmente estos últimos obtengan un salario proporcional a la responsabilidad es fundamental para combatir la corrupción en diferentes ámbitos.

Pero además, al margen del efecto mitigador, el mérito y el trabajo arduo debe pagarsele lo justo, independientemente de la condición financiera personal del empleado. En ese orden, cuando los empleados, especialmente en sectores públicos o de alta responsabilidad, reciben una compensación justa, se reduce la tentación de involucrarse en prácticas corruptas. Esto se debe a que una remuneración adecuada puede fortalecer la lealtad y el compromiso de los trabajadores, fomentando un ambiente de trabajo ético.

Asimismo, un sistema salarial transparente y justo puede contribuir a la rendición de cuentas, pues si los salarios reflejan el nivel de responsabilidad y la carga de trabajo, se establece un estándar que puede disuadir comportamientos deshonestos y puede atraer a profesionales más calificados, quienes, al sentirse valorados, son menos propensos a sucumbir a la corrupción.

Por eso, establecer salarios que correspondan a la responsabilidad asumida no solo es una cuestión de justicia económica, sino también una estrategia eficaz para promover la integridad y reducir el riesgo de corrupción en organizaciones y gobiernos, tanto el salario en dinerario como el salario emocional (la justa valoración de ese profesional que lo da todo y que da resultados).

Hay otro elemento plasmado en los instrumentos laborales de los sectores privado y público de República Dominicana que es talento humano, sin embargo, si bien lo prevé la Ley 41-08 sobre Función Pública en su Art. 3 cuando define el mérito personal, así como la Ley 16-92 que instaura nuestro Código de Trabajo, cuando incluye referencias a la importancia del talento humano en el ámbito laboral, enfatizando la necesidad de capacitación, desarrollo profesional y condiciones adecuadas de trabajo para fomentar un ambiente propicio para el crecimiento del talento, no menos cierto es que el talento, a veces, es lo menos tomado en cuenta o lo mas subestimado.

Sin ánimos de polemizar y en honor a lo que se refleja, como expresa la popular frase del cantante urbano Rochy RD, “No es mentira, no”, esta resuena como un ingenioso recurso para subrayar la veracidad de situaciones inverosímiles, ya que en el sector público, salvo escasas excepciones como algunos reguladores, el talento pasa a un segundo plano, y en el privado, aunque se toma más en cuenta, siguen existiendo salarios deprimentes que no se corresponden con la canasta básica, no obstante, todavía en el sector privado hay más variedad para adquirir un buen salario, tales como multinacionales, aseguradoras, sector bancario y de valores, entretenimiento y algunas industrias que sustentan el país.

En ese contexto, así como se critica, también hay que felicitar esas instituciones (sector público) y empresas y/o industrias (sector privado) han adoptado un enfoque proactivo ante los desafíos y garantizan un gran lugar para trabajar, pues con esos resultados aportan e impactan positivamente en la economía y desarrollo de República Dominicana.

En esa misma línea, la psicóloga Carol Dweck, de la Universidad de Stanford, enfatiza la relevancia de tener una mentalidad de crecimiento y ser adaptable. Esta experta en la conducta arguye que, mediante dedicación y esfuerzo, las personas pueden mejorar su inteligencia y habilidades, lo que, sin duda, subraya la necesidad de fomentar un talento flexible y con disposición para el aprendizaje continuo[4].

Que no se nos olvide otra ramita del salario económico –el salario emocional-, ese con el que no puedes comprar bienes y servicios ni pagar la renta, pero muchas veces es lo que te mantiene efocado y fiel a un equipo, porque ¿quién no quiere que lo valoren?, ¿quién es que no quiere que lo traten bien y le feliciten cuando sobrepasan la meta? Concluyo con una frase de mi autoría: “Los seres humanos tendemos a valorar lo que tenemos después que lo perdemos, pero entiendo que los gerentes no pueden darse el lujo material de perder un buen talento por cosas subsanables”.

 

*La autora es:

Licenciada en Derecho, por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Magister en Derecho Administrativo y Gestión Municipal, por la Universidad Castilla La Mancha (UCLM) España.

Magister en Derecho Constitucional y Público, por la Universidad Castilla La Mancha (UCLM) España.

Magister en Administración y Estudios Electorales, por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) e Instituto Especializado Superior en Formación Política Electoral y del Estado Civil (IESPEC).

Experta en Regulación de Seguros, Transparencia, Cumplimiento y PLAFT.

[1] Artículo 5 de la Constitución dominicana.

[2] Artículo 7 de la Constitución dominicana.

[3] Artículo 8 de la Constitución dominicana.

[4] Dweck, Carol S. Mindset: The New Psychology of Success. Nueva York: Random House, 2006, p. 36.

El Motín